Las tijeras del Procés

El ‘síndic de greuges’ alerta del «sobrecoste» de los pacientes de fuera de Cataluña

Lo dijo en el programa ‘Aquí amb Josep Cuní’, en la Cadena SER Catalunya. Preguntado sobre el degradado estado de la Sanidad Pública catalana -algo que ha motivado en los últimos meses masivas movilizaciones de los sindicatos médicos y de la marea blanca- y en concreto sobre las largas listas de espera, Rafael Ribó soltó lo que piensa.

«Cataluña cuenta con un modelo excelente, la prueba es que vienen de otras comunidades a intervenirse: no sé si es la que tiene la lista de espera más larga, depende de cómo lo enfoquemos». Todo va bien, eso de las listas de espera es relativo.

Y entonces añadió: «Lo que le puedo garantizar es que uno de los déficits que tiene la sanidad publica en Cataluña es que tiene un sobrecoste con la gente que viene de fuera de Cataluña a intervenirse». Es decir: la culpa de los problemas financieros y de las listas de espera es por el turismo sanitario de los gorrones del resto del ‘Estat espanyol’.

Ribó no dijo nada sobre las vergüenzas que cualquier profesional o usuario de la sanidad pública catalana conoce y padece. No dijo nada del hachazo de 3.300 millones de euros que los gobiernos del procés han perpetrado en los últimos ocho años (un brutal recorte del 27,5% del presupuesto anterior) y que han condenado a Cataluña a ser la segunda comunidad autónoma que gasta menos en sanidad. Tampoco que mientras Cataluña gasta el 3,7% de su PIB en sanidad, la media española es el 6,2%.

Ribó elogió «el esfuerzo de los médicos catalanes», pero no dijo ni una palabra del recorte salarial del 30% en los nuevos profesionales que se contratan, del descenso del personal sanitario (860 médicos menos entre 2012 y 2018) o de la obligación de hacer guardias sin descanso como consecuencia de los recortes. Ni del cierre de plantas, ni de las 1.094 camas menos de agudos. No dijo nada de que los colapsos son cada vez más frecuentes, ya que los recursos actuales no dan abasto para atender a todos los pacientes. 

La misión de un defensor del pueblo -en Barcelona o en Madrid- debiera ser la de recoger las denuncias populares, ser su altavoz, su abogado. En lugar de eso, Ribó dijo que «todo es excelente», y que los problemas de «sobrecostes» vienen… de los «de fuera». Unas declaraciones que esperaríamos de un dirigente de la ultraderecha. 

Algo que ha sido negado de plano por las organizaciones médicas, pero que -si se produjera- no debería ser problema. “Supongo que Rafael Ribó sabe que existe un sistema de facturación entre comunidades autónomas para compensar estos costes», le ha respondido su excompañero de partido, Joan Coscubiela.

Porque la trayectoria de Rafael Ribó permite comprender el motivo de sus palabras. Fue máximo dirigente del PSUC, antes de que este se reconvirtiese en Iniciativa per Catalunya. Pero nunca ha ocultado su pertenencia a la corriente más proindependentista de los ecosocialistas. De esas coordenadas también procede Jordi Sánchez, dirigente de la ANC y antes hombre de confianza de Ribó en la sindicatura. El síndic nunca ha ocultado su posicionamiento procesista, y las organizaciones sociales no soberanistas hace tiempo que han perdido su confianza en él: no respalda nunca ninguna de sus demandas.

Mientras que Ribó se muestra indolente ante los recortes en la sanidad catalana, encubre a sus recortadores -los gobiernos de Mas, Puigdemont o Torra- y culpa ‘als estrangers’,  es uno de los cargos públicos mejor pagados no solo de Cataluña sino de toda España. Tiene un salario anual bruto de casi 130.000 euros (o sea, el 55% más que el presidente del Gobierno español). Su adjunto cobra 110.000 euros, más que un Conseller. Tiene 22 asesores y los salarios de su equipo directivo no bajan en ningún caso de los 92.000 euros.

Ribó no es un miembro nato de la burguesía burocrática catalana, de la élite de convergentes del 3% de ‘tota la vida’, pero digamos que ha sido adoptado en el club. En 2015, el empresario Jordi Soler, uno de los implicados en el 3%, le puso un ‘jet’ privado para viajar gratis a Berlín con el fin de acudir a la final de la Champions, que aquel año ganó el Barça a la Juventus. 

«De comunista a blanqueador de la burguesía que recorta derechos y servicios públicos en Cataluña desde hace años», ha tuiteado el diputado al Congreso por el PSC Arnau Ramírez. Lo ha clavado.