Israel ha saludado el acuerdo de paz lanzando la Operación «Oscuridad Eterna», la mayor y más mortífera ola de ataques aéreos sobre Líbano desde que comenzó la nueva guerra contra ese país, arrojando más de 160 bombas en pocas horas, causando en un sólo día más de 250 muertos y más de 1.000 heridos.
El 8 de abril, millones de iraníes respiraron aliviados por una pausa en los ataques de EEUU e Israel a sus ciudades, a sus casas. En Líbano no pudieron celebrar otro tanto. Israel lanzó la oleada de ataques aéreos más intensa y sangrienta desde el inicio de la actual invasión.
Hasta 50 aviones de combate israelíes lanzaron, en apenas 10 minutos, más de 100 ataques sobre diferentes objetivos en ciudades como Beirut, Sidón o Tiro, así como en el valle del Bekaa y el sur del Líbano.
Hay confirmados 254 muertos, aunque algunas fuentes lo elevan a más de 300, junto a más de 1.100 herdos, siendo sin duda la jornada más letal de la actual agresión sionista. Entre ellas hay identificadas familias enteras y al menos 3 niñas, pero hay decenas de personas atrapadas entre los escombros.
Los ataques contra Beirut fueron especialmente mortíferos, al dirigirse deliberadamente contra barrios residenciales y comerciales densamente poblados del centro y la zona costera de la capital. En la ciudad de Tiro, varios proyectiles impactaron sobre zonas cercanas a centros sanitarios, como el Hospital Hiram, que sufrió daños graves y heridos entre personal médico).
En un nuevo hito de crueldad e ignominia, uno de los ataques golpeó el cementerio de Shmustar en el valle de Bekaa, durante un funeral, asesinando diez personas e hiriendo a otras cuatro.
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Con el plácet de Washington… aunque luego tiró de la correa
Para que no quede ninguna duda. Al anunciar la tregua, tanto las autoridades iraníes como el primer ministro de Pakistán, Shehbaz Sharif, subrayaron que el acuerdo de alto el fuego aplica “en todas partes, incluido Líbano”. Pero adictos a la posverdad goebblesiana, tanto Netanyahu como Donald Trump se apresuraron en demostrar lo contrario.
El primer ministro israelí declaró que no tiene ninguna intención de detener su ofensiva contra Líbano, «justificada» en el combate a las milicias de Hezbolá. Poco después, su ministro de Finanzas, el ultraderechista Bezalel Smotrich, anunció públicamente que Israel comenzará a expandir sus fronteras hacia Líbano, Siria y Gaza.
La connivencia de Washington con su gendarme sionista también ha quedado patente. Al preguntar los periodistas a la Casa Blanca sobre los bombardeos en Beirut, la portavoz Karoline Leavitt dijo que «Líbano no estaba incluida en el alto el fuego», lo cual ha sido desmentido tajantemente tanto Teherán como Islamabad.
Sin que ni siquiera los negociadores de EEUU e Irán se sienten a negociar en Pakistán el cierre definitivo de la guerra, la frágil tregua ya estaba en peligro. Pocas horas después Washington tuvo que tirar de la correa de su dóberman sionista, llamándole a contenerse, para evitar que descarrilase todo otra vez y se cerrase el Estrecho de Ormuz.
