Protesta de plataformas vecinales contra el turismo masificado y depredador

Mallorca reclama sus plazas

Recuperar las plazas y las calles para los vecinos de Palma. Esta es la protesta -reivindicativa y bien visible- de las plataformas, que denuncian las consecuencias de un modelo de turismo depredador que implica la saturación de los servicios, la presión sobre la vivienda, la gentrificación o severos impactos ambientales

En Palma de Mallorca, recuperar una plaza se ha convertido en una forma de protesta. Cada miércoles, cientos de vecinos salen a la calle con mesas, sillas y comida para celebrar un sopar a la fresca, una tradición mallorquina que el colectivo vecinal Brunzit ha convertido en una reivindicación frente a la masificación turística. Alrededor de 500 personas participan en estas cenas, que han pasado por lugares como la plaza Major, la zona de la Seu o la plaza d’en Coll.

La imagen es sencilla: vecinos que llevan su propia comida y ocupan durante unas horas espacios cada vez más asociados a terrazas, restaurantes y visitantes. Pero detrás de la cena hay una disputa por el uso de la ciudad. Los organizadores denuncian que el crecimiento del turismo ha transformado el centro de Palma y ha reducido los lugares donde los residentes pueden reunirse sin necesidad de consumir. La protesta busca que las plazas vuelvan a ser espacios de convivencia y no únicamente escenarios para la actividad turística.

La iniciativa comenzó el año pasado y ha crecido por encima de las previsiones de sus impulsores. También ha saltado a las redes sociales, donde las imágenes de cientos de personas cenando juntas en pleno centro han convertido la protesta en un fenómeno viral. La fórmula contrasta con otras formas de movilización más habituales: no se trata de bloquear una calle, sino de volver a utilizarla colectivamente.

Las cenas son solo una de las expresiones de un malestar que lleva años creciendo en Mallorca. El pasado 26 de julio unas 25.000 personas recorrieron Palma contra la masificación turística. La protesta denunció la saturación de los servicios, la presión sobre la vivienda, la gentrificación y los impactos ambientales de un modelo que consideran desbordado.

En este contexto también se han desarrollado otras acciones vecinales y reivindicativas, que defiende el derecho a vivir en la isla frente a un modelo turístico que, según los colectivos, está condicionando cada vez más el acceso a la vivienda, el uso del espacio público y los recursos disponibles.