Quiero empezar recordando un 8 de marzo, aquel histórico 2018; porque debemos tenerlo en nuestra mente, fue el desborde de la potencia de las mujeres. El lema de ese día fue: “si nosotras paramos, se para el mundo”. Más de cinco millones de personas apoyamos la huelga o las manifestaciones, fue de los movimientos mas grandes del país hasta ese momento. Una huelga laboral, estudiantil, de cuidados y de consumo, que paró el país. Ya lo decía el manifiesto del año 2000: “dejamos de sentirnos víctimas para ser agentes sociales de transformación”. Desde entonces, el avance es imparable: somos la última ola del feminismo y estamos diciendo, alto y claro, que no daremos ni un paso atrás en los derechos conquistados.
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Nuestra fuerza es la suma de todas.
Quiero transmitir una realidad que el poder intenta invisibilizar: el sistema nos quiere calladas y convencidas de que el feminismo divide o que es una cuestión secundaria. Sin embargo, la realidad es otra. Cada vez somos más las mujeres que nos organizamos para tejer redes de apoyo, conscientes de que lo personal es político y de que una sociedad justa solo es posible si nosotras la construimos. La fuerza que nace de la base es potente y diversa; es la unión de las mujeres trabajadoras, las amas de casa, las estudiantes y los colectivos LGTBIQ+. Es el frente común de mujeres racializadas, migrantes y de todas aquellas que nos levantamos contra la guerra, el capitalismo y el imperialismo.
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La conciencia de las mujeres va por delante de la ley.
Releyendo el libro de Nuria Varela, me doy cuenta de que hitos que parecen asentados ocurrieron, en términos históricos, apenas ayer. Hace poco más de dos décadas arrancamos la primera Ley Integral contra la Violencia de Género, logramos que el matrimonio igualitario fuera una realidad y conquistamos leyes de dependencia o la creación de un Ministerio de Igualdad. Pero estos avances no cayeron del cielo; fueron la respuesta a décadas de lucha por derechos laborales, sociales y reproductivos. Es entonces cuando te das cuenta de que la conciencia colectiva de las mujeres está muy por delante de la legislación. Queremos mucho más de lo que el sistema es capaz de soportar, y no hay ámbito de la actividad humana en el que las mujeres no estemos trabajando para construir otra realidad.
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Tres ejes para un programa de Unidad.
Ahora que preparamos el 8M y buscamos consignas, si tuviera que elegir una bandera, elegiría sin dudarlo la unidad del movimiento. Para cambiar este sistema necesitamos un bloque sólido. Tenemos que buscar los puntos en común y seguir tratando las diferencias, pero desde la unidad de acción. Proponemos estos tres ejes de reivindicación que golpean la vida de la inmensa mayoría de mujeres:
- Precariedad laboral: los problemas que más nos unen son la cesta de la compra, el precio de la vivienda, el acceso a estudios o las pensiones más bajas. Los sectores feminizados no pueden seguir siendo el último eslabón de la explotación.
- Defensa de los cuidados: defender la sanidad pública es defender a las mujeres. Somos nosotras las que cubrimos los huecos con reducciones de jornadas, paro, desigual desarrollo de la carrera profesional. Y es hora de reconocer a las amas de casa, que sostienen la vida sin cobrar ni cotizar.
- Frente al avance del fascismo: no permitiremos que se impongan políticas de guerra o migratorias que nos deshumanizan. Ante quienes niegan la violencia machista y cuestionan nuestros derechos reproductivos, responderemos con organización.
Este 8M, la unidad es nuestra victoria. ¡Nos vemos en las calles!
