Vox y el racismo de la “prioridad nacional”

Mentiras radioactivas

La "prioridad nacional" -un refrito del eslogan trumpista "América First"- es la nueva consigna con la que la ultraderecha quiere enfrentar y dividir a los trabajadores. Vox no “defiende a los españoles”. Lo que quiere es recortar la sanidad, las pensiones o las ayudas sociales a toda la población, españoles y extranjeros.

Vox, que nació para ser ariete de las políticas más reaccionarias, agita las aguas introduciendo el concepto racista de “prioridad nacional”. Según el cual los “españoles” -o mejor dicho, aquellos que la ultraderecha diga que son españoles- deben tener “prioridad” en el acceso a los servicios públicos y las ayudas sociales.

Mienten al difundir que son los inmigrantes, al acapararlas, quienes niegan a “los españoles” determinadas prestaciones. La misma ultraderecha que defiende recortar para todos, españoles o extranjeros, la sanidad, las pensiones, la educación, las ayudas sociales… acusa a los trabajadores inmigrantes de “poner en quiebra el Estado del bienestar”.

Buscan dividir y enfrentar al pueblo, que no luchemos unidos contra quienes nos imponen los recortes, sino que nos enfrasquemos en una pelea entre nosotros.

.

Desmontar los bulos ultras

Difunden mentiras radioactivas para inocular el virus racista que culpa a los trabajadores inmigrantes de la escasez de ayudas o de la degradación de la sanidad. A fuerza de repetirse, estos bulos tóxicos calan entre algunos sectores sociales.

¡Es mentira! Frente a su propaganda ultra, debemos poner encima de la mesa los hechos que desmienten sus bulos.

No es verdad que “los extranjeros empobrezcan a los españoles”. Al contrario, la aportación de los trabajadores emigrantes es capital para impulsar un crecimiento económico del que todos nos beneficiamos.

Según un informe de Funcas, centro de estudios vinculado a la banca, nada sospechoso de “izquierdismo”, el 47% del crecimiento económico entre 2022 y 2025 proviene de la incorporación al mercado laboral de trabajadores nacidos fuera de España.

En algunos sectores, como agricultura, construcción, hostelería, comercio, cuidados… esta aportación es capital. Entre el 60% y el 70% de los nuevos empleos en estos sectores proviene de la mano de obra inmigrantes. Sin ellos no podrían funcionar.

No es verdad que “los extranjeros acaparen las ayudas y servicios sociales, impidiendo su acceso a los españoles”:

Frente a quienes nos dividen decimos alto y claro: ¡Española o extranjera, una misma clase obrera!

Solo un 17,5% de las casi 800.000 personas que cobran el Ingreso Mínimo Vital son inmigrantes, el 82,5%, la inmensa mayoría, son españoles.

“Diversos estudios realizados en los países desarrollados indican que los inmigrantes aportan más a las arcas públicas de lo que los Gobiernos gastan en su salud y educación. El gasto público que se hace por individuo es menor por los inmigrantes que por los nativos”, explica Josep Mestres, economista sénior de CaixaBank Research, a CincoDías

La idea de que los inmigrantes “copan la sanidad”, contribuyendo a ampliar las listas de espera, es rotundamente falsa. Los y las trabajadoras inmigrantes utilizan la sanidad pública por debajo de lo habitual entre los nacidos en España. Según la Revista Clínica de Medicina de Familia el 45% de los inmigrantes acude al especialista -por un 54,9% de los españoles-, y tienen menos hospitalizaciones -5% frente al 8,5%-.

No es verdad que “los extranjeros consuman los recursos que deberían recibir los españoles”. Al contrario, los trabajadores inmigrantes hacen posible que todos podamos recibir prestaciones y servicios sociales.

Los inmigrantes aportan a las arcas del Estado diez veces más de lo que reciben en ayudas. Cada trabajador inmigrante deja al Estado un saldo positivo de entre 3.300 y 4.000 euros, con el que se pueden financiar servicios y prestaciones. Las cotizaciones sociales que pagan los más de tres millones de trabajadores extranjeros sostienen las pensiones.

.

Lo que la ultraderecha nos oculta

Dos ‘fake news’ trumpistas

La ultraderecha nos miente para ocultar sus verdaderas intenciones. Si supieran lo que de verdad defiende Vox, la mayoría de los que han caído en la trampa de la “prioridad nacional” se echarían las manos a la cabeza.

Vox no “defiende a los españoles”. Lo que quiere es recortar la sanidad, las pensiones o las ayudas sociales a toda la población, españoles y extranjeros.

Vox no “defiende a los españoles” para que reciban más ayudas sociales o mejor sanidad. Lo que quiere es recortar de forma salvaje el acceso a los servicios públicos a toda la población, españoles y extranjeros.

El de Abascal es el único partido en España que defiende abiertamente la privatización de las pensiones y de la sanidad o la educación. Quiere imponer, hasta donde sea posible, un “modelo americano”, donde quien tenga dinero reciba atención sanitaria y pensión, y quien no lo tenga quede excluido.

Vox no defiende mejorar la sanidad y las pensiones o la educación públicas, negando su acceso a los extranjeros, sino acabar con ellas para todos.

La ultraderecha no quiere expulsar a todos los inmigrantes de España para “revertir la invasión migratoria”. Lo que quiere es que se queden pero sometidos a unas condiciones tales que estén obligados a aceptar salarios de miseria, condiciones de trabajo indignas, no puedan sindicarse…

La mano de obra inmigrante es imprescindible para mantener la economía, sin ella el país iría a la quiebra.

Lo que buscan es señalar y criminalizar a un sector del pueblo trabajador, generando una subclase despojada de derechos, perseguida, aterrorizada, separada del resto de la sociedad, a la que se pueda imponer condiciones de hiperexplotación.

.

¡Española o extranjera, una misma clase obrera!

Vox es el ariete ultra que busca imponer un marco de hiperexplotación salvaje que divida al pueblo en sectores enfrentados entre sí.

A su política racista, disfrazada bajo el eslogan de la “prioridad nacional”, se enfrenta el grueso de la izquierda, pero también sectores conservadores.

Por ejemplo la Iglesia, que ha dejado claro que “no estará nunca de acuerdo con medidas que traten de excluir o anular al otro”. El obispo de Canarias, José Mazuelos Pérez, ha llegado a proponer que “a algunos habría que meterles cinco días en un cayuco, mañana y tarde, sin comer, antes de hablar de lo que hay que hacer con los migrantes”.

Los empresarios tampoco respaldan las políticas anti-inmigración. La CEOE ha respaldado la regularización extraordinaria aprobada por el gobierno. Y las patronales que más dependen de la mano de obra inmigrante lo han hecho de forma entusiasta.

Tampoco el grueso del PP apoya la “prioridad nacional”. Moreno Bonilla, presidente andaluz, se ha enfrentado a ella. E incluso Ayuso la ha criticado. En Madrid viven un millón de inmigrantes, buena parte de ellos hispanos, que el PP corteja.

Los ataques contra la inmigración son una ofensiva contra todo el pueblo. Primero generan escasez, y luego nos hacen pelearnos entre nosotros por “las migajas” para que no nos unamos contra quienes nos atacan a todos. Han recortado la sanidad y la educación públicas, atacado las pensiones, restringido las ayudas sociales… para dirigir la ira de sectores populares no contra quienes empuñan las tijeras sino contra los trabajadores inmigrantes.

Es la vieja táctica del “divide y vencerás” de la que se benefician los que nos explotan a todos, españoles o extranjeros.

Frente a sus mentiras racistas, contra la división que pretenden imponer entre una parte del pueblo y otra, debemos contestar con la unidad para defender nuestros intereses comunes, los que hermanan a un jornalero marroquí con un obrero castellano. Decir alto y claro: ¡Española o extranjera, una misma clase obrera!