Una noticia extraordinaria ha llenado de esperanza a los pacientes de cáncer de páncreas en España -algo más de 10.000 casos- y en el mundo (más de medio millón), uno de los diagnósticos más mortíferos y de peor pronóstico que pueden darse en una consulta de oncología.
Investigadores del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIÖ) encabezados por el director del Grupo de Oncología Experimental, Mariano Barbacid han logrado eliminar por completo en ratones el tipo de tumor de páncreas más común en los seres humanos.
Aunque la investigación está en una fase inicial, preclínica, y todavía tardará en aplicarse a humanos, los resultados en animales son espectaculares: el tratamiento no deja rastro del adenocarcinoma ductal de páncreas, y además se ha conseguido que este cáncer -uno de los más resistentes- no vuelva. Es lo que técnicamente se denomina una «regresión completa y duradera». O dicho en palabras llanas: han curado a los ratones.
.
Una terapia triple
El estudio, centrado en el adenocarcinoma ductal de páncreas (ADP) y publicado en la revista PNAS (Proceedings of the National Academy of Sciences), es el resultado de seis años de duro trabajo del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIÖ), un centro de vanguardia de la investigación biomédica en nuestro país, pero que lamentablemente en los últimos años se ha visto empañado por escándalos de corrupción, de nepotismo o de prácticas despóticas de su anterior dirección, ahora destituida. Este trabajo debe servir para restaurar un prestigio que nunca debió perder.
La investigación ha sido financiada por varias entidades, entre ellas la Fundación CRIS contra el Cáncer (privada), pero también el Consejo Europeo de Investigación, la Agencia Estatal de Investigación (España) en cofinanciación con Fondo Europeo de Desarrollo Regional (FEDER), Fondos Next Generation, el Centro de Investigación Biomédica en Red o el Instituto de Salud Carlos III, todas ellas públicas.
La investigación ha logrado espectaculares avances mediante una triple combinación terapéutica, que ataca al cáncer de páncreas por tres puntos diferentes al mismo tiempo: con inhibidores específicos que atacan a la mutación KRAS, que desata el cáncer, y las proteínas EGFR y STAT3, que contribuyen a la expansión del tumor.
Además, se han usado ratones modificados genéticamente para acercarse lo máximo posible a las características de los tumores humanos. En el laboratorio se ha constatado en laboratorio la regresión completa y duradera del tumor en el 75% de los animales.
Una excelente muestra de los luminosos frutos que puede dar la ciencia española, si se la dotan de medios y financiación suficientes.
En aquellos animales que sobrevivieron, la curación parece completa: más de 200 días sin rastro de la enfermedad tras finalizar el tratamiento, y sin toxicidad aparente.
Esta investigación abre una ventana a la esperanza, pero los autores piden paciencia. Barbacid ha explicado que “es importante entender que, si bien nunca se habían obtenido resultados experimentales como los aquí descritos, todavía no estamos en condiciones de llevar a cabo ensayos clínicos con la triple terapia”.
“El camino para optimizar la terapia de triple combinación descrita aquí para su uso en un escenario clínico no será fácil”, dice el oncólogo, una de las grandes estrellas de la biomedicina molecular de nuestro país y del mundo. «A pesar de las limitaciones actuales, estos resultados podrían abrir la puerta a nuevas opciones terapéuticas para mejorar el resultado clínico de los pacientes con adenocarcinoma ductal de páncreas en un futuro no muy lejano”.
Este tratamiento todavía tiene mucho camino por recorrer hasta llegar a las unidades oncológicas de los hospitales, pero es una excelente muestra de los luminosos frutos que puede dar la ciencia española, si se la dotan de medios y financiación suficientes.
.
Ciencia española: profesionales sobrados de talento y asfixiados por la infrafinanciación y la burocracia
¡Qué buena ciencia, ‘si oviesse’ financiación, estabilidad y recursos!
Parafraseando al Cantar del Mio Cid («¡Qué buen vassallo, si oviesse buen señor!»), la ciencia española encierra una contradicción casi idéntica. Nuestra producción científica es cualitativa, brillante, y en no pocas ocasiones espectacular -como la de Barbacid en el CNIO-, pero lo es a costa de un sistema científico español hostil a la I+D+i, que en términos generales es un erial de infrafinanciación y burocracia.
De nuestras facultades, departamentos y laboratorios salen jóvenes científicos e investigadores llenos de talento, capacidad y formación… que luego tienen que ir a continuar su carrera al extranjero -para quizá nunca volver- o languidecer largos años en una sarta interminable de contratos temporales, de retribuciones pírricas y de precariedad e incertidumbre, antes de conseguir un puesto fijo.
Y para los equipos de investigación más consolidados, el panorama no es mucho más halagüeño: infrafinanciación crónica, inestabilidad del personal investigador y una burocracia tan asfixiante como exasperante.
Así lo han venido denunciando sucesivos manifiestos de la comunidad científica española en los últimos años, como «Un nuevo pacto por la Ciencia» de 2023. Desde entonces, poco o nada se ha hecho por resolver.
Infrafinanciación crónica, inestabilidad del personal investigador y una burocracia tan asfixiante como exasperante.
El manifiesto «Un nuevo pacto por la Ciencia» fue lanzado por la Coordinadora Marea Roja de la Investigación, y fue suscrito por una treintena de organizaciones y colectivos de investigadores, científicos y sindicatos de personal de Universidades y Organismos Públicos de Investigación. Por citar a unos pocos, lo apoyaron la Federación de Jóvenes Investigadores, FPI en Lucha, Rebelión Científica, Marea Granate, FPU Investiga, y las secciones sindicales de CCOO, CSIF, USO, CNT, CIGa…
La ciencia española necesita un pacto que la impulse, que la dote de estabilidad, que proteja su talento y a su personal, y que la libre de las dolencias crónicas que la castigan.
Un pacto que se sostiene en cuatro pilares: que el 3% del PIB se destine a I+D+I; la creación de un estatuto del personal de investigación; la simplificación burocrática, y medidas de promoción de la diversidad y la inclusividad que ayuden -entre otras cosas- a romper el techo de cristal de género.
«Para lograr una Ciencia española de calidad, cohesionada, y con alta transferencia social y beneficio para la ciudadanía, es imprescindible defender las condiciones de trabajo y los derechos laborales del personal investigador. Solo cuando se logre cubrir las necesidades materiales de la I+D+i y de las personas que la desarrollan, podremos lograr una ciencia excelente en equipo, una comunidad científica excelente que genere una gran cantidad de conocimientos y avances desde y para el conjunto de la sociedad», insistía entonces uno de los impulsores, Guillermo Muñoz investigador y miembro de Piratas de la Ciencia, a estas publicaciones.
.
