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Crónica de cine

Odisea y Vivir la Tierra: dos epopeyas, dos mundos.

El contraste es total; en una película Nolan pide socorro, atormentado por un mundo que se hunde entre la venganza, la muerte y la traición. En la obra de Huo Meng éste muestra otro mundo que nace con mucho esfuerzo, pero con alegría porque el trabajo, los proyectos, las celebraciones son de todo el pueblo.

Conviven en cartelera: “Odisea”, una superproducción norteamericana y la premiada película china “Vivir la Tierra”.

Odisea, de Cristopher Nolan (director también de Interestelar y Oppenheimer), está basada en el gran poema épico griego de Homero.

Vivir la Tierra, del director Huo Meng, es un homenaje a su familia y a los habitantes de la pequeña aldea donde creció. Premiada con el Oso de oro a la mejor película y el Oso de plata a la mejor dirección en Berlín.

Odisea narra la epopeya de un hombre en su largo regreso a Ítaca (su reino) tras la guerra de Troya.

Vivir la Tierra muestra un inmenso esfuerzo colectivo, en el paso del campo a la ciudad en la Revolución China.

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Odisea

En el film aparecen de forma persistente “Los pueblos del mar”, que amenazan con violencia a la civilización griega y de todo el mediterráneo. La película nos aclarará finalmente que “Los pueblos del mar” son los mismos griegos. Nolan subraya el tormento de Odiseo, consciente de que Grecia ha transgredido todas “las Leyes de Zeus”. Su democracia ha dado paso a un imperio que invade y saquea, como ocurre en Troya. Niños, mujeres y ancianos son asesinados con la única ley del derecho de conquista y el principio de que el fin justifica los medios.

Durante diez años Odiseo lucha por regresar a Ítaca, de la que es rey, superando las pruebas que los dioses le cruzan en su navegación, pero él ya no es el mismo. Quién regresa de una guerra como la de Troya no es la misma persona. Cómo no lo eran los soldados norteamericanos mentalmente desechos tras combatir en Vietnam, o los reclutas suicidas que proliferan entre las tropas de Israel que dispararon en Gaza.

Durante la travesía, en una isla, la ninfa Calipso, se enamora de Odiseo y le retiene durante siete años. Finalmente le deja en libertad exhortándole: “Renuncia a la lucha, renuncia al control, honra a los muertos y vive”.

Odiseo consigue volver a Ítaca, mata a todos los usurpadores que aspiran al trono, y le advierte a su hijo Telémaco que ha de mantenerse al margen y no mancharse las manos de sangre en ningún momento. Después entrega el poder a Telémaco y se aleja de la isla con su amada Penélope.

El director, como en Opennheimer, insiste en mostrar un hombre atormentado por la destrucción provocada, y evidencia que sus Estados Unidos se han convertido en los actuales “Pueblos del Mar” que autodestruyen su civilización.

En ese paralelismo su conclusión es idealista: no es posible esperar que la clase dominante de Estados Unidos renuncie de forma voluntaria a ejercer como imperio, y ceda el poder a alguien sin las manos manchadas de sangre, tras haber provocado guerras, golpes de estado… para mantenerlo.

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Vivir la Tierra

Esta película china es una epopeya colectiva. En una pequeña aldea del norte de China en 1991, aún no hay casi maquinaria agrícola, y todo el esfuerzo recae en algunos bueyes y los brazos de los campesinos.

Viven en la pobreza, pero la Revolución ha acabado con el hambre y aparece la posibilidad de ir a la ciudad, en pleno proceso de industrialización, para mejorar la vida. Este es el camino que cogen los padres de Chuang dejándolo en la aldea, él que será después el director de esta película-homenaje a su familia y su pueblo.

En contraste con Odisea, en Vivir la Tierra, siempre hay alegría. El esfuerzo es inmenso, pero es de todos y va acompañado de celebraciones, entierros, bodas… siempre colectivas. Hay contradicciones en la familia, con los vecinos, pero los problemas se abordan, y los errores se reponen con trabajo. En este país en cambio, las mujeres, como la tía de Chuang, aún sufren la tradición de que la familia propone con quien se casa, pero las leyes ya les permiten divorciarse.

Las relaciones familiares son de cariño y respeto. Relaciones que se extienden al trato con los vecinos. La bisabuela que tiene 91 años, participa en todo, opina de todo, se la escucha. La comunidad cuida de los niños huérfanos o con problemas integrándoles en un núcleo familiar. Se puede discutir, pero siempre en relaciones de igualdad y de respeto.

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Otros principios

Llama la atención como este pequeño pueblo está conectado con el mundo por un rudimentario sistema de megafonía, en el que se informa de las cuestiones más importantes de política internacional o ciencia. Desde la tensión entre Kuwait e Irak que están al borde de la guerra, o de la primera oveja que nace por inseminación artificial…

Aparece una la relación con el poder, cercano y no colocado por encima del pueblo, cuando van a cobrarles el impuesto en sacos de trigo y les recuerdan que todavía no han hecho la entrega, el tío de Chuang responde sin sentir apremio: “no te preocupes, no seremos los últimos”.

El contraste es total; en una película Nolan pide socorro, atormentado por un mundo que se hunde entre la venganza, la muerte y la traición. En la obra de Huo Meng éste muestra otro mundo que nace con mucho esfuerzo, pero con alegría porque el trabajo, los proyectos, las celebraciones son de todo el pueblo.

Dos presentes en lucha.