La ultraderechista Fujimori, favorita en el recuento de la segunda vuelta electoral

Perú: un recuento agónico para un país dividido entre dos caminos antagónicos

Muchos se preguntan cómo es posible que pueda ganar la ultraderechista Keiko Fujimori. La respuesta fundamental no está en Perú, sino en Washington

Nueve presidentes en nueve años, y procesos electorales que deciden el ganador por una insignificante ventaja. Así lleva Perú casi una década. Estas elecciones, donde el país debe elegir entre dos destinos antagónicos -el que representa la ultraderechista Keiko Fujimori, hija del sangriento dictador Alberto Fujimori, y el que encarna el izquierdista Roberto Sánchez, heredero político del expresidente Pedro Castillo- no sólo no son distintas, sino que llevan el suspense y la polarización un poco más allá.

Mientras en la Casa Blanca o en los salones de la oligarquía criolla se frotan las manos, en un recuento agónico la ventaja de Fujimori sobre Sánchez ya supera los 28.000 votos (y subiendo).

La candidatura progresista de Juntos por el Perú ha tratado de impugnar 2.400 mesas de votación -cientos de ellas en el extranjero- donde han observado irregularidades, pero se han encontrado un escollo: no tienen tanta plata. Por cada cada mesa que se impugne, las fuerzas de la izquierda deben de pagar 1.337 soles, unos 400 dólares, y si no, no se tramitan. El trámite cuesta cerca de un millón de dólares. El talonario -y no la verosimilitud de lo denunciado- como barrera de la limpieza democrática.

.

Un mes para recontar los votos

En casi cualquier país del mundo, a las pocas horas de cerrarse las mesas electorales, los ciudadanos conocen el veredicto de las urnas. En unos pocos casos, se tardan algunos días. Pero Perú es distinto: aquí el Jurado Nacional de Elecciones ha asegurado que el escrutinio final de la segunda vuelta de las elecciones presidenciales puede tardar un mes, y no exageran.

Y esto añade más gasolina al fuego de la irritación, de la polarización y de la zozobra política. Los peruanos llevan más de una semana visitando varias veces al día la página web donde se publican las actualizaciones de un recuento que está extremadamente ajustado. Si en los primeros días tras la celebración de la segunda vuelta el candidato de la izquierda tenía una leve ventaja (50,3%) sobre su oponente ultra, poco a poco, sobre todo a medida que llegaban los votos de los peruanos del extranjero, las tornas fueron cambiando hasta producirse el sorpaso de Fujimori.

Si finalmente gana la ultraderechista -fuertemente alineada con EEUU y especialmente con Trump, y como su padre defensora de las políticas más reaccionarias, represivas y entreguistas- Keiko Fujimori deberá gobernar en contra de más de la mitad de los peruanos que actualmente residen en Perú, entre los que -por un margen de más de 60.000 votos- es mayoritario el voto a Roberto Sánchez, el candidato de Juntos por Perú que ha lucido en campaña el sombrero de Pedro Castillo, que el expresidente -que está en prisión tras ordenar en diciembre de 2022 un esperpéntico intento de autogolpe de Estado con fuerte olor a montaje e intervención- le regaló.

.

Fujimori, en la estela de Trump

El expresidente y exdictador de Perú, Alberto Fujimori, junto a su hija Keiko, que reivindica orgullosa el brutal legado de su padre

La herencia de Alberto Fujimori es uno de los episodios más tenebrosos de la historia reciente del Perú. En nombre del combate a Sendero Luminoso o a los Tupamaros, el padre de la actual favorita a la presidencia dio un autogolpe en 1992 y desató una feroz represión, con miles de asesinatos, desapariciones forzadas, y masacres con crueldad y ensañamiento por parte del Ejército y policía no sólo contra los guerrilleros, sino contra todo lo que oliera a izquierdista: lideres sindicales, campesinos, indígenas, estudiantiles, intelectuales. Todos fueron tratados como «terrucos» (terroristas), y Keiko Fujimori no esconde sus intenciones de hacer lo mismo que su padre.

Muchos se preguntan cómo es posible que un país que tras el derribo de Pedro Castillo fue gobernado «interinamente» por el gobierno de Dina Castillo y su sangriento historial de represión a las protestas, y que en los años 90 sufriera una dictadura ultra, sea precisamente otra Fujimori -defensora a ultranza del legado familiar y sostén fundamental del gobierno de Boluarte- la que parece que va tener las riendas del país. Hay que recordar que Keiko ha fracasado hasta cuatro veces en sus intentos de ganar la presidencia de Lima. ¿Por qué ahora sí parece que va a conseguirlo?

La respuesta fundamental no está en Perú, sino en Washington, y más concretamente en el actual inquilino de la Casa Blanca.

Bajo el mandato y el impulso de Trump y con el patrocinio de los centros de poder hegemonistas, que imponen una nueva «Doctrina Monroe» para América Latina, llevamos años viendo como las más tenebrosas, reaccionarias, vendepatrias y proyanquis fuerzas de ultraderecha latinoamericana no paran de ascender en las urnas… o de llegar a los gobiernos: Milei en Argentina, Bolsonaro en Brasil, Kast en Chile, Nasry Asfura en Honduras, Abelardo de la Espriella en Colombia, y Keiko Fujimori en Perú.

La Dictadura Mundial de Trump necesita de estos virreyes ultras -extremadamente serviles- para intentar recuperar el terreno que la lucha de los pueblos le ha arrebatado en las últimas décadas en el continente, aplicando políticas represivas contra los movimientos populares y de entrega de los recursos nacionales al capital extranjero.

No sólo es Washington. El grueso de la oligarquía criolla, fuertemente vinculada con el capital extranjero y siempre atenta a los vientos que soplan en EEUU, ha apostado esta vez por un gobierno de ultraderecha, lo mismo que sostuvo durante casi tres años al impopular. corrupto, represor e ilegítimo gobierno de Dina Boluarte.