Un mismo hilo une la gran mayoría de las movilizaciones que sacuden el país. Se llama salarios recortados. La inflación ha subido mucho más que nuestro sueldos. Y eso significa que nuestro nivel de vida se ha recortado. A esto se añade la sangría que para muchos supone el disparatado nivel de los alquileres o las cuotas hipotecarias.
Cuanto más aumenta el atraco sobre la población, más se incrementan las movilizaciones.
España va bien, pero la población no. Esta frase resume lo que sucede en el país. Encabezamos el ránking de crecimiento de la UE, y el gobierno presume de unas muy buenas cifras macroeconómicas. Pero la mayoría vemos recortado nuestro nivel de vida. Porque la inflación devora los salarios, la salvaje subida del alquiler, el precio de la vivienda se convierte en un factor de empobrecimiento, o se degradan, para privatizarlas, la sanidad y la educación públicas… Mientras bancos, monopolios y capital extranjero, principalmente el norteamericano, pulverizan récords de ganancias.
Fijémonos en la huelga de profesores. En Valencia las y los docentes llevan veinte años con los salarios congelados. En realidad su sueldo se ha recortado. Gracias a la inflación han perdido un 20% de poder adquisitivo. Esto significa que, en términos reales, cobran entre 340 y 550 euros menos al mes. En Cataluña la situación de profesoras y profesores es peor. Desde 2010 han perdido un 22% de poder adquisitivo. O lo que es lo mismo, su salario real se ha recortado 517 euros al mes.
En los últimos siete años el salario mínimo ha subido un 61%, pasando de 735 a 1.184 euros. Es una excelente noticia que beneficia a entre 2,3 y 2,5 millones de trabajadores. Pero esto no puede detener el empobrecimiento a que se condena a la mayoría.
Desde 1995 el PIB español ha subido un 347%. Los dividendos que reparte el Ibex-35 sí han subido acorde a este crecimiento, se han incrementado un 373%. Pero el salario real de los trabajadores apenas ha subido un 5%. Es decir, prácticamente lleva más de dos décadas congelado. En el conjunto de la OCDE, los países de capitalismo desarrollado, el salario real ha subido desde 1995 un 31%. Seis veces más que en España.
Y desde 2015 estas cuentas, las que nos interesan porque miden lo que cobramos realmente, nos salen “a pagar”. Nuestro salario real se ha recortado un 5% en los últimos 10 años.
Tras ocho años de gobierno de coalición de izquierdas, este recorte salarial en términos reales no solo no se ha detenido sino que ha avanzado.
Esta es la gasolina que alimenta el incendio social, traducido en un incremento de las luchas y movilizaciones.
El problema es estructural, y la solución también debe serlo. No hay “colchón social” que pueda contener el recorte del salario real, a golpe de subida de precios, o el disparatado incremento de los alquileres.
Es necesario subir los salarios de la mayoría, no solo el salario mínimo, hasta recuperar el poder adquisitivo perdido.
Hay que tomar medidas drásticas para acabar con el atraco de la vivienda, de forma que el alquiler o la hipoteca no se convierta en una losa.
Un programa para mejorar las condiciones de vida de la mayoría que debe financiarse a través de una auténtica política de Redistribución de la Riqueza. Si recortamos los beneficios de bancos, eléctricas, petroleras, fondos extranjeros… que se han triplicado en los últimos veinte años, hay dinero de sobra.
