El riesgo de un vergonzoso acuerdo imperialista entre Washington y Moscú para desguazar Ucrania, avalando la invasión rusa, nos recuerda la amenaza que para Europa supone el agresivo vecino del este.
¿Qué planes reales tiene hoy el imperialismo ruso, qué amenaza supone para la paz, y qué consecuencias pueden tener para Europa?
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Mucho más allá de Putin
“Trump y Putin se reparten Ucrania”, “el mundo está dominado por dos personalidades fuertes y autoritarias”… Hemos leído valoraciones como estas de las conversaciones entre la Casa Blanca y el Kremlin, que pretende imponer a Ucrania poco menos que la rendición incondicional ante Moscú.

Si partimos de aquí no entenderemos nada de lo que sucede, y no seremos capaces de enfrentar los peligros que nos amenazan.
Ni Trump manda a su antojo en EEUU, ni Putin domina Rusia como un cortijo personal. Ellos son los gestores de quienes tienen el poder, dos clases sociales, la burguesía norteamericana y la burguesía rusa. Por eso están donde están y hacen lo que hacen. Por eso son peligrosos.
Hemos visto a esa clase dominante, la burguesía rusa, reuniéndose para respaldar a Putin y avalar sus criminales proyectos.
El 24 de febrero de 2022, el día que comenzó la invasión rusa de Ucrania, Putin se reunía en el Kremlin con medio centenar de representantes de las grandes empresas. Los protagonistas de esa asamblea de la gran burguesía rusa fueron trece de los principales oligarcas del país, que dominan los monopolios y las finanzas, las energéticas y el complejo militar industrial, la minería o los gigantes tecnológicos… Escenificaron que Putin era “su hombre” y la invasión de Ucrania su plan imperialista.
Putin es el gestor de quien tiene el poder, la gran burguesía rusa

No son una suma de grandes magnates. Son una clase social, la burguesía monopolista rusa, unida por múltiples vínculos. Representada por Gazprom, el mayor proveedor de energía del mundo, un conglomerado monopolista que además del gas y el petróleo domina el sector bancario, los medios de comunicación o las redes sociales. O por un complejo militar industrial integrado por 700 entidades que conforman 14 mega holdings empresariales.
Esta clase, la burguesía rusa, dispone para imponer sus intereses de un Estado que atesora el mayor arsenal nuclear del mundo. Y se dota de los representantes políticos que llevan adelante sus planes.
Si Putin acumula 25 años al frente del gobierno en Rusia no es porque se haya convertido en “un nuevo zar”, que domina el país junto a una guardia de corps de los servicios secretos. Es porque fue elegido por la gran burguesía rusa para ejecutar con mano de hierro un régimen ultra reaccionario en el interior y un agresivo proyecto imperialista en el exterior.
Si miramos solo a Putin, o a Trump, desaparece quien ostenta el poder… y las amenazas muy reales que los planes de esa gran burguesía rusa representan.
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Rusia es una potencia imperialista
Escuchamos que asistimos a una nueva “guerra fría” entre “tres polos autoritarios”, los EEUU de Trump, la Rusia de Putin y China. Mezclando a Pekín con Washington y Moscú.
Y nos repiten que Rusia siembra el desorden al enfrentarse al “orden mundial norteamericano”.
No. No. No.
China no ha invadido ningún país, no ha provocado ninguna guerra, no amenaza la paz… Como sí hacen EEUU y Rusia, porque son una superpotencia y una potencia imperialista.
Rusia -heredera de una superpotencia hegemonista- es una agresiva potencia imperialista que ya ha demostrado su carácter criminal
Moscú ha invadido Ucrania, un país soberano, provocando casi medio millón de muertos y 10 millones de desplazados. En lo que llevamos de siglo XXI Rusia ha intervenido militarmente en Chechenia, Georgia Kirguizistán o Kazajistán, para imponer su dominio dentro del perímetro de la ex URSS. Ha participado directamente en las masacres ejecutadas durante años en Siria. Y en el Sahel africano Moscú interviene en golpes de Estado o guerras civiles.
China es un factor de paz en el mundo. Rusia una agresiva potencia imperialista que ya ha demostrado su carácter criminal.
Moscú no cuestiona el orden norteamericano para abrir paso al “multilateralismo”, como hacen muchos países del Tercer Mundo. Tiene un proyecto imperialista y busca aprovechar cualquier oportunidad para imponerlo a sangre y fuego.
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Moscú tiene un plan
La gran burguesía rusa tiene un proyecto imperialista que no es nuevo. No persigue un imposible, como volver al estatus de superpotencia de la ex URSS. Pero sí aprovechar las condiciones creadas por el ocaso imperial norteamericano para ser admitida como una gran potencia euroasiática.
Rusia no puede competir en el plano económico. Ni dispone de un “poder blando” capaz de ejercer seducción global. Todo lo contrario. Por eso recurre en mayor medida a lo que sí es uno de sus puntos fuertes: su poder militar. Sus debilidades le confieren un carácter agresivo y aventurero, especialmente peligroso.
Y los europeos estamos en medio del camino que pretende seguir Moscú. Sus plantes imperialistas nos afectan muy directamente. ¿Qué persigue Moscú y qué consecuencias tienen sus planes para Europa?
1.- Moscú busca dominar el glacis ex soviético, y someter a Ucrania, a cualquier precio, es su mayor apuesta. Amenazando la supervivencia de un país soberano y provocando una guerra en el corazón de Europa.
La invasión imperialista de Ucrania es la punta de lanza del proyecto imperialista ruso.
La posibilidad de un acuerdo imperialista entre EEUU y Rusia, que se impondría a Ucrania y también a la UE, agudiza más si cabe esta amenaza. Washington parece dispuesto a entregar Kiev a Moscú para atraer a Rusia e intentar enfrentarla a China.
Las condiciones anunciadas por Moscú en las negociaciones con Washington supondrían su desaparición como país independiente. Exige anexionarse un 20% del territorio ucraniano, desde el Dombass a Crimea, que cese el apoyo militar europeo a Kiev, que Ucrania se “desmilitarice” -es decir no tenga capacidades de defensa-, y que el gobierno de Zelenski sea sustituido por uno pro ruso.
Ucrania ha sido ninguneada, expulsada de unas conversaciones que van a decidir su futuro. Y la UE degradada, al exigirle aceptar un acuerdo entre Washington y Moscú en el que no tendrá ni voz ni voto.
Respaldar, también con apoyo militar, la resistencia ucraniana frente a la invasión rusa es imprescindible para conseguir una paz justa. Y también lo es que la UE denuncie el vergonzoso acuerdo imperialista que Washington y Moscú pretenden imponer.
2.- Rusia busca incrementar la presión militar sobre Europa, para imponer que sus intereses imperialistas sean reconocidos.
Aunque los países bálticos formaran parte de la ex URSS hoy son miembros de la OTAN, y no parece realista que Moscú se atreva a atacarlos directamente. Lo mismo sucede con países como Polonia o Finlandia, dentro de lo que Rusia considera su “patio trasero” pero que ya están integrados en la UE o la OTAN.
Pero Moscú sí está intensificando la presión bélica sobre Europa. Con la invasión de Ucrania su presencia militar se desplaza hacia las mismas fronteras de la UE. Y ya ha desplegado una nueva generación de misiles en Bielorrusia.
Para países que guardan todavía en su memoria la ocupación rusa -desde los países bálticos o nórdicos hasta Polonia- esta creciente presión militar rusa es percibida, con razón, como una amenaza directa.
La UE necesita más autonomía de Washington y defenderse de las ambiciones de Moscú
3.- Moscú apuesta por la degradación y desestabilización de la UE. Busca una Europa más débil a la que poder imponer condiciones favorables para Rusia.
Europa occidental está bajo el dominio norteamericano. Moscú no va a ocupar el papel de patrón europeo, que ejerce Washington. Pero eso no quiere decir que Rusia no despliegue su influencia sobre Europa. En dos países de la UE -la Hungría de Viktor Orban o la Eslovaquia de Robert Fico- hay gobiernos con conexiones con Moscú. Y una parte importante de la ultraderecha expresa tanta cercanía con Trump como con Putin.
Moscú parece haber encontrado un nuevo punto de conexión con los EEUU de Trump: degradar a la UE. Sembrar la división y la desestabilización en Europa, si no va a hacer desaparecer a la UE, sí introduce una debilidad que tanto Washington como Moscú pretenden aprovechar para imponer condiciones más onerosas.
Desde aquí debemos plantearnos una respuesta europea que defienda nuestros intereses. Avanzando hacia una mayor autonomía respecto a Washington, y enfrentándonos a los peligros que suponen las ambiciones de Moscú.