En estos momentos la paz y la estabilidad mundiales están gravemente amenazadas.
Las bombas caen sobre escuelas de niñas en Minab, sobre hospitales en Teherán y sobre barrios residenciales en Beirut. Millones de personas miran ahora con incertidumbre al cielo, preguntándose si hará llover misiles sobre sus cabezas, sobre sus familias. Es una escalada militar tan aventurera como incendiaria, tan peligrosa como desestabilizadora, en pos de los inconfesables objetivos geopolíticos de una superpotencia que quiere recuperar, a sangre y fuego, el terreno perdido durante décadas en Oriente Medio.
En Europa, la desestabilización de Oriente Medio nos concierne de manera cercana, y ya la podemos notar si vamos a poner gasolina. El bloqueo del Estrecho de Ormuz y el bombardeo de refinerías e instalaciones petroleras en la región va a repercutir de manera drástica en el precio del crudo y del gas, y por ende en toda la cadena de mercancías, provocando una ola inflacionaria y una crisis económica similar a la que vivimos hace cuatro años con el estallido de la criminal invasión imperialista de Ucrania.
Esta guerra, la guerra de Trump, pone en peligro la vida de millones de personas en Oriente Medio, pero también amenaza la paz, la estabilidad y la soberanía de Europa.
Tenemos que parar la guerra. Tenemos que detener esta criminal ofensiva imperialista.
Y para ello debemos unir todo lo unible, en el mundo y en nuestro país. Debemos formar un frente amplio, lo más amplio posible, por la paz, por la legalidad internacional, contra la barbarie y el dictado del Pentágono.
Un frente amplio de unidad que vaya de la derecha a la izquierda, de lo social a lo político. Debemos unir a todos los sectores sociales, a todas las diferentes sensibilidades que se oponen al belicismo de Trump.
Debemos unir a la Iglesia, a la gente que por sus convicciones religiosas clama por la paz. Debemos unir a la gente que por sus posiciones demócratas., moderadas o europeístas, por su defensa de la legalidad internacional, se opone a los dictados avasalladores del inquilino de la Casa Blanca. Debemos unirnos la izquierda, aparcando las diferencias, para impedir que nuestro país sea arrastrado a una guerra de agresión, perdiendo aún más su soberanía.
Debemos unir al mundo de la cultura, a los artistas e intelectuales que en la Gala de los Goya volvió a gritar «No a la Guerra», volvió a dar ejemplo de compromiso y posición al servicio de causas justas como la denuncia del genocidio en Gaza o la oposición a una ola reaccionaria y ultra liderada por Trump.
Debemos unir a sindicatos y organizaciones sociales, a cientos de miles de asociaciones, plataformas y colectivos que rechazan el ominoso camino de guerra al que nos quiere llevar EEUU.
Estos días hemos visto en las redes la masiva respuesta de apoyo que tiene defender la paz y la soberanía de España frente a las bravatas y las amenazas del emperador. En España hay un mayoría social aplastante que se opone a que nuestro país sea arrastrado a una guerra de consecuencias dramáticas para la Paz Mundial.
Debemos trabajar por esa unidad, por esa unidad amplia. Debemos perseguir y cuidar las condiciones para que se forje.
Es urgente, tan urgente como la amenaza a la Paz.
¡Ahora más que nunca, hay que parar la guerra!
