Editorial Internacional

La “trumpización” de la política migratoria europea

Esto es lo que las burguesías monopolistas europeas y sus representantes políticos, han decidido emular del trumpismo: la más salvaje hiper-explotación de la clase obrera migrante.

Cuando en 2015, tras el estallido de la cruenta guerra civil en Siria (instigada desde EEUU), una oleada de casi medio millón de refugiados -procedentes de Siria, pero también de Afganistán, Irak o Eritrea- trató de encontrar refugio en la próspera Europa, la misma UE que había recibido el Premio Nobel de la Paz en 2012 por su «promoción de la paz, la democracia y los derechos humanos» recibió a todos esos hombres, mujeres, niños y ancianos, a toda esas familias desharrapadas e indefensas… con alambradas, con fuerzas represivas, con detenciones y deportaciones masivas. Bruselas llegó a un acuerdo con la Turquía de Erdogan -el llamado «pacto de la vergüenza»- por el que a cambio de 6.000 millones de euros, la península de Anatolia se convertía en un enorme campo de deportación.

Diez años más tarde, esa ignominia, esa inmundicia moral… se ha convertido en la política oficial de la Unión Europea. Es la “trumpización” de la política migratoria europea.

“La era de las deportaciones ha comenzado”, ha dicho exultante un diputado de la extrema derecha sueca. Y por desgracia, es exactamente así. Tras el acuerdo sobre el «reglamento de retornos» entre la Eurocámara, los Estados y la Comisión, la misma Unión Europea que tanto se vanagloria de la «defensa de los derechos humanos» ha planificado la creación de campos de deportación para migrantes fuera del territorio comunitario, bien lejos de Europa. Los llaman «centros de retorno» para que no suenen a lo que son.

Además del «pacto de la vergüenza» con Turquía, esta nueva política migratoria -que ya no pone el acento en un reparto solidario de las solicitudes de asilo, ni siquiera en reforzar las barreras fronterizas, sino en agilizar las expulsiones y deportaciones- tiene otros antecedentes, como el acuerdo de la Italia de Giorgia Meloni con Albania para crear allí campos de deportación, o el de Reino Unido con Ruanda para mandar allí a todo el que llegue sin permiso a sus fronteras.

Así, en los últimos años se han ido firmando acuerdos similares con Egipto, Túnez, Mauritania… ¿La calidad de los derechos humanos en esos países? Eso no es un asunto europeo. Circulen.

Alguien se puede preguntar cómo es posible que las burguesías monopolistas de una Europa que tiene una población cada vez más envejecida, y con tasas de natalidad cada vez más bajas, se entreguen a esta política ultrareaccionaria. La respuesta la tenemos al otro lado del Atlántico, en los EEUU de Trump.

En EEUU existen entre 12 y 14 millones de trabajadores migrantes indocumentados, cuya mano de obra barata resulta esencial para importantes sectores de la economía norteamericana: la agricultura, la construcción, las manufacturas, los cuidados… Y sin embargo, como todos sabemos, la administración Trump ha emprendido una ultrareaccionaria y agresiva política migratoria, a través de una auténtica Gestapo paramilitar, el ICE, que ya ha detenido y deportado a cerca de 400.000 migrantes en el último año.

La campaña de detenciones arbitrarias y deportaciones masivas de migrantes sin papeles en EEUU es un feroz ataque a millones de personas en EEUU. Y estas ultrareaccionarias políticas están siendo emuladas en Europa.

Pero ¿busca realmente el gobierno de Trump detener y expulsar a todos los trabajadores migrantes de EEUU? ¿Buscan lo mismo las burguesías monopolistas europeas y sus gobiernos, expulsar a entre el 15 y el 20% de la fuerza laboral? No y no. Por supuesto que no. No pueden. Y tampoco quieren. Porque se oprime para explotar.

Lo que sí se persigue es crear una «subclase» dentro de la clase obrera y el pueblo trabajador, sin derechos, perseguida, señalada, criminalizada y sometida a condiciones de hipeexplotación y sin capacidad para organizarse. Y con la amenaza de la deportación a alguna lóbrega mazmorra de algún lugar del mundo si osan rebelarse.

Lo que sí se busca esta política migratoria «trumpista» es avanzar en crear un modelo económico y social al servicio de la gran burguesía norteamericana, con una mayor explotación, y que ofrece al resto de burguesías monopolistas, presentándolo como beneficioso para incrementar sus ganancias.

Esto es lo que las burguesías monopolistas europeas y sus representantes políticos, han decidido emular del trumpismo: la más salvaje hiper-explotación de la clase obrera migrante.