Centrales Nucleares

Jugando con la vida de los demás

El nuevo ministro de Energia cuestiona el cierre de centrales nucleares con más de 40 años de actividad.

Las centrales nucleares tenían fecha de cierre a medida que cumplieran su vida útil estimada que inicialmente era de 25 años y luego se prorrogó hasta los 40. Ahora este cierre escalonado está en cuestión y el PP pretende permitir que sigan funcionando, lo que sería un inmenso negocio para las electricas y un peligro para todos. Este cambio de criterio ha reactivado el movimiento antinuclear.

Este 4 de febrero cientos de personas se manifestaron frente al consulado de España en Lisboa para pedir el cierre de la central situada cerca de la frontera con Portugal y para que no se construya el almacén de residuos nucleares (ATI). La protesta clausuraba la Conferencia Internacional Antinuclear, organizada por el Movimiento Ibérico Antinuclear (MIA). A la construcción del ATI se opone hasta el Gobierno de Portugal, que el pasado enero entregó en la CE una queja en Bruselas.

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Garoña

La central de Burgos cumplió ya 47 años de uso, sólo producía el 1,4 de la electridad generada en España y era la siguiente que debía cerrarse. En julio de 2009 el Gobierno aplazó cuatro años su cierre y desmantelamiento. Dado que ya estaba sobradamente amortizada, les generaba 150 millones de euros de beneficios anuales. En 2011 tras el accidente de Fukushima, (de los mismos constructores y tecnología que la de Garoña) aumentaron las protestas y sus propietarios (Iberdrola y Endesa), pararon la central. Pero de nuevo se plantean su reactivación para otra década y el Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) votará, cuando este periódico esté en la calle, el informe que avala la reanudación de operaciones de la central. La Asociación Profesional de Técnicos de Seguridad Nuclear y Protección Radiológica (ASTECSN) acaba de denunciar que las actualizaciones para mejorar los niveles de seguridad de las instalaciones que se le exigió a la empresa propietaria de Garoña no se han llevado a cabo. Sin embargo, el CSN a petición de la patronal de las eléctricas, ha eliminado la condición previa de realizar esa revisión periódica de seguridad para obtener el informe favorable para prolongar el permiso de explotación de la centrales nucleares. «La energía eólica es más barata que la nuclear»

Almaraz

Esta central nuclear construída en Cáceres arrancó en 1980 y también pertenece a Iberdrola, Endesa y Unión Fenosa. Su cierre debería cumplirse en 2020, pero saltó la alarma sobre los planes para prolongar su funcionamiento al conocerse la autorización dada por el Consejo de ministros para la instalación de un Almacén Temporal Individualizado (ATI), que abre las puertas a la prolongación del funcionamiento de Almaraz más allá de los 40 años. El alargamiento de su vida útil acrecienta los riesgos. Baste recordar que en 2016 se conoció un informe de cinco técnicos de la central indicando que no hay «suficientes garantías» de que las bombas de agua que evitarían un accidente funcionen con normalidad, al detectarse deformaciones en piezas de los motores, y se apunta a que desde hace 19 años no se realizan revisiones periódicas.

Nada justifica el riesgo

Si la posibilidad de accidente de una central existe, como demuestran los hechos, sólo se justifica su existencia por el interés de quienes obtienen un beneficio económico y están dispuestos para ello a arriesgar la vida de miles de personas. Aún si las centrales nucleares fueran una alternativa rentable de producir energía habría que oponerse anteponiendo la vida al riesgo que suponen; pero es que además son caras e innecesarias. En España existe ya la capacidad para producir cinco veces la energía que generan las nucleares con centrales de gas que están paradas a la espera de ser necesarias en picos de demanda. Y por cierto, en nuestra factura de luz se incluye una parte para el pago puntual que se le hace a los monopolios eléctricos para que las tengan preparadas aún sin uso. Además la energía más barata ya es la eólica. Y eso que en el coste de la nuclear no se imputan los inmensos gastos que supone tratar y almacenar los residuos durante los próximos siglos.

Las centrales nucleares son un peligro. Quien defiende su funcionamiento siempre afirma que son seguras; hasta que periódicamente ocurre un accidente: Three Mile Island, Chernobil, Fukushima… Y cuando ocurre, el desastre es incontrolable.