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¿Que la banca está saneada? Eso habrá que verlo

Las prisas del Gobierno para que el Eurogrupo diera ayer por concluido el rescate bancario a España sólo puede obedecer al intento de presentarlo como un gran triunfo político. Rajoy y su ministro de Economía, Luis de Guindos, quieren transmitir a los ciudadanos la impresión de que el sistema financiero ya se ha saneado gracias a ellos. Pero todo apunta a que la situación no ha mejorado tanto como quieren hacernos creer, ni lo hará mientras sigamos sin ver la luz al final del oscuro túnel de la crisis.

Decir que los problemas de nuestro sistema bancario están resueltos y que, por lo tanto, no necesitamos agotar los 100.000 millones de euros que nos prestaron es mucho decir. Ciertamente, la creación de la Sareb (el banco malo) ha permitido barrer buena parte de la basura inmobiliaria que estaba escondida debajo de las alfombras. Pero también es verdad que hay una espada de Damocles que se llama refinanciaciones y que pende sobre la cabeza de la inmensa mayoría de las entidades.

Las refinanciaciones son operaciones realizadas con el objetivo de aliviar la carga de los préstamos a aquellos deudores que ahora no están en condiciones de afrontarla. La última valoración oficial que se conoce cifra su importe en unos 200.000 millones, si bien no todas son de dudoso cobro, aunque pueden serlo si la economía no remonta. Una porción de ellas están parcialmente provisionadas, pero otras no, por lo que constituyen un peligro de considerables proporciones para el conjunto del sistema.

Con esa amenaza latente, resulta difícil entender que el Gobierno del PP haya corrido a solicitar la cancelación de la línea de crédito concedida a España el año pasado para salvar su banca. Sobre todo teniendo en cuenta que el interés que nos cobran por los 41.000 millones de los que sí se ha dispuesto es del 0,6%, mientras que el Tesoro público se financia todavía a más del 4%, a pesar de la bajada de la prima de riesgo.

Si como decisión estrictamente económica no hay por donde cogerla, menos aún se sostiene la justificación de que, una vez cancelado el rescate, dejará de apretarnos las tuercas Bruselas. El que responde de la ayuda recibida es el Estado español (es decir, todos los contribuyentes) y nuestros acreedores sólo aspiran a que haya dinero para pagarles, aunque sea a costa de hacer recortes. Por eso no van a dejar de presionarnos hasta que les devolvamos hasta el último euro que nos han prestado con todos sus intereses.