Israel prosigue con los bombardeos en Líbano

Otro alto el fuego… inexistente

Echar leña al fuego y esperar a que los libaneses respondan. Este es el modus operandi con el que Israel justifica seguir profundizando en su invasión de Líbano.

Dos días después de la bronca telefónica de Trump a Netanyahu, Israel -que no había hecho el más mínimo amago de retirarse de su invasión terrestre del sur de Líbano- encontraba una excusa para proseguir sus ataques y sus bombardeos contra Beirut.

Preguntado por un periodista sobre qué consideraba un alto el fuego, Trump respondía cínicamente: “En esa parte del mundo, es cuando se dispara de una manera más moderada”.

Echar leña al fuego y esperar a que los libaneses respondan. Este es el modus operandi con el que Israel justifica seguir profundizando en su invasión de Líbano. El ejército israelí ha profundizado en su ocupación del sur del país más lejos que en otras incursiones de las últimas décadas -hasta unos 30 kilómetros al norte de la frontera, cruzando el río Litani-, y están aplicando una táctica de «tierra quemada», destruyendo a conciencia cada aldea o localidad que ocupan, buscando hacerla inhabitable para crear una «tierra de nadie».

Una ocupación y devastación de sus tierras que -lógicamente- Hezbolá y los habitantes del sur de Líbano no pueden normalizar, respondiendo con lanzamiento de drones y proyectiles sobre el norte de Israel. Algo que sirve a Netanyahu y a su gobierno para «justificar» una nueva penetración en Líbano, o para lanzar demoledores bombardeos sobre Beirut y otras ciudades.

En las últimas semanas Israel no ha parado de ocupar y destruir hasta los cimientos -con bulldozers y explosivos- más y más aldeas del sur de Líbano, creando auténticos «paisajes lunares». La invasión israelí ha llegado a capturar las ruinas del castillo medieval de Beaufort, que ha quedado dañado por los combates y los proyectiles.

Cuando Israel toma un pueblo libanés, arrasa con todo, también con los edificios religiosos. No sólo las mezquitas, sino también iglesias y sitios cristianos en el sur de Líbano. No sólo por sus proyectiles, sino por la acción vandálica de sus soldados, que tienen a bien tomarse vídeos, mostrándose orgullosos de ello.

Los bombardeos sobre las ciudades del sur de Líbano, como Nabatieh y Tiro, han sido constantes e intensos en las últimas semanas, con cientos de ataques aéreos. También, aunque algo más limitados por la presión internacional, sobre la capital, Beirut, especialmente sobre los barrios de su extrarradio.

Esta es la «voluntad negociadora» del gobierno de Netanyahu sobre el conflicto de Oriente Medio.

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Israel asesina a su séptimo soldado de la UNIFIL, y hiere a dos españoles

Matar cascos azules… y que no pase nada

Chapatte

Un ataque en el sur de Líbano -que Israel atribuye a Hezbolá, pero que todo apunta a ser, una vez más, de autoría israelí- ha asesinado a un casco azul serbio de la UNIFIL, la Fuerza Provisional de las Naciones Unidas para el Líbano. Dos soldados españoles han resultado heridos, afortunadamente leves, en el mismo ataque.

Es el séptimo casco azul destinado en Líbano muerto -presuntamente a manos de Israel- desde que Tel Aviv comenzó su invasión de Líbano. Pero nadie ha impuesto sanciones contra Netanyahu por este nuevo atropello contra la ONU y la legalidad internacional.

El sargento Milovan Jovanović fallecía tras un ataque con proyectiles de mortero contra una posición de las tropas de pacificación cerca de la localidad libanesa de Marjayún, en el sur del país. Con este casco azul serbio son ya siete los soldados de interposición de la ONU muertos por «accidentes» o maniobras hostiles -flagrantemente deliberadas- de un ejército israelí al que le sobran los testigos incómodos para sus crímenes de guerra. Antes de este militar, Israel ha asesinado a cuatro cascos azules indonesios y a dos franceses, y ha causado decenas de heridos de diversas nacionalidades, entre ellos españoles.