Con diapositivas de rascacielos y panoramas paradisiacos, hablando de oportunidades para los inversores inmobiliarios y hombres de negocios. Así presentó Donald Trump su «Board of Peace» (Junta de Paz) para Gaza en el Foro Económico de Davos.
Una hoja de ruta de la Casa Blanca que pretende convertir la Franja de Gaza en una «ciudad de vacaciones y negocios» y en un protectorado norteamericano, y que impone un gobierno colonial tutelado por el propio Trump que margina a los palestinos de cualquier toma de decisiones. Y que condena a los gazatíes a ser mano de obra barata -en el mejor de los casos- o a ser obligados al desplazamiento forzoso de su propia tierra.
Foro de Davos, 22 de enero. El encuentro anual donde se dan cita los más poderosos miembros de las clases dominantes y de las élites políticas del mundo. Este es el escenario donde Trump y su equipo -el empresario y negociador Steve Witkoff y Jared Kushner, empresario también y yerno del presidente de EEUU- presentaron su «Board of Peace» para Gaza.
Lo hicieron al más puro estilo de los inversores inmobiliarios de Wall Street, justamente el mundo de donde procede el propio Donald Trump. Con todo tipo de planos e imágenes generadas por ordenador, que mostraban ciudades futuristas y un urbanismo de vanguardia, presentando una «Nueva Gaza» y un «Nuevo Rafah» con hasta 80 rascacielos, zonas de turismo costero, parques industriales, más de 100.000 unidades habitacionales, un nuevo puerto cerca de Egipto, un aeropuerto, centros de datos y un corredor logístico. Un plan de 25.000 millones de dólares -para el que cada país que se apunte a formar parte de él, ha tenido que poner encima de la mesa 1.000 millones de dólares- que según Trump transformará la Franja en la «Riviera de Oriente Medio».
Con imágenes doradas y promesas millonarias. De esta manera, tan descarnadamente obscena, tan desvergonzadamente abyecta, Trump y su gobierno trataba de esconder bajo la alfombra el atroz genocidio que ha perpetrado Israel en este enclave costero, con cerca del 90% de los edificios reducidos a 68 millones de toneladas de escombros; con más de 71.000 palestinos asesinados -aunque expertos humanitarios como Francesca Albanese, relatora especial de la ONU para Palestina, advierten que podrían ser diez veces más- y más de 171.000 heridos. Con más de dos millones de gazatíes obligados a vivir como refugiados en su propia tierra, languideciendo de hambre y de frío mientras Israel sigue lanzando bombardeos ocasionales y bloqueando la entrada de ayuda humanitaria.
El ‘Board of Peace’ de Trump no sólo es una compañía privada de gestión diseñada para el control de Gaza y su explotación urbanística e inmobiliaria, sino un proyecto hegemonista para que la superpotencia -directamente o a través de su gendarme israelí- controle no sólo a Palestina, sino un punto estratégico para el dominio de Oriente Medio o de las rutas comerciales entre el Mar Rojo y el Mediterráneo. Una nueva «Compañía de las Indias Orientales» para Gaza.
Una «Junta de Paz» de la que se ha excluido a los palestinos, tanto a los gazatíes como a la Autoridad Nacional Palestina, y que estará presidida y supervisada -con derecho de veto en todas sus decisiones- directamente por Donald Trump. La formarán también, además de Witkoff y Kushner, el secretario de Estado de EEUU, Marco Rubio, el general estadounidense Jasper Jeffers y el ex primer ministro británico Tony Blair.
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¿Qué países y gobiernos forman parte del Board of Peace?
Evidentemente, de este gobierno neocolonial forma parte el propio Israel, autor directo del genocidio en Gaza, a costa del cual ahora extraerá negocios y beneficios. Pero también hay otros aliados de EEUU que se han sumado a repartirse el pastel de los escombros de la Franja.
Tenemos países árabes y musulmanes como Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos (EAU), Turquía, Qatar, Jordania, Egipto, Bahréin, Pakistán, Indonesia, Marruecos. Y también otros gobiernos que buscan en esta Junta ganar cercanía con EEUU para sus propios intereses: la Argentina de Milei, la Hungría de Orbán, así como Armenia, Azerbaiyán, Bulgaria, Kazajistán, Kosovo, Paraguay, Uzbekistán, Mongolia, Albania, Bielorrusia, e incluso Vietnam.
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¿Qué países se han negado?
Otros importantes países se han negado a participar en una propuesta que además de neocolonial y moralmente indefendible, es prácticamente «incompatible con la legalidad internacional y con la Carta de la ONU». Esta es la razón por la que los 27 paises de la UE -a excepción del gobierno protrumpista de Hungría- hayan rechazado participar en la Junta de Paz de Gaza que ha montado Trump.
El presidente del Consejo Europeo, António Costa, ha recalcado que aunque Europa quiere «trabajar junto con los Estados Unidos en la implementación del Plan de Paz integral para Gaza”, debe ser “con una Junta de Paz llevando a cabo su misión como administración transitoria, de acuerdo con la Resolución 2803 del Consejo de Seguridad de la ONU”.
Más crítico ha sido el presidente español Pedro Sánchez, que ha señalado que “esta Junta está fuera de la ONU y no ha incluido a la Autoridad Palestina. El futuro de Gaza y Cisjordania deben dirimirlo los palestinos”.
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¿Y qué pasará con los gazatíes?
Todo el mundo se hace la misma pregunta. Además de quedar excluídos de la toma de decisiones ¿qué implica la hoja de ruta de Trump para Gaza para la propia población civil gazatí que ahora sobrevive en tiendas de refugiados después de haber sido masacrada durante dos años?
Según el plan presentado por Jared Kushner, la reconstrucción de la Franja comenzará por Rafah, al sur, donde está previsto que se levanten viviendas para la «fuerza laboral» que lleve a cabo el desescombro y luego desarrolle los trabajos necesarios para que se produzca la plusvalía.
Se supone que junto a este desescombro llevado a cabo por los palestinos, se produciría la retirada de las tropas israelíes del terreno, repliegue que ya debería haberse producido de acuerdo a los términos del Plan de Paz firmado en octubre entre Hamás y Netanyahu. Pero los hechos de momento indican que el gobierno israelí no tiene ninguna intención de hacer nada parecido, sino todo lo contrario.
«Las imágenes satelitales revisadas por BBC Verify mostraron la semana pasada que Israel ha seguido ganando terreno sobre lo acordado inicialmente en la línea amarilla de control de Gaza. Los reportes desde Israel indican que la intención de Netanyahu y su Gobierno es mantenerse en ese territorio de forma permanente, ampliando su control hasta el 75% del territorio, como el propio Netanyahu dijo en agosto de 2025», dice Pablo Elorduy para El Salto.
Por tanto, en el mejor de los casos, el destino de los gazatíes es servir de mano de obra barata para reconstruir lo que el sionismo ha bombardeado con saña durante más de dos años, para levantar la «Riviera de Oriente Medio» al servicio de los grandes inversores inmobiliarios de Wall Street, y para luego ser los empleados del servicio doméstico para las grandes fortunas que quieran disfrutar del lujo frente al Mediterráneo.
Pero esa -la opción colonial- es sólo la menos bárbara. La otra -y la más probable, viendo la naturaleza depredadora, criminal y genocida tanto del Estado de Israel como del hegemonismo norteamericano- es que los planes de Tel Aviv y Washington lleven tarde o temprano al desplazamiento forzoso de los dos millones de gazatíes a algún lugar aislado y mísero del planeta (como Somalilandia, la región separatista de Somalia, que acaba de ser reconocida por Israel) para que puedan ser aún más parias de lo que ya son, lejos de la tierra que les pertenece por derecho.
