Detrás de los escándalos de corrupción, y de las diferentes posiciones que se toman, se esconde una batalla política central. Lo que está en juego es sí puede continuar un gobierno de coalición de izquierdas, o si se procede -vía elecciones anticipadas o conduciendo al actual ejecutivo a una debilidad máxima- a un cambio en la Moncloa. En un momento donde la única alternativa es un gobierno más “trumpista”, del PP con Vox.
Sánchez insiste en que el gobierno va a resistir, y que las elecciones se celebrarán “cuando toca”, en verano de 2027. Pero la realidad es que la legislatura está, como nunca antes, en la cuerda floja.
Medios españoles conservadores plantean que el caso Zapatero “compromete al Gobierno, y de forma personal a Pedro Sánchez”. Medios norteamericanos afirman que Sánchez “está contra las cuerdas”, calificando el caso Zapatero como “un nuevo golpe para el gobierno de izquierdas”.
El clima político no va a suavizarse, al contrario. Van a salir más revelaciones en el caso Zapatero. En el caso Leire-Cerdán el sumario, que acaba de hacerse público, es demoledor. Nadie descarta ahora que Pedro Sánchez pueda ser llamado ante el juez como testigo, o incluso como investigado. Y está abierta en la Audiencia Nacional una causa por posible financiación ilegal del PSOE, la línea roja que todos los socios han colocado para dejar de apoyar al gobierno.
Las grietas en las fuerzas que sostienen al gobierno empiezan a abrirse.
Aitor Esteban, del PNV, afirma que “la legislatura ha llegado a su fin” y que “el interés general demanda elecciones”. Miriam Nogueras, de Junts, plantea que “no esperamos nada más que el presidente Sánchez convoque elecciones”.
Un clima político tóxico que puede beneficiar a la ultraderecha. La última encuesta del CIS da a Vox un ligero aumento, de 1,5 puntos, tras dos meses de caídas.
Un gobierno PP-Vox, que siga, ya veremos en qué grado, la senda del trumpismo, como ya está sucediendo en algunas autonomías, sería un desastre para el país y para el pueblo. La situación es extremadamente grave.
.
El aumento de la desigualdad, la mayor debilidad del gobierno
No es solo corrupción
Pedro Sánchez intenta salir al paso de los escándalos planteando: “No vamos a permitir que las corruptelas de unos pocos tapen una gestión que tiene niveles récord de empleo, crecimiento y gasto social”.
El presidente exhibe sus logros económicos. Nadie niega las cifras de crecimiento y creación de empleo, las mayores de Europa. Pero al mismo tiempo, bajo este gobierno de coalición de izquierdas, la desigualdad ha aumentado notablemente.
La realidad es que, a pesar de las “medidas sociales”, hoy la riqueza está peor distribuida que hace ocho años, cuando Sánchez llegó a la Moncloa.
Fondos norteamericanos han incrementado sus ganancias y aumentado su dominio en bancos y monopolios, y en sectores como la vivienda, la sanidad o la agricultura. Y las ganancias del Ibex-35 casi se han duplicado. Mientras que el salario neto real de un trabajador es hoy, de media, menor que en 2018.
Se ha subido el salario mínimo, pero los precios disparados han recortado la mayoría de sueldos.
Además, en tres cuestiones estructurales -vivienda, sanidad y educación-, estamos hoy peor que hace ocho años.
En la vivienda el alquiler se ha duplicado, aumentando entre un 78% y un 94%.
Se ha deteriorado la sanidad y la educación públicas. No se han revertido los recortes y no se ha aumentado la inversión al ritmo que se incrementaba la población. Somos la cuarta economía de la UE pero el 14º país en inversión sanitaria.
Este empeoramiento de las condiciones de vida de la mayoría es el principal factor de debilidad del gobierno. Evitar un gobierno PP-Vox exige tomar medidas contra la corrupción, pero también, y sobre todo, impulsar una política basada en la Redistribución de la Riqueza y al servicio de la mayoría social.
