Colombia: primera vuelta de las elecciones presidenciales

La ultraderecha y la izquierda se disputarán la segunda vuelta de las elecciones en Colombia

El ultraderechista Espriella e Iván Cepeda, sucesor de Petro, se disputarán la presidencia en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales de Colombia, previstas para el 21 de junio.

Con el 99,98 % de los sufragios escrutados, el líder del movimiento de extrema derecha Defensores de la Patria Abelardo de la Espriella ha obtenido 10,3 millones de votos, el 43,74%. Segundo ha quedado el izquierdista Iván Cepeda, delfín de Gustavo Petro y candidato de Pacto Histórico, que con 9,6 millones de votos ha logrado el 40,9%.

Ni el presidente Gustavo Petro ni Cepeda han aceptado los resultados del preconteo al considerar que hay un desfase de votos con el censo.

Pero sea como sea, ambos candidatos, que representan caminos antagónicos para Colombia, medirán sus fuerzas en la segunda vuelta de las elecciones en Colombia del 21 de junio.

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Los resultados de las urnas en Colombia han mostrado un país polarizado entre dos caminos completamente opuestos. Después de que en 2022 el izquierdista Gustavo Petro se convirtiera en el primer mandatario de izquierdas de la historia de Colombia, ahora ha sido el ultraderechista De la Espriella -admirador de Trump, de Milei y sobre todo del presidente salvadoreño Nayib Bukele y su sistema ultrarrepresivo- el que ha dado la sorpresa, quedando primero con el 43% de los votos, superando lo vaticinado en las encuestas. Todo parece indicar que en los últimos días de la campaña ha captado a parte del electorado de la candidata de la derecha tradicional, la uribista Paloma Valencia, que ha quedado tercera con 1,6 millones de votos (6,92%), muy lejos del 16% que le daban los sondeos. Valencia ha perdido el 67,5% de apoyos respecto a la elección anterior.

De la Espriella, un abogado millonario de 47 años vinculado a grupos paramiliatares, defiende un programa de «mano dura contra el crimen», con la construcción de macrocárceles al estilo Bukele, y un despiadado programa económico y social, combinación de la motosierra contra las endebles prestaciones sociales y un mayor grado de entrega de la economía colombiana a los intereses del capital extranjero. Y por supuesto una Colombia que vuelva al redil de la órbita norteamericana.

En segundo lugar ha quedado Iván Cepeda, senador de 63 años y sucesor del actual presidente Gustavo Petro, que no puede ser reelegido, aunque estas elecciones presidenciales se han planteado como un plebiscito a su gestión. Cepeda defiende la continuidad de los programas y políticas sociales dirigidos a los más pobres, y una política internacional en la línea de la que defiende Brasil o México, buscando la unidad latinoamericana contra los dictados de Washington, el acercamiento a los BRICS y la defensa de la legalidad internacional y el multipolarismo.

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El contexto

En estas elecciones presidenciales Colombia debe elegir entre dos caminos antagónicos, que no se pueden entender sin partir del contexto internacional en el que se dan.

Durante prácticamente todo el siglo XX y parte del XXI, el poder en Colombia siempre se lo habían alternado dos partidos oligárquicos, uno conservador y otro liberal, siempre bien alineados con los intereses de Washington, y bien dispuestos a entregarle la soberanía y los recursos nacionales al gigante del norte. Tanto la lucha contra las guerrillas (más tarde las narcoguerrillas, las FARC y el ELN) como la lacra de los cárteles del narcotráfico sirvieron a EEUU para intervenir hasta el túetano el ejército, la policía y la política colombiana, y para desplegar una política represiva que dura hasta hoy, y que sirve para instalar un clima de terror contra las luchas populares. Más de 1.800 líderes sociales y defensores de derechos humanos (que incluyen muchos líderes comunales, indígenas, campesinos, ambientales y de comunidades) han sido asesinados en Colombia, sea por grupos paramilitares de la extrema derecha o por las propias fuerzas armadas.

Históricamente, Colombia ha sido una de las principales plazas fuertes de EEUU en el extremo norte de Sudamérica, una plataforma de intervención en Venezuela y otros países de la región. Pero en 2019 una fuerte ola de luchas populares contra el gobierno proyanqui y uribista de Iván Duque puso en jaque el modelo económico, político y social de la oligarquía criolla y del imperialismo yanqui, que condenaba al país al expolio y a la inmensa mayoría de la población a una aberrante desigualdad.

Las luchas populares de 2019 alumbraron el triunfo electoral del izquierdista Gustavo Petro en 2022, que comenzó a llevar, con diferente grado de consecuencia, políticas sociales y de redistribución de la riqueza. Entre los principales logros del gobierno de Pacto Histórico está la Reforma Agraria, que formalizó y entregó a las comunidades rurales más de 2 millones de hectáreas. El desempleo cayó al 9,2%, el más bajo del siglo. Hasta 1,6 millones de personas salieron de la pobreza monetaria y el salario mínimo experimentó un aumento del 23,4%.

También la recuperación de la soberanía nacional frente a EEUU, alineándose con gobiernos progresistas de la región, como Brasil y México. En los últimos meses, los enfrentamientos de Petro con el gobierno de Trump por temas como el genocidio en Gaza, la intervención militar en Venezuela, las políticas migratorias trumpistas o el bombardeo de lanchas en el Caribe han sido más que sonoros.

Iván Cepeda y Gustavo Petro

Por todo ello, los EEUU de Trump tenían a Colombia en el punto de mira. En un contexto en el que la «nueva Doctrina Monroe» ha adquirido un peso especial en la política exterior norteamericana, en el que se intensifica el cerco energético sobre Cuba o las injerencias de Washington en los asuntos internos de cada país del continente, estas elecciones presidenciales colombianas se han celebrado bajo la sombra de la intervención.

Cepeda y Petro han denunciado graves anomalías electorales y han alertado sobre las pruebas de injerencia extranjera en Colombia. El candidato izquierdista ha reportado un desfase de 885.000 personas en el censo electoral, así como el cambio imprevisto de miles de puestos de votación horas antes de los comicios, vistos como maniobras de supresión de votos en zonas populares. También se han reportado injerencias de gobiernos extranjeros y operadores subordinados a la agenda geopolítica de EEUU, como el gobierno ecuatoriano de Daniel Noboa.

«Estas anomalías representan un intento del andamiaje oligárquico de sabotear un proyecto de soberanía nacional que amenaza los intereses de Washington sobre territorio colombiano», han denunciado desde Pacto Histórico.

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¿Y ahora qué?

El panorama para la segunda vuelta del 21 de junio se muestra cuesta arriba para las opciones de la izquierda.

Pacto Histórico ha mejorado sus resultados respecto a la primera vuelta de 2022. Los 9,6 millones de votos de Cepeda mejoran en un 13,6% los 8,5 logrados por Petro, que en la segunda vuelta llegó a concentrar 11,2 millones, el 50,4%. Muy posiblemente, y más ante la expectativa de un gobierno de ultraderecha, Cepeda recibirá el apoyo de la también izquierdista candidatura de Dignidad y Compromiso de Sergio Fajardo, que ha quedado cuarta con algo más de un millón de votos (el 4,26%).

Pero en la otra esquina del ring está el ultraderechista De la Espriella, con 10,3 millones de votos, que más que probablemente recibirá el apoyo del grueso de la clase dominante y del establishment político tradicional de Colombia, fuertemente vinculado con EEUU. En un escenario muy polarizado a favor en contra de Petro, es de suponer que la mayoría 1,6 millones de votos que fueron a la uribista Paloma Valencia irán ahora hacia el candidato ultra.

El factor determinante que podría decantar la balanza es el 43% de votantes colombianos que se han mantenido en la abstención. Sólo si las fuerzas populares son capaces de movilizar a fondo a las masas trabajadoras de Colombia, dándoles conciencia de los dos caminos antagónicos que se abren para el país, podrá la izquierda conquistar una remontada.