Contra el odio a los cuerpos

Habitar cuerpos gordos

Existir en cuerpos gordos cada vez se hace más difícil. Nos odian por ocupar espacio y nos venden soluciones para desaparecer.

El odio hacia las personas gordas, especialmente hacia las mujeres, aparece desde niñas y muchas veces disfrazado de preocupación por nuestra “salud”: “si no adelgazas, tienes más riesgo de sufrir X enfermedad”. Me pregunto si esa preocupación incluye también nuestra salud mental, o si simplemente es un argumento más fácil y convincente que admitir que odian a las mujeres que ocupan más espacio del que deberían según su canon de belleza. Un canon diseñado para que habitemos nuestros cuerpos desde el odio, desde una perpetua insatisfacción y una necesidad constante de consumir productos que nos “arreglen”, como es el caso del medicamento Ozempic.

Hace unos años se desarrolló el Ozempic para tratar la diabetes tipo 2, pero pronto se descubrió un efecto “colateral” muy rentable: reduce el apetito y provoca rápida pérdida de peso. La verdad es que parece el fármaco que las gordas hemos deseado toda la vida: una inyección que promete arreglarnos. Hoy se anuncia como la fórmula mágica para acabar con nosotras, ignorando algunos efectos secundarios, como diarrea, náuseas o dolor abdominal, debilitando así nuestros cuerpos. Al final, nuestra salud es lo último que importa, si es que importa. No nos quieren sanas; nos quieren débiles y enfermas.

No nos quieren sanas; nos quieren débiles y enfermas.

Por supuesto, a muchas de nosotras se nos ha pasado por la cabeza pedirle a nuestro endocrino que nos lo recete, porque habitar un cuerpo gordo cada vez se hace más difícil. Mientras que ser delgada (encajar, entrar en la ropa, comer tranquilas…) parece cada vez más fácil, aunque implique poner en riesgo nuestra salud. Si ya lo hemos hecho tantas veces con dietas, dejando de cenar o renunciando a salir a comer con nuestras amigas, ¿por qué no pincharnos Ozempic? ¿Qué podría salir mal si toda la vida nos han repetido que lo peor que puede pasarnos es seguir siendo gordas?

Para ser mujer y tener éxito parece que hay que ser delgada. Muchas de nuestras referentes, que alguna vez desafiaron el canon, ceden ahora ante la presión del Ozempic; mujeres que admirábamos por ocupar espacio sin pedir perdón ni permiso aparecen en redes con cuerpos delgados o publicitando este medicamento. El caso de Serena Williams, extenista profesional, es solo uno de los ejemplos más visibles: una figura poderosa convertida en imagen de una industria que promete salud a costa de nuestra desaparición.

Quieren borrar nuestros cuerpos, disfrazar la violencia que sufrimos en preocupación por nuestra salud y normalizar que solo los cuerpos que encajan en ese maldito canon merecen ser vistos, respetados y deseados.