Análisis

La agresión imperialista de EEUU contra Venezuela, un acto de la Dictadura Hegemonista Mundial de Trump

El brutal ataque de EEUU contra Venezuela ha sacudido toda América Latina, ha conmocionado a todo el planeta y ha dejado claro hasta dónde está dispuesto a llegar Trump para imponer su Dictadura Hegemonista Mundial. Sin embargo, su agresividad en realidad revela el agudo retroceso que ha sufrido una superpotencia que está en su ocaso imperial.

El pasado 3 de enero los EEUU de Trump daban comienzo a una más que anunciada agresión imperialista. Los bombardeos caíán sobre Caracas y otros puntos, causando la muerte de 80 personas entre ellas decenas de civiles inocentes. Hasta 150 aeronaves surcaban el espacio aéreo venezolano y un comando de la élite norteamericana secuestraba al presidente Maduro y su esposa, llevándoselos a EEUU.

Una agresión en la que la Casa Blanca ha dinamitado cualquier respeto por la legalidad internacional, que forma parte de una ofensiva imperialista más amplia contra toda América Latina, y que ha desatapado sin tapujos el verdadero rostro de la Dictadura Hegemonista mundial de Trump.

Repasemos sus aspectos más relevantes, y la respuesta que ha recibido esta agresión, en el mundo y en nuestro país.

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Al bombardear Venezuela y penetrar en el país para secuestrar a su presidente, EEUU pone rostro a su intento de imponer una auténtica dictadura mundial, con el objetivo de revertir a toda costa su ocaso imperial y recuperar parte del terreno perdido.

EEUU ha puesto encima de la mesa su abrumadora superioridad militar. Lo ha hecho en Venezuela pero amenaza al conjunto del planeta. Trump ha declarado que “podemos bombardear otra vez lo que queramos, ningún país en el mundo tiene la capacidad que nosotros tenemos”.

Trump ha designado al secretario de Estado y al secretario de Defensa como los auténticos gobernantes de Venezuela, descartando la celebración de elecciones. Imponiendo al nuevo gobierno del país condiciones draconianas: “acceso a todo lo que pidamos, al petróleo, a carreteras y puentes para reconstruirlos, todo lo que exijamos nos lo tiene que dar”.

Han declarado que “nos vamos a quedar con el petróleo indefinidamente” para “nuestras grandes compañías petroleras estadounidenses”.

EEUU ha dinamitado toda la legalidad y el derecho internacional, auto otorgándose el derecho a intervenir militarmente en cualquier lugar del mundo, y sin admitir límite alguno.

La superpotencia ya ha amenazado directamente a tres de los principales países iberoamericanos. Trump ha sugerido que vería con buenos ojos una posible operación militar en Colombia. Y Marco Rubio ha deslizado que Cuba también podría ser el blanco de otro próximo ataque. Incluso México es blanco de sus amenazas, deslizando la posibilidad de acciones militares en su territorio.

Y han extendido su amenaza al conjunto del planeta: “todos los que se enfrentan a EEUU saben que esto puede sucederles”.

Tras bombardear Venezuela, EEUU ha vuelto a reiterar su intención de controlar Groenlandia. Marco Rubio ha declarado que EEUU estaría dispuesto a comprar Groenlandia, pero no ha descartado una “solución militar”. Trump ha reiterado que “necesitamos Groenlandia desde un punto de vista de estrategia de seguridad nacional. Está rodeada de barcos de China y de Rusia”. Y Stephen Miller, uno de los principales asesores de Trump, ha dado una razón contundente para apoderarse de Groenlandia: “Somos una superpotencia (…) “Vivimos en un mundo donde se puede hablar todo lo que se quiera sobre sutilezas internacionales, pero vivimos en el mundo real… que se rige por la fuerza, por el poder. Estas son las férreas leyes del mundo”.

Lo que hace EEUU forma parte de un plan plasmado en la nueva Estategia de Seguridad Nacional del gobierno Trump, la “hoja de ruta imperialista” de la superpotencia. Sus ejes son :

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La agresión imperialista sobre Venezuela anuncia la dictadura mundial que EEUU busca imponernos. Pero esa exhibición de fuerza oculta su debilidad. Su ofensiva supone un grave peligro, pero es una maniobra a la defensiva ante el avance de la lucha de los pueblos.

Tras el 11-S, EEUU ya busco imponer una dictadura terrorista mundial para revertir su declive. Ahora vuelven a intentarlo, pero en peores condiciones. El fracaso en Irak y Afganistán, con una emergencia china disparada y un salto en el avance de los pueblos del mundo, abrió la época de su ocaso imperial.

La forma que ha adoptado el ataque norteamericano sobre Venezuela expresa este retroceso.

En 1989 EEUU invadió y ocupó Panamá. Hoy no ha podido hacer lo mismo. Para preparar el ataque, la CIA sacó del país a María Corina Machado, la lider más proyanqui de la oposición, porque su presencia generaría enfrentamientos. La inteligencia de la superpotencia propuso como única salida forzar un pacto con sectores del régimen chavista. Por eso Trump ha prescindido de la Nobel venezolana, afirmando que “carece de apoyo y respeto”, no aspira a un cambio de régimen y descarta unas elecciones. Aunque plantea que “controlaremos el país hasta garantizar una transición segura”, está intentando negociar un acuerdo con la nueva presidenta venzolana, Delcy Rodríguez.

Washington no ha podido ejecutar un golpe “a lo pinochet”, cooptando a militares venezolanos que lo encabecen. Han actuado en lo fundamental “desde fuera”. Como plantean varios analistas “EEUU ha dado un golpe de fuerza pero no tiene el dominio del país”.

El continente americano tampoco es el mismo. En 1989, con la excepción de Cuba, todos los gobiernos seguían las directrices de EEUU. Hoy muchos de los principales países han condenado la agresión imperialista norteamericana sobre Venezuela. Lo han hecho Brasil, México, Colombia…

Hace 40 años China, un país surgido de una revolución proletaria e independiente de EEUU, no era la segunda potencia mundial. Ni existían los BRICS, ni se les esperaba. Hoy Brasil, el mayor gigante del continente, es miembro clave de los BRICS. Ahora China es el primer socio comercial de toda America del Sur, incluyendo Brasil. Durante el último año, China ha comprado el 84% del petróleo que ha exportado Venezuela. Y no lo ha pagado en dólares, siguiendo la estrategia para combatir el dominio de la moneda norteamericana impulsado por los BRICS.

Antonio Rodríguez (México)

EEUU ya no puede imponer un gobierno títere en Venezuela. Busca retomar el control de las riquezas del país, evitando el acceso a ellas de China. Trump lo ha dicho claramanente: “No vamos a permitir que en nuestro patio trasero Venezuela se convierta en proveedora de recursos (petróleo, gas, oro, tierras raras) para nuestros adversarios, pero no para nosotros»

La nueva Estrategia de Seguridad Nacional de EEUU con el gobierno Trump fija su prioridad en el “hemisferio occidental”, en el continente americano. Lo hacen porque han perdido terreno en lo que ya no es su “patio trasero”. Plantean explícitamente que “tras años de abandono, EEUU reafirmará y aplicará la doctrina Monroe” para imponer “una restauración sensata y contundente del poder y las prioridades estadounidenses”… ahora amenazadas por el avance de los pueblos.

En las últimas décadas han crecido en el continente los países que se enfrentaban a EEUU, y que se apoyan en China para ello. EEUU reacciona furibundamente porque está retrocediendo.

El New York Times, portavoz de uno de los sectores de la burguesía norteamericana ha publicado un editorial bajo el título “El ataque de Trump a Venezuela es ilegal e imprudente”.

En él se recuerda que “Estados Unidos pasó 20 años sin conseguir crear un gobierno estable en Afganistán. Las consecuencias trágicas de la guerra de 2003 en Irak siguen persiguiendo a Estados Unidos y al Medio Oriente”. Calificando la actuación del gobierno Trump como un “aventurerismo militar” que “amenaza con reproducir la arrogancia estadounidense que condujo a la invasión de Irak en 2003”. Y concluyendo con una sentencia: “Tememos que el resultado del aventurerismo de Trump se traduzca en un daño duradero para los intereses de EEUU en todo el mundo”.

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La mayoría de países del mundo, y una parte importante de organismos internacionales, han condenado la agresión norteamericana o la consideran ilegal y contraria al derecho internacional. Quienes la apoyan explícitamente son una minoría. Y confirme se rebela el calado de la amenaza que suponen los planes norteamericanos aumenta el rechazo global.

China ha condenado el «ataque militar estadounidense» como una «violación flagrante de la soberanía y la integridad territorial».

A través de sus medios oficiales (Diario del Pueblo y Global Times) el PCCh ha difundido un artículo bajo el título “Los ataques norteamericanos contra Venezuela son una alarma para la gobernanza global”. Planteando que “esta crisis demuestra además que el hegemonismo es un enemigo común de toda la humanidad. La única manera para que la comunidad internacional erradique el suelo del que surge el hegemonismo es unirse firmemente en apoyo al derecho internacional, a la equidad y la justicia, y trabajar juntos para promover cambios en la gobernanza global”. Reafirmando que “los países latinoamericanos han experimentado un aumento sin precedentes en su conciencia sobre la autonomía estratégica, la intervención estadounidense solo puede lograr un éxito temporal”. Y señalando que “las reacciones de todo el mundo dejan claro que el intento de Estados Unidos de afirmar su autoridad en el hemisferio occidental mediante medidas contra Venezuela ha sido rechazado por la gran mayoría de los países, lo que demuestra la tendencia irreversible hacia el multilateralismo y el amplio consenso a favor de la equidad y la justicia”.

La mayoría de países miembros de los BRICS han condenado la agresión norteamericana.

Lula, presidente brasileño, denunció el ataque como un «grave atentado a la soberanía de Venezuela» y un «precedente extremadamente peligroso».

Sudáfrica ha condenado enérgicamente la agresión estadounidense, cuestionando: «¿Volvemos ahora a la ley de la selva?» y expresó su solidaridad con Venezuela.

Irán también condenado el «ataque militar estadounidense» como una «violación flagrante de la soberanía nacional y la integridad territorial».

Muchos de los principales países hispanoamericanos han denunciado el ataque norteamericano.

A Brasil se ha unido México -los dos grandes gigantes del continente-. La presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, ha rechazado cualquier intervención extranjera.

El presidente de Colombia, Gustavo Petro, calificó el ataque norteamericano como “una agresión contra la soberania de Venezuela y América Latina”.

Y en la misma Venezuela, muchas organizaciones de centroizquierda y socialdemócratas que estában enfrentadas con el régimen chavista, están denunciando la intervención norteamericana.

En todos los continentes crecen los países que denuncian el ataque norteamericano. En Asia Malasia, Vietnam… En África Nigeria, Liberia, Mali, Burkina Fasso...

El secretario general de la ONU, el portugés Antonio Guterres, ha declarado que la acción militar de EEUU contra Venezuela viola el derecho internacional.

La Unión Europea reaccionó tarde a través de un comunicado que llamaba genéricamente a respetar el derecho internacional, sin condenar la agresión norteamericana. Expresando un extremo vasallaje hacia EEUU. Pero ya se ha visto obligada reaccionar, con un pronunciamiento de todos sus miembros, excepto Hungría, enfrentando las pretensiones norteamericanas sobre Groenlandia.

Solo los gobiernos más ultras y proyanquis, desde Israel y Japón a Milei o el futuro presidente pinochetista de Chile, han apoyado abiertamente el ataque norteamericano sobre Venezuela.

La corriente principal en el mundo, que crece conforme pasa el tiempo, no es al acatamiento de los planes norteamericanos, sino a un rechazo cada vez más abierto y tajante.

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En España una amplia mayoría social, en la izquierda y en la derecha, rechaza la agresión norteamericana y la dictadura mundial de Trump. La influencia del pueblo determina que el gobierno español esté denunciando el ataque de EEUU contra Venezuela, frente al seguidismo imperante en la UE y uniéndose con los gobiernos de Iberomérica más a la izquierda.

-Pedro Sánchez publicaba el mismo día del ataque -tras la rueda de prensa de Trump- un mensaje en X: “España no reconoció el régimen de Maduro. Pero tampoco reconocerá una intervención que viola el derecho internacional y empuja a la región a un horizonte de incertidumbre y belicismo.

Firmando un comunicado con algunos de los gobiernos más progresistas de Hispanoamérica -Brasil, México, Colombia, Chile y Uruguay-, donde se denuncia que la acción militar unilateral “contraviene principios fundamentales del derecho internacional, en particular el uso y la amenaza de la fuerza, el respeto a la soberanía y a la integridad territorial de los Estados, consagrados en la Carta de las Naciones Unidas”. Y manifiestan su “preocupación ante cualquier intento de control gubernamental, de administración o apropiación externa de recursos naturales o estratégicos”.

Es significativa la posición de Borrell, denunciando “la mansedumbre” de la posición dominante en la UE ante la agresión norteamericana, acatándola al no denunciarla. Remarcando que hay muchos países en Europa que creen que “la única solución es intentar bailarle el agua” al presidente estadounidense, Donald Trump, porque “temen que Estados Unidos decida dejar de proteger a Ucrania”. Añadiendo que “Trump abandonará Ucrania o no según le convenga”.

-En la sociedad española es dominante el rechazo al ataque norteamericano y a su dictadura mundial. Es significa la encuesta publicada en un medio conservador como El Español: aunque un 57% celebra la caída de Maduro, un 64% considera ilegal el ataque norteamericano.

Todos los partidos de la izquierda a la izquierda del PSOE han expresado su condena de la agresión norteamericana. Y CCOO y UGT han emitido un comunicado conjunto bajo el título “Firme condena del ataque de Donald Trump a Venezuela”. En él se plantea que “la operación bélica representa una “invasión imperialista de un estado soberano para hacerse con el petróleo”.

Pero el rechazo a los ultra agresivos plantea de EEUU avanza también en sectores conservadores.

-Vox y los sectores más agresivos del PP -los representados por Ayuso, por ejemplo- han aplaudido los ataques norteamericanos sobre Venezuela. Pero el PP se ha visto obligado a matizar su posición. Del apoyo inicial sin reparos a expresar dudas sobre la legalidad de la operación o disentir de la degradación de la oposición venezolana por parte de Trump. Incluso las FAES de Aznar ha declarado que “tutelar por parte de EEUU la transición democrática en Venezuela es una cosa, colonizar el pais otra muy distinta”. Calificando de “torpeza de Trump”, el ninguneo a Maria Corina Machado y las negociaciones son los sectores del régimen chavista.

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Nuestra posición ante la agresión imperialista de EEUU contra Venezuela y los planes por imponer una dictadura mundial por parte del hegemonismo, es clara

-Denunciamos la agresión imperialista de EEUU contra Venezuela, defendiendo de forma cerrada la soberanía venezolana.

Nos enfrentamos a los planes norteamericanos por imponer un auténtica dictadura mundial, en Hispanoamérica o contra Europa.

Llamamos a todos los demócratas, en la izquierda y en la derecha, al margen de la posición que tengan sobre el régimen venezolano, a condenar los ataques de EEUU y defender la paz, la soberanía de cada país y el derecho internacional.

Apoyamos la posición del gobierno denunciando la agresión de EEUU y uniéndose con los gobiernos más progresistas de Iberoamérica. Y planteamos unir el amplio rechazo a los planes norteamericanos en un frente anti Trump, que abarque al 90%, en la izquierda y en la derecha. Partiendo de que no hay que estar de acuerdo con Maduro para denunciar la agresión de EEUU.

Alertamos contra el peligro y la amenaza de los planes norteamericanos, pero desde la posición de que quien está retrocediendo es el hegemonismo. Su respuesta a la ofensiva es una maniobra a la defensiva para intentar detener su ocaso ante al avance de la revolución y de la lucha de los pueblos.