Pilar Nogués, presidenta del Sindicato SAD de Cuidadoras Profesionales Municipales

El viento fresco de las tejedoras de redes

Las trabajadoras de los cuidados están sometidas a jornadas extenuantes, y a condiciones laborales precarias y penosas. Sin embargo, y gracias a su autoorganización sindical, este sector altamente feminizado ha dejado de ser invisible y ha comenzado a tejer redes de apoyo, una malla de solidaridad que les da fuerza para pelear por sus reivindicaciones. Hablamos de ello con Pilar Nogués, presidenta del Sindicato SAD de Cuidadoras Profesionales Municipales

¿Firmaría usted un contrato que le asegurara acabar con el cuerpo roto a cambio de menos de 1.000€ al mes? ¿No, verdad? Pues esa es la dura realidad que sufren cerca de 2 millones de mujeres trabajadoras en nuestro país. Trabajos del sector servicios y limpieza, los cuidados o el campo.

Trabajos invisibilizados pero de primera necesidad. Extenuantes y precarios, marcados por la temporalidad, el tiempo parcial y la flexibilidad. Con un grado muy alto de externalización del servicio a empresas multiservicios o fondos de inversión, donde los convenios son mínimos y no llegan los sindicatos mayoritarios.

Un abuso ante el que han nacido diversas organizaciones gestadas por estas trabajadoras. Velando ellas mismas por sus derechos y condiciones laborales. Las Kellys fueron la punta de lanza en el 2016. Pero no son las únicas. Las trabajadoras de residencias con una lucha continuada desde hace años. Las empleadas de hogar en organizaciones como Territorio doméstico o el sindicato Sindihogar/Sindillar. Las jornaleras en Andalucía, especialmente las freseras de Huelva, con el sindicato SAT. O el sindicato SAD de cuidadoras municipales.

El avance en la organización de los sectores más desprotegidos protagonizado por las mujeres es un hecho. Responde al hartazgo de sus precarias y exigentes condiciones laborales. Al abandono que viven de las instituciones. Pero no están solas. Son tejedoras de redes de apoyo y solidaridad entre ellas. Es un nuevo tipo de sindicalismo y organización que nos trae un viento fresco. Un viento que habla que otro mundo es posible ante tanta injusticia.

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SINDICATO SAD

Sindicalismo que nace del hartazgo

¿Cuál ha sido la evolución del servicio de cuidados SAD desde su origen?

Pilar Nogués

Antes de la entrada en vigor de la Ley de dependencia en el 2006, se ofrecía a través de los Ayuntamientos para cubrir las necesidades básicas de personas mayores que vivían solas y no tenían red familiar.

Con la aprobación de esta ley, el SAD pasó a ser un derecho subjetivo. Es un servicio esencial que llega a toda persona con un grado de dependencia. Infancia, personas mayores, familias en riesgo de exclusión social, enfermos crónicos o terminales.

Se nutre de presupuestos combinados del Estado, Comunidades Autónomas y principalmente de los Ayuntamientos. También hay un copago por parte de los usuarios dependiendo de su renta.

Los municipios gestionaban este servicio directamente o a través de empresas públicas. Pero con la Ley Montoro del 2012 empezó su privatización. Se impusieron techos de gasto y limitaciones a la contratación pública, empujando a ese camino.

Las trabajadoras pasamos a ser subrogadas por estas grandes empresas multiservicios y fondos de inversión que ven en los cuidados un nicho de mercado. Su beneficio económico lo sacan principalmente de recortar en la calidad del servicio, menos tiempo para los usuarios y, sobre todo, de la precarización de las trabajadoras.

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¿Empeorando vuestras condiciones laborales?

Muchísimo, perdiendo derechos. Antes del 2012 estábamos contratadas en empresas públicas. Nos han expulsado de la cartera de servicios sociales, perdiendo calidad y humanidad en el servicio.

Tenemos una alta responsabilidad con el manejo de medicación, movilidad, primeros auxilios, pero nuestros sueldos no llegan al SMI. A partir del 2006 se nos exigió una titulación. Somos técnicos sociosanitarias o auxiliares clínicas.

El 70% de las trabajadoras están contratadas a menos de 29 horas, en turnos partidos que ocupan todo el día, con sueldos de entre 700 u 800€. Los desplazamientos entre domicilios ni se pagan ni computan como jornada efectiva.

Reivindicamos la remunicipalización de este servicio. Que vuelva a estar en manos públicas.

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Y decidisteis organizar un sindicato.

El sindicalismo nació de un hartazgo. A raíz de la pandemia, cuando vimos que nuestra vida también corría peligro. Dijimos, ¡hasta aquí hemos llegado!, y nos organizamos.

Y es lo que funciona. Nos sentíamos abandonadas institucional y sindicalmente. Los sindicatos mayoritarios también son responsables de nuestra precarización. Firman convenios que no reflejan la dureza de nuestro día a día, con subidas irrisorias por año. La falta de apoyo ha llevado a la creación de nuestro sindicato propio, el SAD de cuidadoras municipales.

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¿Es difícil llegar a las trabajadoras?

Es un trabajo muy atomizado. Cada trabajadora está sola en un domicilio. Las redes sociales han sido clave para tejer nuestra red, nos han permitido conectar en todo el Estado. La organización es muy difícil por nuestra dispersión física. Las empresas ya se encargan también de eso, que no nos podamos ni reunir. Gracias a las redes sociales y a la difusión estamos bastante unidas y conectadas.

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¿Qué perfil buscan las empresas?

Somos un 98% mujeres, con un porcentaje muy alto de trabajadoras migrantes. Las empresas buscan personas vulnerables, monoparentales y con hijos a cargo. Víctimas de violencia de género, mujeres en exclusión social o paradas de larga duración. Lo más sumisas posible y con gran capacidad de sacrificio.

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¿Qué reivindicáis?

La remunicipalización de este servicio. Que vuelva a estar en manos públicas. Hay que eliminar el beneficio empresarial.

La jubilación anticipada. Sufrimos un desgaste físico irreversible en este trabajo. La mayoría no llegamos a los 60 años, acabamos rotas. Con dolencias muscoesqueléticas que no están reconocidas por las mutuas. 8 de cada 10 mujeres vamos medicadas a trabajar. Somos, junto a las Kellys, uno de los colectivos más medicados.

También el reconocimiento de enfermedades profesionales. Con Yolanda Díaz hicimos una ley de prevención de riesgos laborales que impugnó la patronal y el Tribunal Constitucional les ha dado la razón. Hemos perdido una ley que habíamos conseguido en el 2024.

Pero tenemos muchos logros a pesar de la invisibilidad. Sentencias judiciales obligando a empresas a pagar atrasos. Conseguimos que a las trabajadoras se les pagara la sustracción de nóminas al ser subrogadas. Que el SAD sea reconocido como un servicio esencial. Municipalizarlo en varias localidades. Hemos ganado varias sentencias a favor de compañeras represaliadas sindicalmente. Se ha conseguido que sus despidos sean nulos e indemnizados.

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¿Lleváis trabajo de unidad con otros colectivos?

Las empresas externalizadas son fábricas de romper y precarizar a las trabajadoras del SAD

Sabemos que nuestra división es la victoria de la patronal. Tenemos una red muy importante, con las Kellys, con el Sindicat de Mares en la Diversitat Funcional, con el sindicato Sindihogar/Sindillar, con cuidadoras no profesionales, con marea de residencias, con muchas plataformas.

El pasado 6 de marzo presentamos en el Tribunal de Estrasburgo una reclamación junto con la Plataforma de Afectados por la Hepatitis C y varias más. Se ha llevado a trámite. Estamos pendientes de esta reclamación y su evolución.

Añadir que nosotras dedicamos nuestro cuidado con todo el cariño y dedicación, creando vínculos. Pero ese cariño no paga nuestras facturas ni curan nuestras lesiones. Muchas de nuestras compañeras van a Cáritas porque no llegan con su sueldo.

Si las trabajadoras del SAD se paran, se para el sistema. Sin cuidados la vida se acaba. Hay que cuidar a la cuidadora. Esto es fundamental. Esperemos que toda esta red nos ayude a cuidar con dignidad a nuestros mayores.