Gigantescos centros de datos de un devastador impacto ambiental en las afueras de la cuarta capital más poblada de España. Esto es lo que Microsoft y el gobierno de Aragón han aprobado instalar en Zaragoza: dos en el propio municipio -junto al barrio obrero de Torrero, y otro en el barrio rural de la Cartuja Baja – y varios más en las poblaciones cercanas (Villanueva de Gállego, La Puebla de Alfindén, La Muela, Villamayor…)
Cristina García es ingeniera industrial y miembro del colectivo ciudadano ‘No es sequía, es saqueo’, que promovió la primera manifestación contra los centros de datos en nuestro país y que junto a los colectivos vecinales como Salvemos los Pinares de Venecia, se integra en la amplia Plataforma Contra los Centros de Datos en Aragón.
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Los centros de datos consumen una gigantesca cantidad de agua y de energía, y producen también una enorme cantidad de calor. Todo ello a pocos kilómetros del centro de la capital aragonesa, cuando hay estudios de Cambrigde que aseguran que estos centros incrementan la temperatura del suelo hasta a 10 kilómetros alrededor… ¿Es como instalar varios radiadores al lado una ciudad conocida por sus temperaturas tórridas en verano, no?
Si, es tan descabellado como suena, ¿por qué querríamos empeorar un problema ya de por sí alarmante como es el aumento de la temperatura global? En particular, Zaragoza ha atravesado este verano más de 60 noches tropicales, en las que el calor no nos ha dado tregua. Pero, en lugar de repensar el urbanismo, habilitar refugios climáticos o estudiar el uso de cubiertas vegetales, es decir, tratar de paliar el problema, se ha decidido empeorarlo.
Quieren dar total permisibilidad a una industria que no solo provoca el aumento de la temperatura en su entorno inmediato, sino que genera residuos contaminantes, encarece el consumo eléctrico, provoca contaminación acústica… En definitiva, que disminuye la calidad de vida de los ciudadanos.
El estudio al que te refieres -que está en revisión- muestra con datos obtenidos por satélite en diferentes localizaciones (Huesca y Zaragoza entre ellas) cómo los registros de temperatura aumentan tras la instalación de los centros de datos. Concluye que la temperatura puede aumentar entre 1 y 9 Cº en los 10 km próximos a la edificación. Este «efecto isla de calor» es consecuencia de la electricidad que abastece al centro de datos, que emite calor a su entorno inmediato. Dicho fenómeno se ve agravado por la asfaltización del suelo natural y las emisiones de los equipos de respaldo, como pueden ser generadores y sistemas de almacenaje.
Este problema preocupa especialmente a personas cuyas viviendas se encuentran en el comentado radio de acción de 10km, un ejemplo es el municipio de Botorrita, donde el domicilio más próximo se encuentra a tan solo unos 200m.
Conocemos las limitaciones de este estudio, pero existen muchos más que corroboran la tendencia al aumento de la temperatura en el entorno próximo a los centros de datos. Otro ejemplo es un estudio llevado a cabo por la universidad de Arizona, sus datos son más moderados, con un incremento de entre 0,9–2,2 Cº. En cualquier caso, la mayoría de estos estudios no tienen en cuenta que en regiones como Aragón este problema se ve agravado debido a la magnitud, cantidad y cercanía de los centros proyectados.
Con todo lo explicado lo más preocupante es que los informes ambientales de cada uno de estos centros de datos no solo no incluyen esta realidad climática, sino que las escasas veces que lo hacen ofrecen «soluciones» vagas y abiertamente insuficientes.
Por todo ello, abogamos porque se estudie el impacto térmico de estos proyectos en su entorno y porque los datos sean públicos para que la ciudadanía pueda decidir con rigor y conocimiento de causa.
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Además de este impacto climático, está que la desmesurada demanda de agua y energía puede acabar afectando al precio al que los consumidores, los hogares, pagan. Además de comprometer esos recursos para la agricultura o el resto de la industria, ¿es así? ¿Esto podría impactar en los bolsillos de los zaragozanos, y sobre el campo y la industria de alrededor?
En cuanto al problema hídrico, muchos pueblos en Aragón, como Villanueva de Gállego, están experimentando restricciones históricas en las concesiones de agua para regar sus cultivos, mientras se multiplican en número y tamaño los proyectos de centros de datos, que no sufren ninguna merma en su abastecimiento. El problema es que el abastecimiento de agua a los centros de datos se ha calificado como «pequeño consumo industrial» (artículo 60, Ley de Aguas) y es equiparable en prioridad al abastecimiento humano. Esto le otorga preferencia sobre agricultura y ganadería. Algo chocante si tenemos en cuenta que su consumo no tiene nada de «pequeño» ya que un solo centro de datos puede duplicar el consumo total de un municipio, como ocurre en La puebla de Alfindén o igualar al de una pequeña ciudad como el de La Cartuja.
Actualmente muchas de esas empresas con objeto de realizar un «lavado de imagen» de su irresponsabilidad hídrica, organizan congresos y ponencias donde con absoluta demagogia y populismo hablan de compensación de gastos hídricos, de circuitos cerrados y demás falacias que son tan irreales y opacas como los reportes de sus consumos. Porque la realidad es que estas prácticas no son auténticas soluciones y generan problemas derivados como la degradación de la calidad del agua para consumo humano, la necesidad de determinación de prioridad en períodos de escasez, la contaminación acústica, el sobreconsumo de energía, la saturación de la red eléctrica…
Por otro lado, si hablamos del consumo energético, son numerosas las fuentes – asesoría financiera Bloomberg, Harvard, el CRU (organismo regulador de la energía y el agua en Irlanda) …- que afirman que la aglomeración de centros de datos ha aumentado la factura de la luz de los pequeños consumidores. Esto se debe en gran parte al aumento de la demanda de energía en las horas de mayor consumo, desabastecimiento temporal que aumenta las tarifas, construcción y renovación de instalaciones… Todas son consecuencias directas de su funcionamiento. Consecuencias de las que ellos no se harán cargo.
Hacer frente a estas demandas implica que la red eléctrica actual debe fortalecerse con, por ejemplo, nuevos campos de placas solares o molinos eólicos, que «decoren» nuestro territorio. Pero también que otros sectores industriales pierden oportunidades de progreso al no tener acceso garantizado a la energía.
Con estos datos nos gustaría mostrar la verdadera naturaleza de los centros de datos y es que actualmente, son los grandes depredadores de nuestros recursos, agua, energía y territorio. Porque su expansión oprime nuestro desarrollo.
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Para los vecinos de Torrero -la República independiente de Torrero, como se le suele llamar en Zaragoza a este barrio obrero y muy combativo- esto supone un impacto extra, porque arrasaría con una parte de los pinares que rodean el barrio, y además al levantar el terreno hay restos de amianto y otros contaminantes ¿es así?
El peligro al que se enfrentan los pinares puede desglosarse en dos grandes amenazas:
– Quieren transformar parte de su superficie en suelo urbanizable para ampliar el parque de atracciones. Esto implica la pérdida de masa forestal y biodiversidad para privatizar suelo público
– La construcción de un mega centro de datos colindante a los pinares lo que, ya sabemos que supondría, aumento de temperatura, consumo masivo de agua y energía, contaminación acústica… Todo esto degradará enormemente la flora y fauna que habita el pinar, destruyendo el entorno. Además, cabe destacar que el proyecto se está ejecutando en una antigua escombrera con presencia de amianto. Si sumamos que durante la construcción de este centro de datos han tenido que moverse grandes cantidades de tierra, es lógico pensar que en las excavaciones puede haber riesgo para la salud pública.
La asociación «Salvemos los pinares» denunció que se estaban manipulando los residuos sin la seguridad adecuada. A lo que la multinacional responsable (Microsoft) respondió con una modificación del PIGA (dispositivo para facilitar los trámites administrativos de determinadas iniciativas) que autoriza el proyecto. Esta modificación consistía en dejar fuera del trámite un estudio de gestión de tierras contaminadas que ellos mismo incluyeron en la versión inicial. Como resultado, el Instituto Aragonés de Gestión Ambiental (INAGA) ya no tenía que evaluar la peligrosidad del residuo, pues su limpieza ahora parece corresponder a una fase previa ya finalizada. Por tanto, disminuyen las exigencias de seguridad.
Así que sí supone un impacto extra para el barrio. Impacto que cuenta con el beneplácito tanto del ayuntamiento de Zaragoza como del gobierno de Aragón, entidades que facilitan la inversión, el saqueo y la sequía.
