Manuel Rico, escritor, poeta, novelista y crítico literario

La IA: esa ladrona de libros

La IA es una herramienta de futuro pero, como cualquier avance, debe estar regulado para que no se produzcan abusos como los actuales. La IA roba libros

Manuel Rico es escritor, poeta, novelista y crítico literario, además de presidente de la Asociación Colegial de Escritores de España (ACE), una de las principales organizaciones de defensa de los derechos de autor en el ámbito literario. En los últimos meses, ACE ha impulsado una intensa campaña de sensibilización ante el impacto de la inteligencia artificial generativa en la creación literaria, reclamando garantías para los autores frente al uso masivo de obras protegidas para el entrenamiento de modelos de IA.

La entidad forma parte de las organizaciones que han promovido el manifiesto por una Inteligencia Artificial Generativa (IAG) sostenible y ética, una iniciativa que reclama tres principios básicos para cualquier utilización de obras protegidas: autorización, transparencia y remuneración. En esta entrevista, Manuel Rico analiza los riesgos que plantea la expansión de estas tecnologías para la creación literaria y los derechos de autor.

.

Como presidente de ACE, ¿de qué manera es la IA una amenaza para los autores en el ecosistema literario actual?

En el momento actual, más que una amenaza, ha sido el gigantesco perjuicio de los hechos consumados. Desde 2019, al menos, las grandes tecnológicas y, en parte, las administraciones han llevado a cabo un auténtico saqueo de dimensiones incalculables utilizando, para entrenar a los distintos modelos de IA, libros, artículos y otros contenidos protegidos por derechos de autor. Sin comunicárselo a los autores, sin permiso, sin pagar y sin transparencia. Y de cara al futuro, es una amenaza para la creatividad y la originalidad humana, para el trabajo de escritores y traductores.

.

Autorización, transparencia y remuneración. ¿Cree que estos tres principios son hoy negociables o deberían ser ya una exigencia legal ineludible?

No son negociables. Son exigencias que se están planteando en Europa y que forman parte de la plataforma de demandas de ACE y de la Conferencia de Asociaciones de Escritoras y Escritores, en la que estamos integrados. Hay que aplicar con contundencia la Ley de Propiedad Intelectual en el mundo digital del mismo modo que se aplica en el mundo físico.

.

La IA no puede sustituir la experiencia humana de la escritura. ¿Qué es aquello que hace irreductible la literatura escrita por un autor frente a los modelos generativos?

Lo que la hace insustituible es la experiencia de la que se nutre la literatura: la memoria íntima y la memoria colectiva, la cotidianidad, los sueños, las emociones y, sobre todo, el hecho de que los modelos de IA son fórmulas matemáticas que nada tienen que ver con la búsqueda de la originalidad. Cada escritor es un mundo que busca lo inimaginable, la construcción de un sueño con palabras, lo que nadie escribió antes, aunque tenga una gran experiencia lectora.

.

En el debate sobre la IA se habla mucho de oportunidad tecnológica, pero usted subraya el riesgo de explotación de obras sin permiso. ¿Dónde está el límite entre innovación y apropiación?

La utilización de toda obra artística con autor debe ser autorizada por el creador que la firma. Y debe ser compensada, informando al autor de sus usos. Ese es el límite: que el autor o la autora autoricen ese uso. Si no es así, no puede utilizarse. Se produce una apropiación: un robo.

.

¿Cómo valora la respuesta actual de las instituciones europeas y españolas ante el impacto de la IA en los derechos de autor? ¿Van por detrás de la realidad tecnológica?

Creo que es insuficiente. En Europa se aprobó la Ley de la IAG, pero tiene zonas de indefinición por las que se cuelan los intereses de las tecnológicas. Y el reglamento europeo, aplicable en España, refleja esas indefiniciones.

Es imprescindible concretar que lo que vale en el mundo físico se traslade al mundo digital. El respeto a la propiedad intelectual no queda plenamente garantizado. No se precisa cómo se garantiza la tríada autorización, remuneración y transparencia. Es la única vía para contar con una IAG sostenible y ética, respetuosa con los derechos de autor.

.

En el manifiesto por una IAG sostenible se plantea la necesidad de acuerdos colectivos entre asociaciones de escritores. ¿Qué capacidad real tienen hoy estas organizaciones para influir en las grandes plataformas tecnológicas? ¿Cuáles son las necesidades y posibilidades de apoyo del resto de la sociedad?

Manuel Rico

Las tecnológicas son gigantes supranacionales con volúmenes de negocio superiores a las economías de muchos Estados. Con la IA no solo pretenden actuar sin barreras ni límites, sino que proyectan un modelo de sociedad ultraliberal, sin reglas, basado en el beneficio sin límite y poco amigo de la democracia.

Las asociaciones deben unir sus esfuerzos y propuestas a los de las entidades de gestión de derechos, coordinarse con otros sectores artísticos y lograr acuerdos con los gobiernos y la representación popular para que legislen con firmeza y defiendan la dirección pública regulatoria de los Estados, que responden a intereses sociales y generales y no a intereses privados y especulativos. En cada país y a nivel supranacional. En esas estamos ahora con el manifiesto.

.

La literatura necesita nuevas formas y renovación constante para seguir siendo significativa. ¿Cómo se conjuga esa idea de innovación estética con la defensa de la autoría tradicional?

La innovación estética siempre ha estado vinculada a la creatividad humana. La IA debe ser un aliado respetuoso de los autores. Las búsquedas en internet, la estructuración de trabajos y todo aquello que facilite las tareas colaterales —y necesarias— a la creación literaria son ayudas legítimas.

Pero la creación humana es el motor de toda innovación. Es la imaginación o el sueño traducido en palabras. En los años de las vanguardias, en la década de 1920, o de la contracultura en Estados Unidos, la innovación estética fue humana y respondía a necesidades humanas. Habrá libros escritos por la máquina —ya los hay—, pero no serán literatura. Y seguirá habiendo literatura humana.

.

¿Los textos generados por IA pueden afectar a la percepción social del valor de la escritura humana?

Creo que se producirá un proceso de diferenciación. La experiencia de la “literatura” escrita por IA es una experiencia plana, carente de la singularidad que aporta un autor con todo su acarreo de vida.

Ya hay iniciativas en otros países por parte de las organizaciones autorales para crear un certificado o sello de creación humana. Se está debatiendo en Europa. En último extremo, puede ser una solución. De hecho, ACE Traductores está llevando a cabo una campaña por un sello de “traducción humana”.

.

Siempre ha reivindicado la dimensión crítica de la literatura. ¿Qué papel puede jugar hoy la escritura frente a un escenario cultural influido por algoritmos?

Es inimaginable que una obra creada con IA sea una obra literaria que cuestione el modelo social dominante, escrita desde la óptica de los oprimidos, de los explotados de la historia, que cree personajes complejos, capaces de enfrentarse a las “verdades” del capitalismo, con personajes como Azarías, de “Los santos inocentes”, de Delibes, o el protagonista de “Réquiem por un campesino español”, de Ramón J. Sender.

.

¿Qué cambios concretos necesitamos para proteger a los escritores sin frenar el desarrollo tecnológico?

El desarrollo tecnológico y la IA solo pueden tener límites éticos y de interés colectivo. Tienen que evolucionar en un marco radicalmente democrático y controlado por los poderes emanados de la voluntad popular, todo lo contrario de lo ocurrido hasta ahora.

Es decir, aplicar con rigor la Ley de Propiedad Intelectual en el uso de obras literarias en cualquier modelo de IAG, desde el entrenamiento hasta la explotación comercial de las obras.

No hay que frenar el desarrollo tecnológico. En sanidad, en desarrollo social y económico, en políticas de igualdad, en medicina, en medio ambiente y contra el cambio climático es imprescindible ese desarrollo. Pero ha de ser limpio, sostenible, social y ético. Así no solo los escritores, sino todos los creadores, estaremos protegidos. Y la sociedad, por supuesto.