(*) Santiago Rubio es delegado sindical de CCOO en Nurel y miembro de la Seccion de Movimiento Obrero de UCE
La reforma laboral aprobada por Milei en Argentina, junto con las aprobadas ya en Grecia y Portugal, buscan un doble objetivo, quebrar las resistencias populares, limitando el derecho de huelga y manifestación, para así poder aplicar mejor los recortes salariales, empeorar las condiciones laborales con pérdida de derechos y empobrecer aún más a la clase trabajadora y al pueblo.
Esto no es ninguna novedad, los recortes drásticos de derechos siempre van emparejados con recortes drásticos de libertades. Y con la llegada de Trump al poder esto se ha acelerado.
El declive económico norteamericano, como demuestra el hecho de saltarse la legalidad internacional y detener al presidente de otro país como Venezuela para apropiarse de sus riquezas naturales, o la necesidad de organizar, a base de dólares, partidos de extrema derecha para doblegar la resistencia de los pueblos a sus mandatos, hace que necesite expoliar aún mucho más a sus países vasallos, con la connivencia de las oligarquías locales.
Argentina acaba de recibir una ayuda económica de EEUU por valor de 60.000 millones de dólares y esa deuda la van a pagar los trabajadores argentinos.
El gobierno reaccionario de Milei beneficia a la oligarquía argentina, pero sobre todo, al hegemonismo norteamericano que sacará pingües beneficios con el dogal de la deuda externa, limitando las libertades, mientras el pueblo está cada vez más empobrecido y desprotegido.
Pero este no es sólo un problema de los argentinos, ya que todos los países que somos dependientes política, económica y militarmente de EEUU vamos a sufrir de una u otra manera, si los pueblos no lo impedimos, la necesidad del hegemonismo norteamericano de saquearnos con sus monopolios y fondos de inversión.
Reformas laborales
Las reformas laborales aprobadas tanto en Argentina, como en Grecia y Portugal tienen un mismo hilo conductor, debilitar la lucha sindical, mediante leyes que limitan el derecho de huelga y de manifestación y limitar la capacidad de acción de los sindicatos a la hora de la negociación de los convenios, dando prioridad a los acuerdos de empresa frente a los convenios colectivos de sector o de región, y acabar con la ultraactividad (el convenio colectivo mantiene su vigencia y aplicación aunque haya finalizado su plazo de duración o de denuncia, estando vigente hasta que se pacte uno nuevo), facilitando, por tanto, el descuelgue de los convenios, o lo que es lo mismo, los convenios dejan de tener rango de ley, y por lo tanto, las empresas pueden desvincularse legalmente.
En definitiva, sindicatos debilitados, sin capacidad de acción, con menos capacidad de negociación, dejando a las personas trabajadoras sin protección para poder aplicar sin ningún control las medidas más nocivas para los intereses de la clase obrera, como aplicar prácticamente el despido libre, la desaparición de la antigüedad, el aumento de la jornada laboral, hasta doce horas, o la reducción de los salarios, que pueden subir o bajar según la productividad de la empresa, o reducir un tercio lo que se cobra en caso de accidente o enfermedad. Hasta se puede cobrar en especia, en comida o alojamiento, como se ha aprobado en Argentina.
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Los trabajadores se rebelan
Ante estos ataques de las clases dominantes, el pueblo se rebela, como no podría ser de otra manera, y al igual que en Grecia y Portugal se convocaron huelgas generales que paralizaron el país, ahora la clase obrera argentina se prepara ante la convocatoria de huelga general promovida por los principales sindicatos, aunque ya ha habido movilizaciones espontáneas por todo el país. Los sindicatos argentinos, con gran tradición de lucha, se rebelan contra los ataques a la libertad sindical y a los derechos que tanto esfuerzo y lucha han costado conseguir.
Todo lo que la clase obrera hemos conseguido siempre ha sido luchando por nuestros derechos y nuestro futuro. No puede ser de otra manera aunque algunos nieguen la lucha de clases y el antagonismo entre los que lo tienen todo y los que no tienen nada y nada que perder.
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¿Y en España, qué?
En nuestro país esto ya lo hemos sufrido, la reforma laboral del 2012 aprobada por decreto ley por el gobierno del PP de Mariano Rajoy ya incluyó el fin de la ultraactividad y que tuvieran prioridad los convenios de empresa sobre los colectivos de sector o provincia.
También tenemos leyes que coartan la libertad sindical, la ley mordaza, que encarcela a sindicalistas por ejercer su derecho a defender a los trabajadores, como las seis de la Suiza, por poner tan solo un ejemplo.
La reforma laboral se cambió en parte por el gobierno progresista de Pedro Sánchez, pero sólo en parte, pero la ley mordaza sigue en vigor.
Aquí debemos tener cuidado y prepararnos para un posible gobierno del PP con VOX. Abascal ya ha dicho que aplicaría las medidas de Trump y Milei si llegara al gobierno. Pero el “peligro” no es sólo Abascal, el peligro es cuando Feijoo dice ante los empresarios catalanes que cuando llegue al gobierno va a eliminar los comités de las empresas con menos de 250 trabajadores, dejando sin representación sindical a once millones de trabajadores.
Si a esto añadimos las declaraciones de Garamendi de abaratar el salario cuando se está de baja por enfermedad o accidente o su oposición a la subida del salario mínimo, lo que se avecina es una tormenta perfecta que puede hacernos retroceder unas cuantas décadas.
Debemos estar preparados para esta tormenta perfecta que preparan la CEOE, el PP y VOX, todo en el hipotético caso de que lleguen al poder, claro.
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¿Y el gobierno progresista qué?
El gobierno de Pedro Sánchez ha dado pasos como la reforma laboral de Yolanda Díaz que repuso en parte la prioridad de los convenios colectivos o el aumento del salario mínimo, medidas que apoyamos porque son buenas y necesarias para las condiciones de vida de los trabajadores.
Pero ofrecemos apoyo y exigencia.
Porque también han capado la capacidad de negociación de los convenios colectivos, con el apoyo de las dos principales centrales sindicales al establecer los topes de subida salarial en el AENC (Acuerdo para el Empleo y la Negociación Colectiva), donde UGT y CCOO negocian con la CEOE cual es el porcentaje máximo de subida salarial, con lo que en cualquier negociación ya sabes que no puedes subir de ese tope, con lo que la negociación ya empieza limitada.
Y la realidad es que durante el gobierno más progresista de toda Europa, antes con Podemos, ahora con Sumar, las empresas del IBEX 35 han multiplicado sus beneficios batiendo records año tras año mientras se ha ido creando una legión de trabajadores pobres. Las subidas salariales de estos últimos años no han sido más altas que la subida de los precios, el encarecimiento de la vivienda, tanto hipotecas como alquileres o de la cesta de la compra y de productos básicos han creado una contradicción entre los resultados macroeconómicos y el día a día de la población.
La dependencia de nuestro país de EEUU, sus fondos de inversión, como Blackrock, son los que están detrás del aumento de los precios de la vivienda y que quieren más y una oligarquía que también quiere aumentar su ganancia hace que este gobierno ya no sirva a sus intereses. Lo quieren todo y lo quieren ya.
Un cambio de gobierno radicalizado por la derecha sería ideal para aplicar medidas contra las condiciones de vida de nuestro pueblo, para limitar y judicializar el trabajo sindical y para poner en peligro todos los derechos que tanto esfuerzo y lucha ha costado conseguir.
Por eso es fundamental dar apoyo y exigencias al gobierno, que debe rectificar y aplicar medidas que mejoren las condiciones de vida de la gente.
Por eso, hoy, es más importante que nunca organizarse, dar conciencia de clase, movilizarse y luchar.
