En respuesta a Manuel Castells y su artículo “Putin y Hitler”

Pero si es muy sencillo: estamos ante una invasión imperialista

Entre sectores progresistas se difunde un pensamiento aparentemente "pacifista", pero ajeno a los principios históricos de la izquierda antiimperialista, que extiende una peligrosa confusión ante uno de los principales acontecimientos del presente: la invasión imperialista de Rusia sobre Ucrania

Bajo el título “Putin y Hitler”, Manuel Castells, ex ministro de Universidades en el actual gobierno de coalición, firma un artículo que extiende una peligrosa confusión ante un hecho crucial: la invasión imperialista rusa de Ucrania.

No es una polémica personal. Castells sintetiza un pensamiento difundido entre sectores progresistas, pero ajeno a los principios históricos de la izquierda. Al diluir que estamos ante la invasión por parte de una potencia imperialista de un país soberano, y subvertir principios que una mayoría compartimos como el pacifismo.

Para abordarlo, reproduciremos primero extractos del artículo, contraponiendo a continuación una respuesta a lo que plantea.

Estamos ante una cuestión nodular. Independientemente de las lógicas diferencias, hay cuestiones sobre las que no puede existir confusión alguna.

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Desde aquí, todo está al revés

¿Es comparable Putin en Ucrania a Hitler en el inicio de la II Guerra Mundial? (…) Si pensamos que esta guerra busca la expansión territorial en Europa del Este (…) la OTAN tiene que evitar que la amenaza crezca. Estaríamos en Munich 1938: no se puede apaciguar a un monstruo, como sostienen los halcones estadounidenses y de la Unión Europea».

«Algo tan serio hay que analizarlo más allá de las emociones, por mucho que nos indignen los niños ucranianos muertos por los bombardeos indiscriminados a civiles”.

(“Putin y Hitler”. M. Castells. La Vanguardia, 29 de febrero de 2023)

Cuando acabamos de leer el artículo de Castells hay cinco palabras que no han aparecido: invasión imperialista rusa de Ucrania.

Esta es la madre de todas las confusiones. La lectura racional que se reclama (“más allá de las emociones”) es una que oculta el hecho principal: una potencia imperialista ha invadido otro país para dominarlo y saquearlo.

Si queda claro que hay una invasión imperialista, no hay duda sobre qué posición tomar: luchar contra el invasor y respaldar sin matices al invadido.

Si esto se diluye todo se coloca al revés, y la brújula moral ha perdido el norte.

Como única superpotencia, EEUU es la principal fuente de guerra y agresión del planeta. Pero los “halcones” que devoran presas indefensas en Ucrania están en Moscú. Posicionarse sin matices contra la invasión rusa de Ucrania es un imperativo moral para todos los demócratas, cuanto más para todos los revolucionarios.

¿Tenían derecho los vietnamitas a defenderse de la invasión norteamericana… o debían rendirse en nombre de la paz? ¿Entonces por qué hay quienes se lo niegan a los ucranianos?

No es “humillación”, es imperialismo

Para Hitler, la gran Alemania necesitaba territorio y poblaciones sometidas para poder sobrevivir. Pero en la raíz de su agresión, y del apoyo entre los alemanes, estaba la humillación de las condiciones impuestas por los aliados al final de la I Guerra Mundial. (…) Para superar la humillación de Rusia, Putin se lanzó a una carrera armamentística. Tras someter a Chechenia, consolidó a Siria como Estado vasallo (…) Recuperar el control de la parte prorusa de Ucrania es la nueva operación”.

(“Putin y Hitler”)

Afirmar que “Chamberlain tenía razón” es subvertir la historia. Fue el muñidor de uno de los más infames acuerdos imperialistas, entregando Checoslovaquia al dominio de la Alemania nazi.

La Alemania nazi no desencadenó la II Guerra Mundial como reacción a la “humillación” que suponía el Tratado de Versalles. Estaban ejecutando un proyecto de dominio sobre Europa inscrito desde su misma fundación en el ADN de la gran burguesía germana.

La burguesía rusa, representada por Putin, no invade Ucrania espoleada por la cadena de “humillaciones” sufridas tras perder la Guerra Fría. Están llevando a la práctica el proyecto imperialista de dominio sobre los territorios ex soviéticos, que consideran su “patio trasero”.

Las “humillaciones” sufridas, o “el cerco de la OTAN” son las banderas que la Alemania nazi o la Rusia actual utilizan para justificar sus invasiones y encuadrar a la sociedad de sus respectivos países en sus criminales agresiones. Ocultando la naturaleza imperialista de sus actos.

Nada, nada, nada, puede justificar -o ayudarnos a “comprender”- una invasión imperialista.

Hitler utilizaba la defensa de las minorías alemanas para anexionarse territorios de otros países. Putin esgrime la presencia de población de ascendencia rusa para apoderarse de las zonas más ricas y estratégicas de Ucrania.

En ambos casos son mentiras que solo buscan justificar una invasión.

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Paz en Ucrania es acabar con la invasión

No le hace falta invadir Polonia. Pero no aceptará una derrota en Ucrania. Y si es necesario utilizará armas tácticas nucleares. (…) Y aun así seguimos hablando irresponsablemente de derrotar a Rusia en Ucrania. Si no negociamos paz por territorio, entraremos gradualmente en la III Guerra Mundial. Chamberlain tenía razón. Todo menos la guerra total”.

(“Putin y Hitler”)

Llegamos al cráter del volcán, al corazón de la confusión. Todos compartimos el deseo de paz y queremos ver terminar una guerra criminal instalada en el corazón de Europa. Pero la consigna “todo menos la guerra total” nos conduce a una paz sin principios, basada en la rendición ante el invasor.

Apoyar a Ucrania, el país invadido, también con ayuda militar, es garantizar que pueden defenderse de una invasión. Defender “todo menos la guerra” es aceptar la invasión rusa y entregar a Ucrania al dominio de Moscú.

¿Tenían derecho los vietnamitas a defenderse de la invasión norteamericana… o debían rendirse en nombre de la paz? Ninguna persona de izquierdas tendrá dudas. ¿Entonces por qué hay quienes niegan ese derecho a los ucranianos?

Afirmar que “Chamberlain tenía razón” es simplemente subvertir la historia. Como primer ministro británico fue el muñidor de uno de los más infames acuerdos imperialistas. Entregando en 1938 Checoslovaquia al dominio de la Alemania nazi, bajo la consigna de “paz por territorios”.

No era un desesperado intento de preservar la paz, sino el indecente pacto con el nazismo para dirigir la agresividad germana hacia el Este. Todos sabemos cómo concluyó.

La única manera de luchar por la paz es denunciar la invasión y exigir “¡Fuera tropas rusas de Ucrania!”.

El mismo Chamberlain enarboló la política de No intervención en España, que era en realidad un apoyo camuflado al ejército franquista, evitando que la República dispusiera de armas para defenderse.

El infame acuerdo de Munich en 1938 impulsó el tiro de gracia a la República: el golpe del coronel Casado, con epicentro en la embajada británica, para en nombre de la paz imponer la rendición ante el fascismo.

Es falso que sea imposible derrotar a una potencia nuclear, y que la única manera de evitar una III Guerra Mundial sea acatar sus designios.

En plena era atómica una de las dos superpotencias, la URSS, armada hasta los dientes de ojivas nucleares, fue barrida de la historia. Y la otra, EEUU, ha sufrido severas derrotas a manos de los pueblos.

En 1940 defender la paz como un valor supremo suponía acatar el dominio nazi, instar a los pueblos a resignarse ante la esvástica. En 2023 defender “todo menos la guerra” es aceptar la invasión rusa, y la bandera de “paz por territorios” supone entregar un pueblo y un país al sacrificio del dominio de Moscú.

Apoyar a Ucrania, el país invadido, también con ayuda militar, es garantizar que pueden defenderse de una invasión. Y la única manera de luchar por la paz es exigir “¡Fuera tropas invasoras rusas de Ucrania!”.