Las características de un país clave

Lo que debemos saber sobre Irán

Irán no es un pequeño país, sino una potencia regional. Y su sociedad va mucho más allá del reaccionario régimen teocrático. Su pueblo ha sido, y sigue siendo, extraordinariamente combativo.

Lanzar un ataque masivo contra Irán era arrojar una cerilla encendida sobre el barril de pólvora que es Oriente Medio.

Irán es una potencia regional, que como los hechos están demostrando no se va a desmoronar ante un ataque de EEUU e Israel.

Su historia es milenaria, y en ella ha jugado un papel clave la defensa de su independencia frente al imperialismo.

Y su sociedad va mucho más allá del reaccionario régimen teocrático. Su pueblo ha sido, y sigue siendo, extraordinariamente combativo.

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Una potencia regional

Irán no es un pequeño país cuyo régimen pueda ser removido por una intervención militar decidida en algún despacho del Pentágono.

Hablamos de una potencia económica, cuyo poder está asentado en sus inmensas riquezas energéticas, imprescindibles para que la economía mundial siga funcionando. Sus reservas de hidrocarburos son las cuartas del mundo en petróleo y las primeras del planeta en gas.

Pero también es una potencia militar. Es el 14º país del mundo en poder bélico. Puede movilizar un millón de soldados -610.000 efectivos en servicio más 350.000 en la reserva activa-. Tiene la mayor fuerza de misiles balísticos de Oriente Medio con más de diez sistemas en su inventario o en desarrollo. Y tiene la capacidad de producir en masa drones Shahed, que pueden producir mucho daño, al albergar una carga explosiva que detona con el impacto. Son baratos, con un coste de entre 20.000 y 50.000 dólares. Para interceptarlos Israel debe utilizar misiles que cuestan entre 1 y 3 millones de dólares.

Irán es desde 1979 un Estado teocrático, pero no es un país atrasado. Ha desarrollado tecnología propia, con fábricas de automóviles, tractores y maquinaria. Y es el país islámico con una ciencia más avanzada, capaz de desarrollar investigaciones punteras en células madre o nanotecnología.

Irán ocupa una posición geopolítica vital. Enclavado en el corazón del Golfo Pérsico, la mayor reserva energética del planeta, puede controlar una de las arterias económicas clave, el Estrecho de Ormuz, por donde circula el 20% de todo el petróleo y gas del mundo.

Mapa político de Irán. El Orden Mundial

Si seguimos a Brzezinski, uno de los más reputados analistas de la superpotencia, Irán es un “jugador geoestratégico activo” en un área del plantea clave. Es decir, un país que posee la capacidad y la voluntad de ejercer influencia significativa más allá de sus fronteras.

Esta influencia, en un país que EEUU no controla, como a las monarquías petroleras del Golfo, es la razón por la que Washington lo ha colocado en la diana. Esta influencia regional se disparó tras el sonoro fracaso norteamericano en Irak y Afganistán.

Irán es la cabeza de los chíies, la rama minoritaria del Islam. Y ejerce influencia sobre los chíies de Irak, Azerbaiyán, Bareín, Líbano, Yemen, Siria…

Hoy Irán es miembro de los BRICS, la gran plataforma del Tercer Mundo que impulsa un orden global enfrentado al dominado por EEUU. Y mantiene una estrecha relación con China, país a donde se dirige el 80% del petróleo irani.

¿Era Irán una amenaza para la paz en la región, como plantean Trump y Netanyahu? Incluso los servicios secretos norteamericanos han contestado que no. Irán busca desarrollar armamento atómico propio, pero nada indica que lo haya conseguido. En 2015 se alcanzó un acuerdo con Irán para limitar su industria nuclear a usos civiles, que Trump dinamitó unilateralmente en 2018. Y antes de los actuales ataques, Bagdad estaba negociando con EEUU y se mostraba dispuesta a aceptar todas las condiciones propuestas.

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Una historia milenaria… y antiimperialista

Irán no comienza con los ayatolás. Su historia es milenaria. Históricamente Irán es Persia, una de las grandes civilizaciones de la antigüedad. La civilización del Elam se remonta al 2.800 a.C. Y el imperio persa alcanzó su máximo apogeo con Ciro el Grande y Darío I, en los siglos VI y V a.C.

Irán no siempre fue un Estado teocrático. No lo era hasta hace muy poco. En Irán adquirieron enorme fuerza las dos grandes corrientes modernizadoras del mundo árabe: el nasserismo, encabezado por burguesías nacionales antiimperialistas, y la revolución proletaria, encarnada en los partidos comunistas.

Bandera de la efímera República Socialista Soviética de Persia (más conocida como la República Soviética de Guilán), en el norte de Irán, que duró desde 5 de junio de 1920 hasta 2 de noviembre de 1921

A principios del siglo XX, Inglaterra y la Rusia de los zares se disputan el control de Irán. La vergonzosa concesión a Londres de los derechos de explotación del petróleo durante setenta años desata una rebelión. Es la “revolución constitucional”, que impone un régimen democrático, con una constitución y un parlamento modernos.

Y pocos años después de la Revolución de Octubre, en 1920, se forma en Irán el primer partido comunista. Los sindicatos y los partidos comunistas van a adquirir un enorme desarrollo y una gran influencia social.

Este impulso modernizador es quebrado por la intervención norteamericana. En 1953, un golpe organizado por la CIA derrocó a Mohammas Mosaddegh, primer ministro elegido democráticamente. Mossaddegh se atrevió a nacionalizar el petróleo de la Anglo-Iranian Oil Company (AIOC), antecedente de la actual British Petroleum.

Se impone a través del sha Mohammad Reza Pahlavi una feroz dictadura, que dirige toda su furia contra los importantes movimientos revolucionarios y antiimperialistas.

La dictadura del Sha se hace odiosa. Y en 1979 una revolución lo derroca. Quien toma el poder son los actuales ayatolás. Una burguesía nacional reaccionaria que toma la religión como programa político. Pero que no está bajo el control de EEUU. Las dos superpotencias, EEUU y la URSS, coinciden en armar al Irak de Sadam Husssein para lanzarlo a una feroz guerra contra Irán, que provocará un millón de muertos.

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Represión… y rebelión

“Una sociedad moderna bajo un régimen teocrático”. Así define Irán un profesor universitario que conoce el país persa.

En Irán hay una sociedad civil viva y en permanente rebelión, un pueblo con una larga tradición de organización y lucha.

Por arriba existe un régimen, el de los ayatolás, que impone una moral reaccionaria y reprime ferozmente al pueblo. Los sindicatos están prohibidos, la mujer es legalmente inferior y se le impone incluso cómo debe ir vestida, existe una rígida censura, una policía secreta, la Savama, que ejerce un férreo control sobre la población…

Pero por debajo existe una sociedad civil viva y en permanente rebelión. Algo que no podemos encontrar, por ejemplo, en Arabia Saudí, país donde los derechos humanos son igual o más atacados que en el Irán de los ayatolás.

Irán es el país con más universidades de Oriente Medio. Hay 2,2 millones de estudiantes universitarios… y el 60% de ellos son mujeres.

La población iraní es moderna, más que en el resto de países de la zona, tiene un alto nivel educativo, y posee una larga tradición de organización y lucha.

Su choque con el régimen teocrático es frontal, y se expresa en continuas rebeliones.

En 2022, el asesinato de Mahsa Jina Amini, una joven kurda iraní, a manos de la Guardia Revolucionaria por no llevar velo, desató una gigantesca movilización de las mujeres, bajo el lema “Mujer. Vida. Libertad”.

Las sanciones norteamericanas han golpeado la economía. Un 50% de la población vive por debajo del umbral de la pobreza. En enero de este año la hiperinflación provocó una rebelión de los trabajadores, y también de la pequeña burguesía comercial. Fue ferozmente reprimida, provocando miles de muertos.

Aunque los sindicatos son ilegales, la clase obrera y el pueblo trabajador iraní protagoniza huelgas y movilizaciones en las principales industrias.

Y existe una amplia red de organizaciones populares y revolucionarias que, en Irán o en el exilio, luchan contra el régimen teocrático y denuncian las agresiones de EEUU e Israel.