Portavoz de Los Verdes-Grupo Verde

Esteban Cabal

Esteban Cabal

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¿Cómo valoras los resultados de las Elecciones Generales?A parte de lo negativo que tiene el triunfo de la derecha, vemos resultados positivos. No solo porque la coalición de IU-LV, en la que participábamos, ha obtenido 11 escaños y 1,7 millones de votos, un avance importante, sino porque además lo más importante es el avance de los partidos minoritarios, que pasan de 24 a 54 escaños, más del doble. Esto supone el principio del fin del bipartidismo. El PPSOE ha perdido más de 3 millones de votos de conjunto. Es una tendencia que apuntaban todos los estudios, que ya viene de años, de pérdida de representatividad y de aumento del voto para las opciones minoritarias. Es una tendencia que tiende a crecer. Podemos decir, entonces, que se está ocultando la dirección real de estos resultados…Efectivamente. A pesar de que el PP tiene la mayorí­a absoluta formalmente, por los escaños, no tiene la mayorí­a absoluta en términos de votos. No ha obtenido más del 50% de los votos. Apenas han obtenido 400 mil votos más de los que obtuvo el PSOE en el 2008, o sea que tampoco es un triunfo tan aplastante como se esperaba. Si hubiera habido una ley electoral proporcional y el resultado fuera proporcional al número de votos, el Parlamento cambiarí­a mucho su composición y el PP no tendrí­a mayorí­a absoluta en escaños. Es decir, que lo que sostiene el bipartidismo en estos momentos es la Ley Electoral y los pactos de la Transición, ¿no?Claro. Se diseñó una ley a la medida del establishment, que ahora han ampliando con la reforma que hicieron a principios de este año, que ha dificultado la presentación de opciones minoritarias en beneficio del bipartidismo. Una reforma que es un atentado contra la democracia y la pluralidad polí­tica, en dirección contraria a lo que se está reclamando en las plazas y en las calles. Nadie duda ya de que el PP va a agudizar la polí­tica de recortes, pero lo que estamos viviendo en los últimos dí­as es una mayor cesión de soberaní­a de nuestro paí­s, dando a Alemania, pero sobretodo a EEUU, mayor capacidad de intervención. ¿Es la defensa de la soberaní­a una cuestión clave?Por supuesto que sí­. Acabo de publicar un artí­culo titulado «El fin de la soberaní­a nacional y las naciones-Estado» que profundiza en ese tema. Creo que la globalización económica no es más que un proceso de transferencia de soberaní­a desde las naciones-Estado, constituidas a partir de la Revolución francesa y de la Declaración de Independencia de EEUU, hacia las mega-corporaciones y los poderes fácticos, que son los que realmente gobiernan el mundo. Estamos bajo una dictadura de los mercados, pero hablamos de los banqueros internacionales y las élites de las grandes corporaciones. «Lo mejor que le podrí­a pasar a España es salir de la zona euro e intentar recuperar su soberaní­a económica y polí­tica»

No creo que haya una cesión de soberaní­a hacia Alemania, sino un proceso en el que todas las naciones, incluida Alemania, ceden soberaní­a a las corporaciones, consolidando un modelo cada vez más parecido al de EEUU, que tiene un banco central que es privado. Lo que quieren es convertir el Banco Central Europeo en algo parecido a la Reserva Federal norteamericana, una entidad privada formada por 13 bancos, entre los que hay también bancos europeos. Ya dijimos que no podí­a existir la cesión de la soberaní­a monetaria sin la cesión de la soberaní­a polí­tica, económica y fiscal. Ahora lo que ha llegado es una agencia tributaria europea, y a continuación un gobierno único europeo. Es un proceso imparable, porque no se puede gobernar económicamente sin gobernar polí­ticamente. Es un experimento a nivel europeo de lo que llaman el Nuevo Orden Mundial. Es el proyecto de las élites de las altas finanzas. Pero los resortes articulados en la cumbre han sido a través del poder polí­tico norteamericano, y frente a esta polí­tica lo que está ocurriendo en gran parte del planeta es el proceso contrario, el fortalecimiento de la soberaní­a nacional de multitud de paí­ses como Brasil, India o Ecuador. ¿No son dos polí­ticas enfrentadas en el mundo, la que defiende EEUU y la que defiende el resto del planeta, que supone casi un 70% de la población mundial?No creo que los paí­ses emergentes hayan fortalecido su soberaní­a, porque ellos también están afectados por la globalización económica. Lo que sí­ es cierto es que han adquirido un gran protagonismo en la escena internacional. Si se unen, como parece que intentan hacer, pueden ser un contrapoder a lo que representa EEUU y Europa Occidental.Los BRIC pueden jugar un gran papel. De momento han impedido que, después de la caí­da del Muro de Berlí­n, el mundo fuera unipolar, ejerciendo un contrapeso frente a lo que representa EEUU, sus aliados, e instituciones como el Club Bilderberg o la Trilateral. Hablando de lo que nos espera a España, polí­ticas como la que ha aplicado Ecuador con su deuda externa, o Islandia, ¿no es el camino que deberí­amos seguir?Claro. España deberí­a alinearse con ese tipo de paí­ses y polí­ticas. Pero no va a pasar porque estamos gobernados por la élite de las altas finanzas. Serí­a deseable y, probablemente, lo mejor que le podrí­a pasar a España es salir de la zona euro e intentar recuperar su soberaní­a económica y polí­tica. ¿Con qué perspectivas afrontáis las Elecciones Andaluzas?Vamos a mantener nuestra alianza con IU. Porque creo que en momentos tan difí­ciles como los que nos vamos a encontrar en el 2012, es fundamental la unidad de las fuerzas polí­ticas progresistas. Experimentos como los de Equo son desafortunados, porque lo que necesitamos es más unidad y no más división, para hacer frente a las polí­ticas neoliberales que pretenden privatizar sectores estratégicos como la Educación y la Sanidad. Pero, más allá de una cita electoral, en los últimos meses se ha evidenciado que la unidad es lo que permite mayor capacidad de respuesta. Cada uno por separado somos incapaces de hacer frente a la situación. ¿No crees que hay que ir tejiendo lazos de unidad en todas direcciones?Por supuesto que sí­. Pero no solo entre las formaciones polí­ticas que se han convertido en cauces demasiado estrechos para la participación ciudadana, sino en torno a la sociedad civil y el tejido asociativo. Hace falta fortalecer esto y que los partidos polí­ticos se pongan a disposición del movimiento asociativo, que es lo que hemos intentado hacer nosotros con el 15-M.