Cambio Climático. Fernando Valladares, investigador del CSIC

«La presión social cambia las prioridades»

¿Qué expectativas tiene puestas en la Cumbre? ¿En qué deberíamos medir los ciudadanos el éxito o fracaso?

El primer objetivo, que es no superar 1,5 grados de temperatura media del planeta, está muy difícil. No es viable porque llevamos mucho retraso. Ya estamos en 1,1 grados. Tenemos el límite de los 2 grados que no tenemos que rebasarlo, y el objetivo siempre será volver a 1,5. 

Pero hay algo diferente a otras COPS, que es la gran presión social. Los líderes y representantes de grandes empresas están planteándose darle la vuelta a las emisiones porque lo contrario la gente no lo va a comprar. Ya hablan de los activos varados, es decir, inversiones que tienen los días contados. 

Pero no olvidemos que esta cumbre tiene un papel más humilde. Nos estamos preparando para la del año que viene, que es la que sustituye al Protocolo de Kioto. En la pasada asistieron 150 países, y en esta 40. 

¿Qué opinas de que tengan representación política los negacionistas?

Lo que hemos hecho es hacerlos salir del armario. Yo hago una clasificación en tres tipos. Los primeros son los que tenemos más presentes: Trump, Bolsonaro, la ultraderecha, los nacionalistas, los populistas… que no tienen escrúpulos, y dicen grandes mentiras en contra del conocimiento científico. Son tan exagerados que no me preocupan, aunque sea desproporcionado el poder que tienen. Son el hazmerreír, como los terraplanistas. 

Me preocupan los del tipo dos, que son personas que tienen ganas de dudar, gente que dice que no puede ser que esto sea así. Aquí tenemos un campo de acción muy grande para que cambien su posición de forma respetuosa. Según como se polaricen las cosas se pueden inclinar a un lado o al otro. El tercer tipo son los desinformados, que sencillamente no saben qué es el ozono o el CO2

Hemos pasado de que la responsabilidad individual en el cuidado del planeta, a la acción colectiva de exigir responsabilidades a las multinacionales y los gobiernos…

Empodera mucho a los jóvenes que se hayan dado cuenta de esto. Llevamos muchos años con reflexiones sobre el medio ambiente que no sirven de nada. Han tenido que venir las futuras generaciones, que respetan el planeta en su acción individual pero que son conscientes de que esa escala no sirve. Imagina pequeños colectivos haciendo huertos solares… eso no sirve. Lo que están haciendo con los Viernes por el Clima no se puede ignorar. 

Estamos activando dos caminos, el rápido y el lento. El de los acuerdos internacionales es lento porque hay países que todavía ni pueden contabilizar cuánto emiten; hay que poner de acuerdo el mercado de negocios, las exportaciones e importaciones, las balanzas de pagos, la macroeconomía, el marco jurídico… Pero podemos ganar mucho tiempo con esta presión social que hace que los políticos cambien sus prioridades. 

En este sentido, la información científica es fundamental, porque es objetivo que el 70% de las emisiones las producen las multinacionales

Claro, los movimientos juveniles piden “la verdad”. Como científico estoy muy acostumbrado a la verdad, aunque consciente de que es compleja. Pero lo primero que les digo a los jóvenes es si están preparados para la verdad. Llevamos 30 años publicando cosas, y los primeros informes eran suficientes para tomar muchas acciones. Que la gente lo entienda cambia las cosas, pero también nos hace duros, porque estamos hablando de un mucho diferente, de un modo de vida diferente. 

Por eso hay que trabajar la motivación. Trabajamos la convicción, y vamos bien… hoy se publica una estadística donde el grado de convicción en España con el cambio climático, respeto a Europa, es muy alto. Pero, ¿cuál es la motivación, la ética, la religión, nuestros hijos…? Debe ser la que están teniendo estos jóvenes, ser parte de un cambio histórico de la humanidad. Sería la primera vez que la humanidad se antepone a un problema, en vez de adaptarse. 

¿Cuáles son los puntos sensibles de la Cumbre?

Hay varios frentes. Los titulares de ayer (el primer día de la Cumbre) me desanimaron porque hablaban de las grandes empresas como si fueran el problema y ahí estuviera la solución. Y no van desencaminados, pero el sector industrial y financiero tiene que hacer una gran reconversión: hay que saber dónde ganan el dinero. Hacen las cuentas pero no sabemos dónde están los beneficios. Me parece bien que ganen dinero, pero quiero saber dónde está el beneficio. Si consiguen subvenciones para actividades de combustibles fósiles, hay que cambiarlo. Es un problema de transparencia en la financiación. 

Luego hay que ganar en efectividad, que es el segundo objetivo del Acuerdo de París, y minimizar la huella ecológica de las actividades. Los sectores agrario y ganadero tienen que ver cómo producir alimentos con menos carbón. Hacer más con menos emisiones. Pero no hablo de eficiencia económica, porque tenemos la tendencia a mezclar la economía y la ecología. Antes te hablaba de dinero, ahora de eficiencia. Hay que producir los alimentos con menos carbonos. 

Y algunas herramientas ya las tenemos. La sociedad no es consumidora activa de muchas fórmulas bajas en carbono, porque se desconocen, porque son más caras, porque se desconfía… hay que hacer el esfuerzo de invertir en energías limpias, en otros tipos de transportes… y ese esfuerzo de inversión inicial dará mucha rentabilidad. 

Todo el mundo puede ver cómo está cambiando nuestro clima. ¿Cuáles  son las líneas rojas a las que nos aproximamos?

El nivel freático, por ejemplo, las capas de agua dulce en el subsuelo. El caso más grave está en los países de Oriente Próximo, que están haciendo con agua fósil hasta pistas de esquí artificial. Pero los tenemos en los acuíferos de La Mancha o de Murcia. Son acuíferos que tardan miles de años en renovarse y los estamos sobreexplotando. 

Otro ejemplo es la erosión del suelo. Cuando se pierde la fertilidad tarda mucho tiempo en reponerse o no se recupera. También está la pérdida de línea de costa, y esto no es rápidamente reversible. Son puntos de no retorno. Otro límite con poco arreglo es el de los glaciares –hemos visto en los medios lo de los Pirineos–, porque son indicadores de otros climas y restos de cuando hacía más frío, que tienen muchas funciones: regulan el ciclo hidrológico, la producción hidroeléctrica, la provisión de agua más gradual… Cuando se funde un glaciar se pierde para siempre información científica que tiene siglos. 

¿Cómo valora los objetivos de España?

De objetivos vamos bien. Vamos a ver lo que se hace vinculante y se compromete. Esa es la incertidumbre en estas cumbres, lo que se decide al final. Se debería conservar la idea inicial de París de que cada país haga lo mejor que pueda sin estar pendiente del resto. Las declaraciones de nuestros líderes son buenas, tenemos un Ministerio de Transición Ecológica, pero es solo uno y cuántas competencias tiene, y cómo son vinculantes sus decisiones para la economía… si no sabemos ni qué gobierno vamos a tener cuando necesitamos mucha gobernanza.