Escribir sobre heroína: escribir sobre EEUU

EEUU vive una pesadilla relacionada con el consumo de opiáceos y heroína. Tal es la cuestión que los servicios de control de adicciones norteamericanos no dan abasto y su sistema de salud (escasamente público) no termina de despertar.

Epidemia tan americana como el aislamiento y exclusión social al que han sido sometidos muchos de sus ciudadanos. Tan americana que se da en todos aquellos países donde el sistema económico impone la exaltación de lo privado sobre lo público, del individualismo sobre lo comunitario y donde se impone esa moderna obsesión liberal en torno a la protección total y a llevar una existencia radicalmente libre de ataduras y del humano dolor. Tan americana como la corrupción generadora de conflictos de interés socavando la democracia.

Datos de The Washington Post indican que hace una década la DEA empezó a combatir la industria de opioides mientras la industria farmacéutica contrataba a 46 exfuncionarios de la misma agencia por ser quienes conocían mejor las maneras de contrarrestar las estrategias de los gobiernos que podían afectar al sector. Estrategias que parecen increíbles pero ahora ciertas pues sabemos que el Congreso norteamericano aprobó hace un tiempo una nueva ley que favorecía este nuevo mercado a las llamadas Big pharma.

Tan americana que una investigación del diario The Washington Post conjuntamente con el programa 60 Minutes de la cadena CBS reveló, entre otras cosas, que Tom Marino, legislador republicano que iba a ser el nuevo jefe antidrogas del gobierno de Trump recibió casi 100.000 dólares de la industria farmacéutica mientras patrocinaba el proyecto de ley Ensuring Patient Access and Effective Drug Enforcement Act (Asegurando el acceso a pacientes y el acto efectivo de aplicación de drogas) en el Congreso, debilitando la capacidad de la DEA, la agencia antinarcóticos de EE.UU, para perseguir a los fabricantes y distribuidores de opiáceos. La citada ley, aparentemente bienintencionada, fue aprobada por el Congreso norteamericano y Barack Obama la firmó poco después. Como también publicó poco después la cadena Univisión los fondos recibidos por congresistas que patrocinaron la citada Ley por parte de Comités Políticos asociados a la industria en 2015-2016, según informes de la Comisión Federal Electoral.

Epidemia que hace sus estragos donde no hay espacio para la vida en común. Ahora, precisamente ahora es cuando se acometen medidas para atajarla. Ahora que la droga, la adicción y la muerte rondan también a los blancos norteamericanos. No fue hasta marzo del año pasado que el Centro de Control de Enfermedades asegurase que los médicos «no deberían utilizarlos como primera opción para dolores comunes» y es ahora cuando todo el mundo admite, incluso ellos mismos, que los americanos tienen un grave problema.

En Estados Unidos más de 150 personas de entre 25 y 44 años mueren todos los días a consecuencia de sobredosis letales de opiáceos farmacéuticos (recetados por médicos) y de heroína. Este es el gran éxito comercial de una economía capitalista capaz de generar una crisis en medio mundo y vivir en gran parte del dinero que garantizan las drogas como ocurre, por ejemplo, en ciertos estados americanos del sur. En 2016 murieron alrededor de 65.000 ciudadanos, de los que 35.000 lo fueron por consumo de heroína, sola o combinada con opiáceos sintéticos ilegales. Esta, considerada por muchos una auténtica epidemia (como ocurrió en el sur de Florida según el National Institute on Drug Abuse del que se hizo eco que The Guardian) ha obligado al presidente Trump a declarar la emergencia nacional. Emergencia consecuencia del consentido abuso de prescripciones médicas de potentes analgésicos legales.

Al asegurar durante su discurso que este era un problema mundial y no solo de EEUU, Trump olvido las estadísticas. Las mismas indican que con menos del 5 % de la población mundial EEUU consume más del 80 % de la producción total y mundial de opiáceos. En la misma tesitura se inscriben expertos como el californiano Sam Quinones, autor de “La verdadera historia de la epidemia de opiáceos en America. El país de los sueños” un demoledor libro sobre la crisis norteamericana y su conexión final con las mafias del narcotráfico mexicano. Los adictos, reconoció el gobernador republicano Rick Scott, “son hijos, hijas, madres, padres, hermanas, hermanos y amigos y sus tragedias dejan a sus seres queridos buscando respuestas y elevando plegarias para que alguien los ayude”.

Es este un grave problema de salud pública allá donde aparezca pero en esta ocasión propiciado por el sistema norteamericano de salud, con sus nuevos enfoques para el tratamiento del dolor en los años 90, y alentado interesadamente por determinadas farmacéuticas cuyo fin último es generar beneficios. Ambos, con estrategias diseñadas y sobredimensionadas que impulsaron la receta de opiáceos que terminó por inundar EEUU de fármacos tales como la oxicodona y la hidrocodona. Entre 1999 y el 2015 se cuadruplicaron las prescripciones de ambos fármacos aumentando proporcionalmente, y al mismo ritmo, los episodios de sobredosis. A uno de los más famosos, el OxyContin (fármaco cuyo principio activo es la oxicodona), se le se responsabiliza de la epidemia de adicción a estas drogas y su transformación en oleada de nuevos heroinómanos. No en vano el citado producto, de la farmacéutica Purdue, fue un superventas en las farmacias norteamericanas desde su aparición en 1995.

En 2012, favoreciendo y ampliando el consumo de opiáceos en general, se contabilizaron 282 millones de recetas de opiáceos. Controlar el tráfico, el mercadeo y el trasiego de OxyContin, quien aportó al citado laboratorio y a la familia Sackler unos ingresos anuales de 2.800 millones de dólares, propicio el aumento de heroinómanos que sustituyeron en el mercado negro tal medicina por la heroína, más barata y menos controlable. Cuando las autoridades quisieron poner coto a tal situación cuatro de cada cinco adictos a la heroína ya habían sido consumidores de opiáceos bajo receta. Para 2015 las dosis de la droga superaban a las de los analgésicos.

A pesar de que en 2016 murieron a causa de las drogas más americanos que en los 19 años de la guerra de Vietnam, fue el primer año en dos décadas en el que descendió la prescripción de opiáceos. Las recetas de OxyContin cayeron un 17% respecto al pico de 2012, según IMS Health, posiblemente a que en el mismo año, y siguientes, varios estados presentaron demandas contra la farmacéutica aludida, y otras, por haber minimizado, o no haber explicitado, la importancia y el carácter adictivo de estos fármacos. En 2007, Purdue, ya accedió a pagar 572 millones de euros para cerrar un caso sobre sus mentiras y engaños a médicos, autoridades y pacientes acerca de la potencia de adicción del OxyContin.

La última vuelta de tuerca de esta epidemia ha sido propiciada por la entrada en escena de opiáceos sintéticos como el fentanilo (50 veces más potente que la heroína) y otro más reciente pero poco usual como el carfentanilo (100 veces más potente que el fentanilo), ambas sustancias mucho más adictivas, peligrosas y letales. Opiáceos “made in China” a menudo solicitados y comprados en redes y distribuidos por el servicio postal de Estados Unidos a todo el país fundamentalmente el en noreste y el medio oeste. Sustancias que se utilizan solas o también para adulterar la heroína aumentando su peligrosidad. El fentanilo ha sido la causa de más de la mitad de las muertes ocurridas en estados como Pensilvania o Massachusetts. La información recopilada más bien indica que el problema, lejos de atenuarse, seguirá empeorando durante los próximos años. En la misma dirección se manifiesta Nora Volkow, directora del Instituto Nacional sobre el Abuso de Drogas (NIDA) quien resalta que la tendencia en la que está sumida America es el resultado de una crisis de salud pública alarmante añadiendo que “la sobredosis de droga ya es la causa de muerte más común entre los americanos menores de 50 años”.

Purdue busca expandirse reforzando sus ventas en otros países. El negocio de los analgésicos derivados del opio busca nuevos mercados donde florecer. Así países como China, Brasil, Rusia y España han sido objeto de movimientos precisos enmarcados en esa dirección. En España una de las variedades del OxyContin (OxiNorm), ya se vende, bajo licencia de Mundipharma, junto con el Targin (ambos conteniendo oxicodona).

Hablando de Mundipharma cabe resaltar que la farmacéutica catalana Laboratorios Esteve anuncio no hace mucho una alianza con la citada que le va a deparar unos ingresos de unos 846 millones de euros para el desarrollo de una nueva generación de fármacos para el tratamiento del dolor. Caso evidente de búsqueda de tamaño y eficiencia y de la necesidad de hacerse con nuevos productos. A estos factores se suman, en el caso español, la urgencia de los laboratorios por hallar remedio contra la caída del gasto público en medicamentos.

Mundipharma Pharmaceuticals S.L. es una empresa farmacéutica innovadora española que se constituye en el año 2003, como parte de la red de empresas independientes Purdue-Mundipharma-Napp; con presencia en los cinco continentes. Despliega su acción en España mediante cursos y seminarios intentando convencer a los médicos de su mesura a la hora de utilizar opioides para tratar el dolor. “Opiofobia” le llaman en sus intervenciones. Para ello no duda en afianzar tal criterio en generosas derramas monetarias. El año pasado, la farmacéutica pagó 2,7 millones de euros a profesionales sanitarios, según los archivos de transferencias de valor de la empresa, eufemismo que refleja la vieja costumbre del “tarugo”, o sea del médico que acepta incentivos o está sujeto a la compra de su voluntad por parte de las farmacéuticas. También financió con 342.000 euros a organizaciones, fundaciones y clínicas como la Sociedad Española el Dolor, la Fundación Española del Pulmón, la Sociedad Española de Atención Primaria y dedicó 589.000 euros a investigación y desarrollo.

Tampoco ha dudado en ofrecer, cursos online oficiales de acreditación profesionales donde asegura lo que ya dijimos que no es otra cosa que “la prescripción de opioides es reducida probablemente por el desconocimiento sobre este grupo de fármacos y por las barreras que limitan su uso”. Curso, por cierto, dirigido a médicos de familia a través de la Sociedad Española de Atención Primaria.

Además, Mundipharma también ha medrado en el mundo académico. El pasado noviembre, presentó la cátedra del dolor Mundipharma en la Universidad Católica de Valencia. En julio pasado financió un curso de título Miradas hacia el Dolor en la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid.

En España Francisco Babín, delegado del Plan Nacional sobre Drogas, asegura que los indicadores de consumo y asistencia no muestran un repunte en el consumo de heroína sino que se mantiene estable y desde Sanidad lo califican residual. Es más, resalta que las incautaciones han aumentado en los últimos años y se han desmantelado laboratorios en varios puntos de la geografía española. Babín reconoce, eso sí, que se pueden producir ciertos fenómenos en zonas puntuales como el Raval en Barcelona o los narcopisos en Madrid.

El Plan Nacional sobre Drogas ha evaluado el último programa entre 2009 y 2016 y según el citado delegado, la demanda de asistencia por consumo de opioides ha bajado casi a la mitad y se trata, sobre todo, de personas que consumen desde hace muchos años y que no habían pedido asistencia. No obstante la Agencia Europea sobre Drogas (OEDT) ha alertado, durante la presentación de su informe anual en Lisboa, sobre el peligro de “un efecto dominó” provocado por la entrada de la heroína procedente de Afganistán. Según los últimos datos, ha comentado, ha crecido también el número de muertes por sobredosis pero no se sabe si ambos fenómenos están relacionados”. Según la opinión vertida desde diversos ámbitos policiales, judiciales y sociales, estos coinciden en señalar “un repunte” preocupante en España, aunque de momento no se ha llegado a la “epidemia” que sacude algunas ciudades de Estados Unidos. Según el Jefe de la Fiscalía Antidrogas, se está usando la heroína como relajante, para compensar los efectos de otras drogas más excitantes como la cocaína y las sintéticas”.

Esperemos que en España, no muy dada a que nuestros gobernantes ejerzan el adecuado control a determinadas farmacéuticas y donde sus asociaciones profesionales están, en su mayoría, financiadas por las mismas, no resumir este potencial problema traducido en epidemia -por la conjunción de los factores descritos: legales o no, sanitarios o políticos, privados o públicos, interesados o bienintencionados- como alguien lo resumió en EEUU diciendo de nuestra política, en esta materia, tan americana como como afirmábamos, que “si enganchas a 15 personas a consumir opioides, eres un mafioso que merece pudrirse en el infierno; si enganchas a 150.000 personas, entonces eres un genio de la mercadotecnia que merece un gran bono“.

Estaremos atentos a los acontecimientos pues la misma farmacéutica que propició una epidemia de adictos a los opiáceos en EEUU ha fijado su mirada también es España.