EEUU da marcha atrás y anuncia un acuerdo sobre la isla

Groenlandia: Trump recoge cable (de momento)

Aunque pueda volver a intentarlo en el futuro, Trump ha tenido que recoger cable con respecto a Groenlandia. En Davos, Trump anunciaba un "marco de acuerdo" con la OTAN sobre Groenlandia y descartaba el uso de la fuerza para tomarla, anunciando también que retiraba los aranceles a los países europeos que habían enviado tropas de disuasión a la isla.

Tras semanas de tensiones, con Trump asegurando que «por las buenas o por las malas» se apoderaría de Groenlandia, territorio de Dinamarca, la presión diplomática de la Unión Europea -que tras la tibieza inicial ha ido subiendo el tono con Washington- parece haber dado frutos.

En el Foro de Davos, Trump anunciaba un «marco de acuerdo» con la OTAN sobre Groenlandia y descartaba el uso de la fuerza para tomarla, anunciando también que retiraba los aranceles a los países europeos que habían enviado tropas de disuasión a la isla.

Puede que sea una retirada táctica, un repliegue momentáneo. Las ambiciones geopolíticas del hegemonismo sobre la isla siguen en pie. Pero se ha demostrado que se puede torcer el brazo a Trump.

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Las semanas han sido de vértigo para Groenlandia, para Dinamarca y para toda la Unión Europea ante la perspectiva de que los EEUU se apoderaran por la fuerza de la isla usando como excusa sus «intereses de seguridad nacional», cruzando una línea roja -arrebatar militarmente territorio a un país europeo y de la OTAN- que ni siquiera Trump se había atrevido a cruzar.

Pero el hecho es que no sólo no se ha producido este hecho -la confiscación de Groenlandia- sino que Trump, aunque con una larga lista de amenazas que anuncian que puede volver a intentarlo en el futuro, ha tenido que recoger cable. Aunque inicialmente tibia y complaciente, la progresivamente más firme acción conjunta de los países europeos han logrado que el emperador se dé la vuelta.

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En el Foro de Davos

Antes de anunciar el acuerdo sobre la isla en el Foro de Davos, Trump hizo una larga lista de declaraciones que mezclaban amenazas y bravatas con la soslayada asunción de que -al menos de momento- no iba a poder conseguir apoderarse de Groenlandia.

Solo quiero un trozo de hielo” dijo Trump desde la tribuna de Davos. “No es pedir mucho”, insistió. «La necesitamos (a Groenlandia) por motivos estratégicos de seguridad nacional y seguridad mundial. Pueden aceptar, y les estaremos muy agradecidos, o pueden decir no, y no lo olvidaremos nunca», dijo, lanzando una nada disimulada amenaza.

En la misma perorata -que implicaba de manera implícita que desistía ante la «ingratitud» europea- Trump descartó el uso de la fuerza para controlar la isla ártica. Pero también remarcó que «ningún otro país o grupo de países puede garantizar la seguridad de Groenlandia salvo EEUU».

Trump se atragantó con Groenlandia. Alla y Chadvar (Bulgaria)

Poco después de esta comparecencia, saltaba la noticia. Trump anunciaba en su red social Truth un «marco para un futuro acuerdo»respecto a Groenlandia, tras una «reunión muy productiva con el secretario general de la OTAN, Mark Rutte». El acuerdo afecta no sólo a la isla sino a toda la región del Ártico. Anunció también la retirada de imponer sanciones a los países que habían enviado soldados a Groenlandia y aseguró que hay en marcha conversaciones «adicionales» sobre la Cúpula Dorada, su proyecto de sistema de defensa antimisiles, que «incumben» a Groenlandia.

Preguntado sobre el periodo de vigencia del acuerdo, ha afirmado que «no tiene plazo, es para siempre». «Tenemos todo lo que queríamos», ha remarcado el presidente norteamericano, en su habitual tono grandilocuente.

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Los intereses de EEUU en Groenlandia y el Ártico

¿Qué objetivos tiene EEUU en Groenlandia y por extensión en el Ártico? ¿Cuáles son esas razones de “seguridad nacional”?

Al menos hay dos imperativos de Washington en esta región, que antes pintaba poco o nada en los planes de las grandes potencias, pero que en los últimos años -al mismo ritmo que avanza el calentamiento global y el deshielo de los casquetes polares- ha multiplicado su importancia geopolítica.

El primer objetivo es el control de los gigantescos recursos naturales de Groenlandia y del resto del Ártico. En el subsuelo de la isla hay gigantescas reservas de hidrocarburos (con estimaciones de más de 35.000 millones de barriles) pero también de tierras raras y minerales estratégicos como cobre, níquel, zinc, titanio o uranio. Y si miramos al conjunto del Ártico, las reservas de hidrocarburos ascienden a 90.000 millones de barriles, y las estimaciones del Servicio Geológico de EEUU hablan de 1,5 millones de toneladas de reservas probadas de óxidos de tierras raras.

Pero siendo las riquezas naturales un valioso botín económico y una palanca de control geopolítico -estos minerales y tierras raras son un factor limitante para el desarrollo tecnológico- la importancia estratégica de Groenlandia y del Ártico radica en su papel de control de las nuevas rutas comerciales que el deshielo está abriendo, que circulan por la costa norte de Siberia (Rusia) o de Canadá, y que suponen una alternativa a los cuellos de botella de las rutas comerciales transoceánicas actuales (la del Canal de Panamá o la del Canal de Suez) que el hegemonismo controla.

EEUU necesita dominar estas nuevas rutas del Artico, pero sobre todo debe evitar que las controlen China o Rusia. Y por ello es clave reforzar su dominio militar de Groenlandia.

El acuerdo que ha anunciado en Davos le permite avanzar en esos objetivos. Pero ¿será suficiente o Washington volverá a la carga en el futuro para hacerse con la propiedad de la isla?

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La respuesta de las potencias medias

Como respuesta a un trato cada vez más avasallador de EEUU a Canadá, el primer ministro canadiense ha firmado un importante tratado económico y comercial con China

La Dictadura Mundial de Trump es peligrosa a cualquier velocidad. No es la primera vez que el republicano lanza una agresiva ofensiva para después retirar el órdago y rebajar sus exigencias a la mitad. No podemos descartar que no retome sus ansias territoriales sobre Groenlandia en el medio plazo.

Pero los hechos, se la ha hecho retroceder. En el Foro de Davos -punto de reunión anual de las oligarquías financieras occidentales y de sus élites políticas- se ha escenificado una corriente todavía insuficiente, pero incipiente y en ascenso, de resistencia de los países del Segundo Mundo contra una política exterior de Trump que trata de imponer la ley de la selva, y que les reserva un trato extremadamente humillante.

La voz más enfrentada en Davos a la Dictadura Mundial de Trump ha sido la de Mark Carney, primer ministro de Canadá. Además de haber firmado un reciente acuerdo comercial con China, mostró su intención de «hacer valer el artículo 5» de la Alianza en el caso de que EEUU invadiera Groenlandia, es decir, ponerse de parte de Dinamarca en un hipotético enfrentamiento entre miembros de la OTAN

«Hasta ahora hemos tratado de apaciguar al presidente de EEUU, hemos sido muy indulgentes con los aranceles, o cuando dejó de apoyar a Ucrania. Pero ahora se están cruzando tantas líneas rojas y tenemos que elegir entre el auto respeto o ser un esclavo miserable», dijo en Davos el conservador primer ministro belga, Bart De Wever.

En el Foro de Davos también se han escenificado las posiciones de las burguesías monopolistas europeas y de sus élites políticas que llaman a alzar la voz y adoptar una línea de resistencia frente al trato extremadamente vejatorio y avasallador de Trump

Por ejemplo Bart De Wever, primer ministro de Bélgica y de derecha conservadora. Ante la pregunta de qué debía hacer Europa ante las amenazas de Trump, respondió: «Hasta ahora hemos tratado de apaciguar al presidente de EEUU, hemos sido muy indulgentes con los aranceles, o cuando dejó de apoyar a Ucrania. Pero ahora se están cruzando tantas líneas rojas y tenemos que elegir entre el auto respeto o ser un esclavo miserable».

Es esta actuación conjunta, de los europeos y de otras potencias medias como Canadá, las que han obligado a Trump a recoger cable, haciéndole retroceder… al menos de momento.