SELECCIÓN DE PRENSA INTERNACIONAL

La votación en Catalunya fue un éxito; ahora toca negociar

http://www.bloombergview.com/articles/2014-11-10/catalonias-vote-was-a-success-now-negotiate

La votación sobre la independencia de Cataluña el domingo fue alentadora – no para dar impulso a la separación de la región de España, sino en sentar las bases para un acuerdo político sobre la mejor manera de resolver la cuestión.Tal vez por primera vez, el gobierno nacional de Madrid hizo una elección inteligente, permitiendo que la «consulta» no vinculante siguiera adelante sin la interferencia de la policía. En ese mismo espíritu, el primer ministro Mariano Rajoy debe ahora organizar un referéndum adecuado y un debate libre y a fondo.Hasta ahora, el enfoque de Rajoy a la frustración catalana ha sido inflamatorio. Él y el gobernante Partido Popular han tratado las demandas de la región -la primera vez para una mayor autonomía, y más tarde sobre el derecho a votar sobre la independencia- como una mera cuestión jurídica, usando los tribunales para cerrar un debate constitucional. Esa política fracasó cuando Cataluña ignoró una sentencia que declaró la consulta del domingo ilegal. Rajoy entonces estuvo bajo presión para prohibir la votación por la fuerza. Eso habría asegurado protestas masivas, violencia y un aumento adicional de apoyo a la secesión de Cataluña. Es por esto que se merece el crédito por dar un paso atrás.En el mismo sentido, Rajoy ahora debe ignorar las demandas para que procese a los que permitieron el voto – incluidos los funcionarios locales que abrieron los centros de votación. El ministro de Justicia de Rajoy, Rafael Catalá, demostró precisamente cómo no responder cuando rechazó la votación del domingo -en el que más de 2 millones de ciudadanos españoles participaron- como «una farsa estéril e inútil», y amenazó con acciones legales.A continuación, Rajoy debería abrir rápidamente la clase de las negociaciones sobre el estatus de la región a las que se ha resistido hasta ahora. La apertura de un camino para un referéndum legal haría que la responsabilidad recayera sobre los políticos de Cataluña para que mostraran una paciencia similares, en lugar de celebrar un referéndum inmediato para conducir el caso hacia sus tesis. Entonces, ambas partes tendrían tiempo para debatir las ventajas e inconvenientes de la división.El resultado de la votación del domingo sugiere que los catalanes están abiertos a escuchar los argumentos de ambas partes. Sí, el 81 por ciento votó por la independencia, pero esto era casi necesario, dado que la participación fue del 33 por ciento. Eso es muy por debajo de las últimas elecciones y una pálida sombra de lo que uno esperaría en una votación sobre la independencia debidamente organizada y debatida. (El 85 por ciento de los escoceses censados votaron en su reciente referéndum sobre la independencia.)Los puntos de vista populares están mejor reflejados por las encuestas de opinión regulares que sugieren que alrededor del 50 por ciento de los catalanes votaría a favor de la independencia en un verdadero referéndum. Y el número más importante de las encuestas es que el 80 por ciento dicen que sólo quieren el derecho al voto: el incremento de la ira ante la intransigencia del gobierno español ha contribuido al sentimiento independentista. El primer paso para convencer a los catalanes de permanecer en España sería la de trazar una ruta legal, constitucional, para darles la oportunidad de expresar su opinión.La propuesta de secesión de Cataluña tendría aún más riesgo que el que tuvo la de Escocia. Sería amputar alrededor del 20 por ciento de la economía de España, en comparación con el 8 por ciento del Reino Unido. Los inversores en bonos de Cataluña ciertamente creen que la independencia sería al menos tan mala para la región como para el resto de España. Así que en una verdadera campaña, en la que los votantes se enfrentaran a la realidad de asumir hasta 200.000 millones de euros de la deuda española, la opción de la unidad debería ser ganable.A menos que Rajoy abra la puerta a un compromiso, sin embargo, las opiniones en Cataluña y Madrid seguirán endureciéndose. Entonces, en lugar de un debate constructivo saludable, España se enfrentará a la escalada de la confrontación.