Benjamín Prado

‘Esto no se veía desde la Generación del 27’

Desde su refugio en Rota, Benjamín Prado nos hizo un hueco en su tiempo más sagrado para descubrir la poesía y a las jóvenes plumas, como un géiser creativo

Benjamín Prado es uno de los más destacados poetas, novelistas, ensayistas y columnistas de nuestro país. Con 8 obras poéticas, 13 novelas y 8 ensayos, además de varias antologías, ha colaborado además con músicos como Joaquín Sabina, Amaia Montero, Coque Malla o el grupo Pereza.

Desde 2006 ha publicado 5 novelas de la serie del detective Juan Urbano, que han despertado el interés de una legión de seguidores de la novela negra. Ha sido jurado en varios premio de poesía, como el de Hiperión o el Premio de Poesía de Vera.

He tenido la oportunidad de compartir con él alguna aventura social, sin duda política, como la del blindaje constitucional de las pensiones. Por otra parte, tanto como leer su obra, se disfruta leer su opinión semanal en la prensa.

Iniciamos la entrevista con las preguntas que están respondiéndonos algunas de las plumas más destacadas de la poesía más joven, y que pretendemos recorrer en el presente curso editorial. Benjamín Prado es un faro creativo, al mismo tiempo que un gran promotor de nuevos artistas. Casi tan buenas son sus recomendaciones poéticas, como su obra.

De un tiempo a esta parte, la poesía se ha puesto de moda en un sentido amplio. No solo hay hace años un fenómeno de difusión en redes, también se publican más títulos. ¿A qué crees que se debe?

Portada de la última novela de Prado (2020)

Creo que son varios factores. Por orden de importancia, la sociedad se ha dado cuenta, aunque sea de forma intuitiva, de que necesita verdades, razones esenciales, un grado de sinceridad en el discurso que está por completo ausente de los discursos políticos e incluso de la propia actualidad. Y la poesía auténtica es justo eso: verdad, esencia.

En segundo lugar, hay una generación de jóvenes que ha creído en la poesía con una fe que no se veía desde los tiempos de la Generación del 27, y la ha llevado como estandarte por ateneos y bares, poniéndola de moda. Por último, tienes razón, las redes, que lo multiplican todo, han aumentado especialmente la difusión de aquellas cosas que mejor se adaptan a su manera de funcionar, por ejemplo la radio, los aforismos o la poesía: la primera ya era inmediata, participativa, contemporánea de los acontecimientos, portátil… Los segundos le vinieron como anillo al dedo al mundo de los caracteres contados y las frases con alma de titular.

El año pasado el Nobel, el Princesa de Asturias o el Cervantes, los ganaron poetas. ¿Es casualidad?

Lo que importa es que fueran poetas tan extraordinarios como Louise Glück o Joan Margarit. No hay nada que le haga tanto daño a la poesía como un mal poema, y al contrario, que gente de esa envergadura literaria se lleve un premio que hará correr sus versos como la pólvora, es una bendición para el propio género.

‘No hay nada que le haga tanto daño a la poesía como un mal poema’

¿Hay una forma de comunicación más ‘compartible’ en redes sociales que no hay que entender como poesía? Hay críticos que diferencian entre poetas y ‘versificadores’, a la hora de hablar de determinados autores, sobre todo surgidos en las redes sociales

Hay enterradores a los que llamamos críticos. La poesía, como todo arte complejo, necesita tiempo, perspectiva y una dosis de generosidad. El tiempo no es verdad que lo cure todo, pero sí que pone cada cosa y a cada uno en su sitio. Yo creo que en las nuevas generaciones hay de todo, como en todas, y que con el transcurrir de los años y el aumento de su obra quedará claro quiénes estaban de paso y quiénes para quedarse. Lo de siempre. Luego, algunos, por ceguera, por celos o por llamar la atención, le tiran a dar a todo lo que vuela y niegan que cualquier cosa que brille pueda ser de oro, quizá porque confunden el éxito con la falta de talento. Pues miren, no: Elvira Sastre es un fenómeno cultural y social, sin duda, y eso no le resta un milímetro de calidad a lo que escribe, es muy buena, además le va muy bien y yo brindo por las dos cosas.

¿Es la necesidad de profundizar en el alma de las cosas una de las razones por las que se “viraliza” la poesía?

Eso ha sido así desde siempre, no todo el mundo era Góngora y Quevedo en el Siglo de Oro, que está lleno de autores muy menores. Y tampoco es nuevo que una obra se difunda, por causas ajenas a la propia literatura, más de lo que habría sido de esperar: a mí me parece que Unamuno, una estrella de su época, con una capacidad extraordinaria para protagonizar debates y polémicas, es un intelectual de primera, un gran narrador y un poeta de andar por casa, forzado y mejor en la medida en que imitaba a otros, como hace con Bécquer en Teresa. A Cernuda, sin embargo, le parecía el más grande de su tiempo. ¿Más que Juan Ramón Jiménez o Antonio Machado? Todo es opinable, pero no todo es verdad.

‘Hay enterradores a los que llamamos críticos’

¿Qué suele influir en que tu próxima obra sea un libro de poesía, una novela o un ensayo?

Benjamín Prado con el cantante Joaquín Sabina. Juntos han escrito varias canciones, entre ellas la mayoría de los discos Vinagre y Rosas (2009)​ y Lo niego todo (2017).

Inicié la serie de novelas protagonizadas por el profesor Juan Urbano con Mala gente que camina. Era y es un proyecto ambicioso y, efectivamente, que requiere muchos años de trabajo. La buena fortuna de esa obra, que sigue reeditándose una y otra vez, fue para mí un espaldarazo. Con el resto de la serie, cinco hasta el momento, es decir, que estoy en el ecuador de la saga, ha ocurrido, además, una cosa muy bonita y es que se ha creado una especie de congregación de lectoras y lectores que la siguen entera, buscan el título que les falta, etcétera: justo lo que yo quería que ocurriese.

La poesía, por su lado, siempre está ahí, se va haciendo un poco a sí misma, dejándote caer versos e ideas de vez en cuando, y hay un momento en el que te das cuenta de que hay un conjunto de textos que reclaman tu atención y que se han ido reuniendo como los viajeros de un barco que tienen cosas en común y acaban siendo amigos durante la travesía. Sí, espero darle el visto bueno a ese libro nuevo, en el que he estado trabajando, ahora ya sí en exclusiva, este verano.

¿Por qué te propusiste diez entregas de la saga de Juan Urbano?

Si no hay meta, no hay carrera, y necesitaba ponerme un puerto de llegada. También es cierto que desde el principio se me ocurrieron los episodios en los que debería basar cada entrega y que fueron diez. Los días en que me levanto pesimista, me digo que no lo conseguiré, que no me dará la vida. Los días optimistas, sueño  haber engañado a todo el mundo y que al final sean más de diez tomos. ¿Lo dejamos en trece, que es mi número?

‘Todo es opinable, pero no todo es verdad’

¿Qué parte del resultado final le debe una novela a la estrategia desde la que la diseñas? En cada una de las entregas abordas, en una parte importante, un género diferente, y al mismo tiempo, tratas cada entrega como un libro independiente.

Todo eso que dices es así. Pensé desde el principio en las series de novela negra, donde el detective es el mismo y su forma de ser también, pero las historias cambian. Yo trabajo para que, en mi caso, Juan Urbano también se transforme, para que se le note la edad en cada volumen. En Mala gente que camina no creía ni en el amor ni en la pareja, decía que el roce no hace el cariño, sino sólo rozaduras, como los zapatos; en Todo lo carga el diablo está enamorado a la manera del protagonista de una novela romántica. Y efectivamente, Isabel Escandón también ha sufrido, de Ajuste de cuentas a Todo lo carga el diablo, una metamorfosis en todos los aspectos: era una de los malos y ahora es la heroína; era soberbia y prepotente y ahora, tras su paso por un infierno, es insegura y débil… Ese tipo de juegos me parece que le dan a la serie un extra de credibilidad, en el sentido de que hace que se parezca más a la vida real.

También me puse desde el comienzo ese reto, que cada novela merodease un género, y así es: la narración histórica en Mala gente que camina; la de espías en Operación Gladio; la negra en Ajuste de cuentas; la de piratas en Los treinta apellidos y la gótica en Todo lo carga el diablo. Pero eso sólo afecta a un tanto por ciento del libro, no diría que son novelas de género, sino que lo tientan. Todas quieren ser, eso sí, novelas de intriga, en las que hay algún misterio que resolver.

‘La vida es una novela policíaca’

La crítica ha dicho muchas cosas de Juan Urbano, pero esta es una de ellas: ‘A medio camino entre el Philip Marlowe de Chandler, el Zuckerman de Philip Roth y el Carvalho de Vázquez Montalbán’. ¿Qué tienen las grandes novelas policíacas que conectan con la pasión literaria de millones de personas?

La vida es una novela policíaca, no hay más que atender los medios de comunicación para darse cuenta. Con la diferencia, eso sí, de que en la realidad a menudo ganan los malos.

¿Cómo llegaste a la historia de Magot y Ernestina y por qué decidiste embarcar a Urbano en el reto de resolver el misterio y desenterrar sus nombres?

Quería hablar de ese tiempo y esquivar lo ya conocido, lo que ya tiene mucha bibliografía. La historia increíble de ambas, Moles y Maenza, cumplía uno de los principios de la serie, el de devolverle a nuestros libros de Historia las páginas que les han sido arrancadas, porque una y otra vez fueron absolutamente borradas de la faz de la tierra, más aún Ernestina, porque de Margot se escribió tras el regreso de la democracia, incluso una pequeña biografía. Su caso, en el mundo del deporte, simboliza a las mil maravillas la forma en que la dictadura tachó a las mujeres, y lo que le ocurrió después a la tercera en discordia, el ser de ficción que he creado para acompañarlas y, en alguna medida, rescatarlas del olvido, Caridad Santafé, me parece que lo demuestra a las claras, aunque cómo lo hace no lo podemos contar en esta entrevista: para saberlo, hay que leerse el libro.