Más de 900 ahogados en el Mediterráneo en el 2019

Los 500 refugiados rescatados entre el Open Arms y el Oceans Viking están siendo reubicados por distintos países de la UE, entre ellos el nuestro. Es una excelente noticia, que sin embargo no puede ocultar la vergonzosa ausencia de una política común europea de rescate en el Mediterráneo, y de acogida y reubicación, que esté a la altura del gigantesco drama humanitario que se vive con los refugiados de guerra en Siria o Turquía, o con los millones de personas que se agolpan en Libia, huyendo de la guerra, las matanzas, de la persecución o de la miseria. 

Y no puede ocultar la montaña submarina de cadáveres ahogados que se acumulan en el fondo del Mediterráneo. 

Según la Organización Internacional de Migraciones (OIM), en lo que llevamos de 2019 han fallecido tratando de cruzar el mar Mediterráneo más de 900 personas. Pero si contamos desde el año 2000, son cerca de 43.000 personas las que han perdido la vida tratando de llegar a Europa en busca de refugio. Es el equivalente a casi 29 Titanics.

Es un macabro ritmo de 2.000 vidas al año, aunque el ritmo se incrementó especialmente después de las guerras de Libia y Siria, ambas provocadas por los intereses hegemonistas de EEUU y con la complicidad de sus aliados europeos de la OTAN.

La más mortífera de todas las rutas es la del Mediterráneo Central, la que va de Libia a las costas de Malta o Italia. En ella han muerto 900 personas en lo que va de 2019. Justo antes de que el Open Arms salvara la vida a 163 personas en tres rescates, en las costas de Libia aconteció el naufragio más mortífero de lo que llevamos de año en el Mediterráneo Central, con 150 personas ahogadas tras hundirse su frágil bote neumático. No había en la zona ni una sola nave de rescate.

Los Estados de la UE y sus plutocracias son más que cómplices en este genocidio. Y no solo por su criminal indiferencia, por dejación de auxilio, sino por dejar esa ruta sin vigilancia, sin auxilio y con un ultraderechista -hoy felizmente fuera del poder- como Salvini negando los puertos italianos para desembarcar a los refugiados. 

Es criminal. ¿Cuántas multas ponen a cualquier Estado de la Unión por “saltarse los objetivos de déficit”? ¿Cuántas multas por dejar morir a miles de refugiados en el mar, violando las obligaciones del derecho internacional? La ignominia se retuerce sobre sí misma y en un ejercicio de cinismo, las sanciones van contra las ONGs que rescatan ¡sin permiso! 

Mientras tanto, empujados por la guerra, la persecución, el hambre o la esclavitud, miles y miles de personas se hacen a la mar intentando alcanzar las costas de la UE. Una Europa que siempre ha presumido de su compromiso con los Derechos Humanos y que hoy se ahoga en la hipocresía.