Trump parece centrar sus iras y exigencias en que Irán abra el «puto» Estrecho de Ormuz, algo que estrangula la economía mundial, ya que por este punto transita una quinta parte del petróleo del planeta.
Pero sin embargo, el Estrecho de Ormuz no está completamente cerrado ni bloqueado. Más bien es una «barrera semipermeable». La República Islámica sí permite el paso selectivo a petroleros de determinadas banderas consideradas «amigas», neutrales o no beligerantes… a cambio, eso sí, del pago en yuanes chinos o algunas criptomonedas como las stablecoins, que pueden sortear las medidas de embargo impuestas por EEUU
Este «paso selectivo» ha sido confirmado por medios occidentales y por sistemas de rastreo marítimo (Kpler, Lloyd’s List, TankerTrackers). Y aunque se trata de un tráfico muy reducido, de apenas un «goteo» de embarcaciones, frente a las cerca de 140 que diariamente atravesaban Ormuz antes de la escalada, es significativo: muestra que a pesar de los duros golpes que ha recibido en esta guerra, es Irán quién tiene la llave efectiva de este estratégico Estrecho marítimo
Así, en medio de las hostilidades, han pasado por Ormuz con el beneplácito iraní al menos 3 barcos petroleros chinos, y unos 10 cargueros de Pakistán. También se ha reportado el tránsito de barcos de India, Malasia, Egipto, e incluso de aliados de EEUU como Corea del Sur, siempre pagando en yuanes o criptos.
Otros países orientales considerados aliados de Washington como Japón -junto a Corea del Sur, altamente dependientes del petróleo del Golfo Pérsico-, están en intensas negociaciones diplomática con Irán para que sus petroleros puedan atravesar Ormuz.
Y aunque aún no se ha producido este extremo, Irán ha dado luz verde a que los buques españoles atraviesen el Estrecho de Ormuz, como recompensa diplomática explícita a la posición del gobierno de Madrid, que desde el primer momento se opuso a la ofensiva de Washington y Tel Aviv, y que ha negado el uso de sus bases y espacio aéreo para operaciones que tengan que ver con esta escalada bélica.
Al mismo tiempo, y completamente al margen de las -tensas, dudosas o seguramente inexistentes- negociaciones entre Washington y Teherán, otras importantes negociaciones diplomáticas están tratando de sofocar el incendio en Oriente Medio, rebajando tensiones no sólo con Irán, sino con sus vecinos árabes.
Las más importantes son las impulsadas conjuntamente por China y Pakistán, que el 31 de marzo presentaron una iniciativa de 5 puntos para cese al fuego inmediato, reapertura del estrecho y conversaciones de paz. En este tándem entre Pekín e Islamabad cada uno tiene un papel decisivo: China es el principal socio comercial de Irán, miembro de los BRICS, y asimismo tiene importantes vínculos con los países árabes de la región (hace un par de años, la mediación china fue clave en el acercamiento de las siempre tensas relaciones entre Irán y Arabia Saudí). Por otra parte, Pakistán actúa como mediador clave, como canal de comunicación con Washington y Teherán.
Otras importantes gestiones diplomáticas al margen de Washington las está realizando Qatar, que siempre ha actuado de puente entre Teherán y las petromonarquías sunníes vecinas.
