Brasil: movilizaciones contra Bolsonaro

Las protestas acosan a Bolsonaro a un año de las elecciones

Golpeado por una persistente -y creciente- ola de protestas populares, marcado por su nefasta y criminal gestión de la pandemia, señalado por graves casos de corrupción, y privado del que fue su gran valedor -Donald Trump- un Bolsonaro cada vez más débil afronta su último año de mandato con las encuestas en contra y con una petición de impeachment que tiene visos de prosperar

(210529) -- BRASILIA, 29 mayo, 2021 (Xinhua) -- Una manifestante participa en una protesta en contra del gobierno del presidente brasileño, Jair Bolsonaro, en Brasilia, Brasil, el 29 de mayo de 2021. (Xinhua/Lucio Tavora) (lt) (rtg) (ra) (da)

En la cuarta protesta consecutiva, y en más de 400 ciuadades de todo Brasil, cientos de miles de ciudadanos han salido a las calles para denunciar a Bolsonaro, doblemente señalado: por un lado, su nefasta y negacionista gestión de la pandemia cuenta ya con 550.000 muertos, siendo Brasil el segundo en el ranking de decesos mundial; por otro, varios casos de corrupción vinculados a la compra de vacunas.

La popularidad del ultraderechista está muy erosionada. Varias encuestas indican que, de celebrarse hoy las elecciones -previstas para octubre de 2022- el PT de Lula obtendría el 60% de los votos, mientras que Bolsonaro caería por debajo del 25%. Fiel a su seguidismo trumpista, el presidente ha dicho que los sondeos son «mentira» y que se está preparando un «fraude», amenazando con cancelar los comicios.

Convocadas por las centrales sindicales, los partidos de la izquierda carioca y un sinfín de movimientos sociales, miles de personas llenaron las calles y las avenidas de Brasil, de forma pacífica y combativa, ataviados con mascarilla y tratando de guardar la distancia. Las grandes pancartas, con consignas como «¡Fuera Bolsonaro!» «¡Vacuna para todos ya!» y «¡Bolsonaro genocida!», y el ambiente reivindicativo y festivo, con disfraces o batucadas, fueron el común denominador de las protestas

Las movilizaciones más multitudinarias se registraron en Sao Paulo, la urbe más populosa de Brasil y la más golpeada por la Covid. Pero fueron igualmente masivas las de Río de Janeiro, Recife, Belo Horizonte y también las de la capital, Brasilia, donde las protestas se concentraron ante la sede del Congreso, para reforzar la exigencia de un impeachment (juicio político) que destituya a Bolsonaro.

Aunque los números de la pandemia remiten en Brasil, gracias al avance de la vacunación -37 millones, el 17% de la población, están inmunizados, y 95 millones, el 45%, tienen al menos una dosis- el país suramericano continúa como el segundo del mundo en número de muertos por la Covid-19, superado solo por EEUU y como el tercero con más contagios, detrás de EEUU e India.

Tras tres años de mandato, la popularidad de Bolsonaro se ha desplomado. De celebrarse hoy las elecciones generales, Lula da Silva vencería en primera vuelta con una horquilla de entre el 49 y el 60% de votos.

Para los que protestan, la política activamente negacionista de Bolsonaro ha sido en todo momento cómplice del virus. El ultraderechista ha saboteado, una y otra vez, todas las medidas que ponían la salud por delante de la economía por parte de gobernadores y alcaldes. Pero junto al impacto mortal y sanitario, ya de por sí dramático, están los devastadores efectos económicos: la pandemia ha dejado en Brasil cerca de 15 millones de desempleados, y apenas sí hay ayudas para que los más pobres puedan enfrentar la crisis.

Pero además de las habituales razones contra el ultraderechista, la gestión del Gobierno de Bolsonaro está siendo duramente cuestionada por sospechas de corrupción en la compra de vacunas, que ha sido destapada por las investigaciones que adelanta una comisión del Senado y que han puesto hasta al mismo mandatario bajo el ojo de la Fiscalía.

Bolsonaro, que ganó las elecciones arrogándose ser «la espada contra la corrupción», está cada vez más señalado por varios escándalos. Estaría implicado en un contrato de 316 millones de dólares, a cambio de 20 millones de dosis mediante un intermediario brasileño, quien estaría investigado desde 2017, por haber «vendido» medicamentos al Gobierno que nunca entregó. La comisión del Senado, que investiga la gestión de la pandemia por parte de Bolsonaro, asegura que hay un sobreprecio de hasta un 1.000%. Parte del pago tendría que haber ido a una empresa con sede en Singapur que no figuraba en el acuerdo.

Y hay más: un cabo de la Policía confesó haber intentado vender al Ejecutivo 400 millones de dosis de AstraZeneca en una operación que fue suspendida cuando un alto cargo del Ministerio de Salud le habría solicitado comisiones equivalentes a un dólar por unidad.

Tras tres años de mandato, la popularidad de Bolsonaro -que ganó en 2018 con los votos de un 39% del electorado- se ha desplomado. El presidente habría perdido uno de cada tres votantes y, según el instituto IPEC, el rechazo al Gobierno pasó de un 39 % en febrero al actual 50 %.

Según las encuestas, de celebrarse hoy las elecciones generales, el candidato del Partido de los Trabajadores, Lula da Silva vencería en primera vuelta con una horquilla de entre el 49 y el 60% de votos. No es de extrañar que -siguiendo el manual de instrucciones trumpista- el ultraderechista esté agitando el fantasma del fraude electoral sin ningún tipo de prueba.

«Las elecciones del año que viene serán limpias. O hacemos elecciones limpias en Brasil o no tendremos elecciones». También advirtió de que «puede» que no reconozca el resultado electoral y que no cederá la presidencia a un eventual sucesor «si hay fraude», dijo ante un grupo de seguidores.