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La deuda que no se puede pagar no se paga

Esta afirmación, que puede parecer un eslogan de ultraizquierda, es lo que sostiene el prestigioso Martin Wolf del Financial Times, refiriéndose a Grecia. Cuando EEUU no ha podido pagar su deuda no la ha pagado, cuando Alemania no ha podido pagar la suya, no lo ha hecho. No hace falta ser economista para saber que un país cuya deuda total es del 175% del PIB ya no la puede devolver. Y España, cuya deuda total (pasivos en circulación) ascendía a septiembre al 144% del PIB, que ha crecido con Rajoy en 536.000 millones en dos años y nueve meses –¡más que en los 12 años anteriores!–, y una deuda externa neta subiendo sin freno y que supera el 100% del PIB, tampoco puede. Y no solo es el volumen de deuda, es que las causas que la produjeron, gasto sin control, incompetencia, corrupción sistémica y enriquecimiento de las élites, siguen intactas.

La victoria aplastante de los ultraizquierdistas de Syriza, que han formado gobierno en 48 horas con la derecha nacionalista de To Potami (“El río”), cuando en España se tarda más de un mes para dar tiempo a nuestra corrupta clase política a hacer sus últimos favores y esconder la basura, era algo perfectamente previsible. En palabras de Wolf, “en la bruma de una supuesta recuperación (Samaras, como Rajoy, también vendía recuperación pero con más motivo, porque Grecia está creciendo más que España), con un desempleo del 25%, un paro juvenil que superaba el 50% y una caída del bienestar mayor que la del PIB, es una catástrofe y no puede sorprender a nadie que los griegos hayan rechazado al anterior Gobierno y a unas políticas solo del agrado de sus acreedores”.

Similitudes y diferencias de las deudas griega y española

Empecemos por las causas y los beneficiarios de unas deudas tan enormes como injustificadas. Wolf recuerda lo obvio: que los acreedores que ahora claman por la devolución de lo debido “tienen la clara responsabilidad moral de haber realizado los préstamos de forma tan imprudente. Si no han sabido analizar diligentemente a quienes prestaban, merecen lo que les va a suceder”. En España esa imprudencia ha sido clamorosa: los masivos préstamos de las cajas alemanas (y otras) a unas entidades financieras dirigidas por políticos ineptos y corruptos que han despilfarrado, robado y engañado sin límite, en lugar de haber sufrido fuertes quitas como en el resto del mundo, se ha obligado al pueblo español a asumir la totalidad de esta deuda.

En Grecia, ante un problema similar, unos gobernantes mucho más listos, aunque no menos venales que estos inútiles que nos gobiernan, consiguieron una quita espectacular. En marzo de 2012 los acreedores privados, con el Deutsche Bank y la BNP Paribas a la cabeza, aceptaron una quita del 53,5% de los títulos de deuda de ese país. ¡Una condonación de más de 100.000 millones de euros! Condonación que, dado el tamaño de su economía, es el equivalente a que a España le hubieran condonado 500.000 millones de euros. Justo al contrario, el irresponsable de Rajoy, con España también al borde de la quiebra, utilizó la barra libre del BCE para endeudar a las generaciones futuras para devolver toda la deuda, con lo que el dinero que entraba en forma de deuda adquirida con el dinero del BCE volvía a salir. Solo en España los acreedores han recuperado la totalidad de lo prestado. Un disparate histórico.

De un 90% del PIB en 2011, Rajoy ha incrementado la deuda en dos años y nueve meses a un colosal 144% –el mayor crecimiento de nuestra historia– y, como la deflación está creciendo, el peso de la deuda es cada vez mayor, aparte de que el déficit ni cesa ni cesará. Del orden de la mitad ha sido para pagar deuda de las élites económicas –bancos, constructoras, eléctricas, etc.–, más de 100.000 millones para pago de intereses, y el resto para mantener en pie la monstruosa estructura de un Estado clientelar y corrupto. En Grecia los grandes conceptos eran similares: recapitalización de la banca griega y devoluciones de deuda en que habían incurrido las oligarquías (que como en España se han enriquecido lo inimaginable), necesidades operativas del Estado e intereses.

A partir de ese momento, la deuda griega tomó un derrotero completamente diferente a la española, tan diferente como la solución de 2012. No les extrañará la “admiración” que suscita el pródigo Rajoy en la “troika” y en la Sra. Merkel. “Nosotros somos un país serio y cumplimos”. Y si para ello hay que arruinar a varias generaciones de españoles, pues se las arruina y en paz. El 80% de los préstamos a Grecia serían de organismos oficiales, Gobiernos (el nuestro, 26.000 millones, algo que Zapatero explicó que iba a ser un negocio redondo) e instituciones. La condición era la reducción del gasto y acabar con la corrupción y el enriquecimiento de las élites. Como en España, nada de esto se hizo.

Las opciones de Grecia

Grecia siempre ha estado al borde de la bancarrota, pero las élites política y económica siempre se las han arreglado para salir a flote. Para entrar en el euro, Aznar y Rato vendieron las grandes empresas públicas a precio de saldo a la oligarquía nacionalista. En Grecia, mucho más listos, contrataron a Goldman Sachs, que envió a su mejor hombre (Mario Draghi) con su equipo de virtuosos en contabilidad creativa para engañar a Bruselas, que deseaba ser engañada, y no tuvieron que vender nada. El sector público empresarial, electricidad, refinerías, astilleros, puertos, con un valor de unos 300.000 millones de euros (más que su deuda), permanece intacto.

Ahora Tsipras ha empezado por el acercamiento a Rusia, algo lógico ya que lo que más define a una nación, religión y cultura, son idénticos. Putin, para quien la ruptura del euro y el debilitamiento de la UE, ante la injerencia inaceptable de Bruselas en Ucrania, son estratégicamente esenciales, está dispuesto a ayudar a Grecia a tope. Y tiene medios más que suficientes, suministrándole gas, petróleo y materias primas a crédito y al precio interno de Rusia, muy por debajo del precio de mercado, lo que ayudaría más que la austeridad a la recuperación del país. Después, ha adoptado una postura desafiante hacia sus acreedores, negándose a negociar con la troika, algo tal vez matizable porque el presidente del Eurogrupo es un prepotente y un impresentable.

Las opciones de Grecia según Wolf son tres: la correcta, la conveniente y la desastrosa. La correcta sería que Europa ofreciera una quita “sustancial” de deuda a cambio de reformas, empezando por un recorte drástico del gasto público de forma que el país no solo no gastase (excepto intereses de deuda) más de lo que ingresaba, sino que tuviera un superávit primario, una iniciativa que podría ser válida para España. Y es que el problema no es la deuda, sino las causas que la generan, y como Rajoy desconoce la ética y la responsabilidad y lo único que le importa es el poder, ha abierto las compuertas del despilfarro, de la compra de votos y voluntades a sus redes clientelares para no quedar barrido. Le importa un pimiento fundirse el dinero del QE, como se fundió el de la barra libre, e hipotecar a las generaciones que sea menester.

La conveniente sería extender los plazos de vencimiento de al menos parte de los 240.000 millones recibidos desde 2010 o reducir los intereses de esa deuda. Otra forma sería ligar las amortizaciones de la deuda al crecimiento del PIB. Todo del máximo interés para España, porque antes o después seguiremos ese mismo camino. Justo lo contrario de lo que hace Rajoy, que trata de hundir a Tsipras y así frenar a Podemos. Algo de un cortoplacismo y una estupidez suicidas, porque cuando la deflación alcanza nada menos que el -1,7%, Rajoy, que ya no sabe qué inventarse, dice que España ¡va a crecer al 3%!, cuando para crecer un supuesto 1,4% a precios constantes en 2014 ha tenido que incrementar la deuda externa neta en más del 12% del PIB, el mayor aumento de nuestra historia, y la inversión exterior directa ha caído a la mitad de la de 2013. Rajoy lleva a España al abismo.

Y finalmente, la desastrosa: empujar a Grecia a la suspensión de pagos, o más en concreto, que el BCE dejara de operar con el Banco Central de Grecia, lo que obligaría al país a salir del euro. Eso sería catastrófico, pero no sería Grecia la única perjudicada, porque para empezar la deuda no se devolvería, y como decimos en Salamanca, más vale el 50% de algo que el 100% de nada, y para seguir demostraría que la “unión monetaria de la Eurozona no es algo irreversible”, y el fracaso del euro sería algo que, como afirma la propia Sra. Merkel, pondría en cuestión todo el orden europeo de la posguerra. España, Portugal y tal vez Italia serían los siguientes.

El mayor problema es el corto plazo. Tsipras ha decidido paralizar las privatizaciones en marcha, lo que le ha enfrentado a China; readmitir a los funcionarios despedidos (un disparate), subir el salario mínimo (otro disparate), y dar electricidad gratis y bonos de comida a los 300.000 pobres entre los más pobres, lo que es de justicia. Pero esto cuesta 12.000 millones de euros, y habiendo rechazado los 7.000 que iba a recibir de la troika, ¿de dónde los va a sacar? La electricidad, de Rusia, sin problemas, pero ¿y el resto? No sé si tiene algún as en la manga. ¿Un crédito puente de Rusia? Putin está dispuesto a jugar muy duro con la UE, y por mal que esté, 5/7.000 millones no serían imposibles porque si no, se lo ha puesto fácil a sus enemigos. Solo tienen que sentarse a ver cómo se estrella.

Muchos griegos de clase media y trabajadora han dejado de pagar impuestos: más de 3.000 millones desde noviembre pensando que con Syriza no les va a pasar nada. Las salidas de capitales crecen cada día y, lo que es peor, la gente empieza a sacar el dinero de los bancos. Más vale perder un 1% que arriesgarse a perder un 50%. Por ello Iglesias, para quien la victoria de Syriza es una oportunidad de oro para ganar las elecciones, debería marcar distancias muy claras. Tienen que ofrecer un programa concreto alternativo al desastre de estos inútiles que nos gobiernan, algo que no solo es posible, sino sencillo. Porque Tsipras se ha echado al monte y puede descarrilar, lo que sería letal para Podemos.

De momento, lo están haciendo hábilmente una vez abandonadas las inviables propuestas iniciales. La apenas presencia de banderas en el mitin de multitudinario del sábado (que superó todas las expectativas), la apelación al patriotismo (“España no es una marca que se pueda comprar y vender”), el ataque a Rajoy (“basta ya de Gobiernos cobardes que no defienden a sus pueblos”) y a un modelo de Estado que “engorda las cuentas de los privilegiados mientras adelgaza las de la gente”, la denuncia de la mayor desigualdad del mundo desarrollado (“corrupción es que el 1% más rico tenga lo mismo que el 73% de los españoles”), o el “hay que rescatar a la gente y no a los bancos”, son verdades indiscutibles que no solucionan los problemas por sí solas pero que llegan al corazón de la gente. Su propuesta para Andalucía de presentar una serie de iniciativas para ayudar a “los sectores de población más excluidos y vulnerables” sí es creíble y puede hacer que arrasen.

Que Rajoy mienta como un bellaco anunciando a bombo y platillo falsas bajadas de impuestos cuando acaba de informar oficialmente a Bruselas que los impuestos subirán en 2015, 2016 y 2017 (porque está bajando el IRPF y subiendo todo lo demás) o que afirme que “no acepto la España negra que pintan” son de un cinismo y una miseria moral inauditas. ¿Cómo llama Rajoy a tener más paro que cuando llegó, a tener la mayor deuda de nuestra historia, a dejar sin esperanza al 50% de la juventud, a crear casi exclusivamente empleo tercermundista de 600-800 euros, a ocultar la quiebra de las pensiones, a haber llevado la corrupción institucional y personal al mayor nivel de Europa, a ser el país con mayor desigualdad social de la OCDE, a tener a un 27% de españoles al borde de la pobreza, a reducir la cobertura de paro y dejar a cientos de miles tirados en la cuneta? No le servirá para engañar de nuevo a una mayoría de españoles. Solo un desastre en Grecia podría ayudarle.