Las consecuencias humanitarias de ocho meses de asedio energético de EEUU sobre la isla

La asfixia de Trump sobre Cuba deja sin oxigeno a médicos y enfermos

Casi 100.000 cirugías suspendidas, otros 98.500 pacientes en espera quirúrgica, 34.000 embarazadas sin ecografías y 67.000 niños sin vacunación. La mortalidad infantil se ha duplicado.

Los ocho meses trascurridos desde que -tras el golpe a Venezuela- Trump decretara una asfixia energética total sobre la isla, impidiendo que llegue una gota de petróleo, han conducido al colapso total a la economía cubana, generando una gravísima crisis humanitaria que impacta de lleno sobre el sistema de salud de la isla, sobre sus profesionales… y sobre todo sobre los más vulnerables, los ancianos y los enfermos.

No hace mucho tiempo que Cuba, dentro de todas sus carencias económicas, presumía de tener uno de los mejores sistemas sanitarios del mundo; de tener nueve médicos por cada mil habitantes, el doble que la media de la UE; de formar a profesionales sanitarios extraordinariamente preparados; de exportar facultativos a países amigos -como Venezuela, Guatemala, Honduras o Brasil- para que pusieran en marcha programas de salud para los sectores populares con menos recursos; de tener hasta 27 facultades de Medicina punteras en investigación biomédica, capaces de desarrollar vacunas, fármacos y tratamientos contra enfermedades como la diabetes o el cáncer de pulmón.

Todo eso se ha venido abajo en este 2026, después de que los EEUU impusieran sobre la isla un auténtico asedio medieval.

Por dar sólo algunas cifras, según TeleSur: casi 100.000 cirugías suspendidas, otros 98.500 pacientes en espera quirúrgica, 34.000 embarazadas sin ecografías y 67.000 niños sin vacunación al día. La mortalidad infantil se ha duplicado y subió a 9,8. Faltan o escasean el 60% de los medicamentos esenciales

Estas son las consecuencias de la Dictadura Hegemonista Mundial sobre los 11 millones de cubanos. Una bárbara intervención de EEUU que todos los demócratas -más allá de su posición ante el régimen cubano- deben condenar de forma tajante.

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Pacientes desnutridos, médicos sobrepasados, hospitales desabastecidos

“No duermo pensando en si los pacientes habrán sobrevivido”, dice en un conmovedor artículo de La Vanguardia, un cirujano cubano de nombre P. que trabaja Pinar del Río, en el oeste de Cuba. Este facultativo trabaja en condiciones de extrema precariedad, con una escasez crítica de medicamentos, insumos sanitarios y recursos básicos para atender adecuadamente a sus pacientes. Confiesa que ha perdido peso, incluso pelo, y que ha tenido que hacer de tripas corazón para no caer en una depresión.

Lo que atraviesa el sistema sanitario cubano se parece demasiado a lo que ocurriría en una guerra. No poder coser el abdomen de un herido porque falta hilo para suturar, ver morir a pacientes por no tener sangre para la trasfusión, tener que pagar del propio bolsillo el trasporte de un enfermo porque no funcionan las ambulancias por falta de combustible, o retrasar la operación de joven con VIH porque no llegan los guantes.

Pero no sólo es en qué condiciones puede operar P. Los pacientes llegan desnutridos, debilitados por la escasez de alimentos, con anemia o falta de vitaminas. A veces, incluso después de una intervención exitosa, mueren simplemente porque la herida no cicatriza, porque su cuerpo no ha podido reponerse de la operación.

Este dramático colapso del otrora orgulloso y potente sistema sanitario cubano está determinado -obviamente- por la brutal asfixia económica y energética que ha decretado Donald Trump y su secretario de Estado -de ascendencia cubana pero furiosamente anticastrista- Marco Rubio. El bloqueo ha privado a Cuba del petróleo de Venezuela, que era el principal proveedor de crudo de la isla, pero también del de México: la Casa Blanca ha amenazado a las empresas mexicanas con duras sanciones si auxilian a La Habana. Las sanciones norteamericanas también dificultan en extremo el acceso de Cuba a la financiación, a realizar transacciones bancarias y por tanto a poder proveerse de equipos médicos, de material sanitario y de materias primas para elaborar los fármacos más triviales.

Todo ello se ha visto agravado por una situación de carestía crónica que ha hecho que buena parte de los médicos cubanos -al menos un 30%- hagan las maletas y emigren de la isla. Pero también con no pocas trabas burocráticas y flagrantes contradicciones propias del sistema cubano.

Las farmacias del Estado están desabastecidas, pero opera un mercado negro de medicamentos, pero está terminantemente prohibido que los médicos recurran a él. Los cirujanos como P. tienen a menudo que desobedecer esta ley, porque les va la vida de los pacientes en ello. Y también existen hospitales de pago donde -por un precio cada vez más excesivo, por 20.000 o 30.000 dólares- se pueden acceder a tratamientos y cirugías que ahora mismo, por la asfixia, se han dejado de hacer en los centros públicos.

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Un drama humanitario que todo demócrata debe condenar

Las gravísimas consecuencias humanitarias del bloqueo energético total impuesto por la administración Trump son mucho más amplias que las que afectan al funcionamiento del sistema sanitario. La falta de combustible y de luz eléctrica -los apagones duran 22 horas al día- impactan de lleno en la distribución y conservación de alimentos, en el abastecimiento de agua potable, en la recogida de basuras, en el transporte público. Suponen un infierno cotidiano pars ningún secreto. La Administración Trump busca instrumentalizar a la población civil mediante escasez y privaciones para forzar el cambio de régimen.

Esta descarada y brutal intervención imperialista ha sido tajantemente condenada por un equipo de expertos independientes de derechos humanos de Naciones Unidas. Han denunciado que el «intento de alterar el orden constitucional de un Estado soberano mediante amenazas y coacción» es intolerable, que «la alimentación o la salud de la población nunca debe ser instrumento de presión política». Y han reclamado que el Consejo de Seguridad y la Asamblea General de la ONU «aborden urgentemente» las amenazas a Cuba «como cuestión de paz y seguridad internacionales».