Isabel Morant, historiadora

El lugar de las mujeres en la historia

Isabel Morant encabeza la publicación de un libro colectivo que disecciona el papel de las mujeres y el cómo de los saltos históricos en la conquista de libertades

VALENCIA 24/01/03 © MIGUEL LORENZO ISABEL MORANT

Isabel Morant es sobre todo una feminista. Es historiadora, escritora y catedrática de la Universitat de València. Fue vicerrectora durante 16 años, ha sido miembro del Consejo Valenciano de Cultura y ocupa la cátedra de Historia Moderna, siendo además miembro del Institut Universitari d’Estudis de la Dona.

Entre sus trabajos se encuentra la coordinación de la colección Historia de las mujeres en España y América Latina, el libro ‘Amor, matrimonio y familia: la construcción histórica de la familia moderna’, ‘Discursos de la vida buena: matrimonio, mujer y sexualidad en la literatura humanista’ entre otros, y dirige la Colección Feminismos de la editorial Cátedra.

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¿Cómo surge la idea del libro?

Era evidente. Al igual que en los años 70 surgió la idea de que había que hacer una historia de las mujeres porque habían existido en la historia y tenían un pasado. Con el impulso del feminismo queríamos hacer memoria, una historia, una genealogía que nos comprendiera. En ese camino hicimos más de lo que imaginábamos, porque no nos limitamos a hablar del papel de determinadas mujeres significativas, sino de la feminidad y masculinidad con las relaciones desiguales que se mantienen, y el modo en que hombres y mujeres han estado formando parte de la historia, y cuál ha sido la agenda de las mujeres en la historia.

Una cosa es hacer memoria, que la hemos hecho y en el libro está sobre todo en la época contemporánea, donde hay muchas más mujeres que escriben y están en el espacio público, pero nos interesa ver cómo se construye un mundo dividido en dos partes desiguales. Como decía Rousseau, las mujeres eran la preciosa mitad de la República, pero la mitad no comprendía lo universal. El espacio público les estaba vetado y lo privado era de su responsabilidad, no era de su poder, sino de su responsabilidad. Y en el caso de los hombres… tienen género y vida privada, pero las funciones estaban desigualmente repartidas.

Me he dedicado tantos años a explicar esta asignatura a mis estudiantes, que luego serán profesores de historia, que era evidente, al menos en mi manera de ver las cosas, que si me ha dado alguna satisfacción es porque la veo muy vinculada a la vida de las personas, a los intereses de los estudiantes. Había que hacer que traspasara los límites de la universidad. Un libro dirigido a personas enseñantes y a los estudiantes, porque comprenden los límites de la historia enseñada, económica y social, que se ha ido democratizando alcanzando los temas de la ‘gente sin historia’. Pero hizo falta el impulso del feminismo para hacerlo, y de las mujeres que empezábamos a trabajar en la universidad en los años 70.

Nos interesa ver cómo se construye un mundo dividido en dos partes desiguales”

Ahora el impulso se lo teníamos que dar quienes hemos estado explicando y haciendo promesas a los estudiantes. Es una historia de alta divulgación, en la que hemos dado satisfacción a las mujeres que demandaban una genealogía, y pretendemos dar satisfacción a quienes quieren una historia más ampliada y que sea una herramienta útil a los profesores. Son 39 capítulos con los temas descubiertos por la historia de las mujeres, dialogando con los temas habituales de la historia. Porque las mujeres no están fuera de la historia. No son un sujeto aparte. Crean relaciones sociales, pero en ese universal de una sociedad que está compuesta por hombres, mujeres, clases y razas. En una segunda parte hay dossieres elaborados por los autores que sirven para hacer más reflexiones: hay textos de época, imágenes, reflexiones a los profesores y a los estudiantes, bibliografía… yo he hecho los capítulos del Humanismo y la Ilustración, y los textos que he elegido son preciosos porque hablan de cuestiones que no son las habituales en los programas de Historia.

¿Cómo se aborda la prehistoria?, porque supongo que la manera de contarla también ha dependido del arqueólogo o la arqueóloga.

Bueno, hay arqueólogos y arqueólogas… hay prehistoriadores que hace tiempo que se preguntan que si hubo un primer momento. Ellos y ellas se han dado cuenta de que del momento prehistórico se tienen pocos datos, pero si cogemos algún manual, las imágenes son muy tópicas. De una época que se sabe tan poco se dice mucho. Se da por hecho el modelo darwiniano con la diferenciación de sexos y espacios, públicos y privados, que era natural. Han tenido que desmontar los mitos e ir a las fuentes. Se han descubierto que restos que se pensaban que eran de hombres, son de mujeres, por ejemplo.

El feminismo se ha hecho esa pregunta, que es el libro de ‘El segundo sexo’ de Beauvoir, cuándo ocurrió y qu éhecho nos lo puede datar. La respuesta no es fácil. Cómo fue posible y en qué momento ocurre que el sexo que hace la guerra dominara al sexo que da la vida. Aunque sorprenden los capítulos y dossieres hechos con arqueólogos, nos hacemos la pregunta de otra manera. No se trata de cuándo sino de cómo y en qué momento, porque la historia no es lineal, sino que está llena de rupturas que asumen momentos del pasado.

Si hago la Ilustración o el Humanismo, me doy cuenta que en las grandes obras de los humanistas, como Vives, se dedica un tiempo importante –en el caso de Vives– a escribir para la formación de las mujeres, cuando va a la corte de Catalina de Aragón, que es la mujer de Enrique VII. Y no es el único. Esto es un cambio respecto a cómo se pensaba que había que tratar a las mujeres al final de la Edad Media.

Han tenido que desmontar los mitos e ir a las fuentes”

Ese “cómo” me vale para ver las diferencias, la manera en la que la Ilustración vuelve a la idea de qué es lo masculino y qué lo femenino, qué es natural y qué social. No digamos cuando tomamos momentos políticos como las revoluciones burguesas, que hemos explicado como un cambio de las relaciones entre individuos y gobiernos, el origen de las democracias modernas. Hemos podido explicarlos de forma más amplia y compleja que en las aulas de la universidad. Hemos podido explicar que esa democracia dice que los hombres nacen libres y iguales, pero tiene que explicar por qué las mujeres no son iguales, con una idea de lo natural que no se sostiene. Y la sostienen diciendo que las mujeres son iguales entre ellas mismas, pero no a los hombres. No solo son diferentes, sino que deben mantener relaciones diferentes con los hombres, con los espacios públicos y privados, que no son los mismos porque ha habido una revolución que ha comprendido a las mujeres pero que las ha establecido de una determinada manera, no como iguales sino como diferentes. Al mismo tiempo que las revoluciones arrancan en el siglo XIX, acogiéndose a las nuevas constituciones, las mujeres consideran la igualdad de derechos y deberes, y es el origen del feminismo.

Se considera que solo las mujer son pudorosas por naturaleza”

¿Qué papel juega el control de la producción de vida?

Isabel Morant

Eso esta presente en todo el libro. Dar la vida, la procreación, les interesa a todas las sociedades de manera diferente.

Vives, por ejemplo, entiende en el Antiguo Régimen que hay que llenar el mundo porque está vacío. Las mujeres procreadoras son necesarias. Pero el cristianismo, que pone problemas a la sexualidad, dice lo contrario. Tratamos de ver cómo lo que ocurre es que las mujeres deben ser procreadoras y constructoras de moral. La moral, las costumbres, la sexualidad… dependen de las mujeres y se considera que moralmente están más obligadas que los hombres a la contención. Es el concepto de pudor. Se considera que solo las mujeres son pudorosas por naturaleza. De los hombres hay una idea diferente, son más fuertes y potentes. Todas esas cuestiones demuestran que hombres y mujeres no han sido iguales, y eso ha tenido que ver con la procreación, pero no solo.

En el libro vemos que las mujeres han trabajado siempre. En las sociedades campesinas las mujeres trabajan como los hombres, aunque parieran. Eso de apartarse del trabajo tiene que ver con el capitalismo avanzado y la industrialización, cuando las sociedades dejan de ser campesinas y son urbanas, y hay una clase media que prefiere que sus mujeres, en vez de tener una educación, sean las constructoras de esa vida privada, y ahí se produce una separación. En la sociedad las mujeres siempre han trabajado. Creo que es mucho más profundo. ¿Por qué no podían gobernar la Iglesia en la Edad Media?, ¿por qué no pueden ser herederas de determinados títulos nobiliarios en la Edad Moderna, y por qué en la Contemporánea, con las democracias burguesas se construye una democracia exclusiva, no excluyente?, porque sin ellas no es posible ese modelo familiar.

La idea natural de que es la procreación la que impide que las mujeres hagan determinadas cosas no es así, es que se quiso construir de esa manera.

Son construcciones que la sociedad tolera o fomenta de manera indirecta”

¿Qué papel juega la educación en la reproducción del machismo, y en la creación de los nuevos tipos de roles de género y de sexualidad?

Por eso hemos hecho el libro, para mostrar que nada de esto es natural, son construcciones que la sociedad tolera o fomenta de manera indirecta, y que al fin y al cabo a muchos hombres no les ha gustado perder privilegios. Solo hay que ver cómo se han resistido al voto femenino. El voto de los hombres, aunque fueran pobres, se consigue mucho antes. La educación no era igualitaria para las mujeres hasta 1910, o las mujeres no pueden ser abogadas hasta poco después. La resistencia es tremenda. Nos da la sensación de que lo superamos, pero vuelve a aparecer algo en los jóvenes, inesperado, que es que hayan resistencias y actitudes negacionistas. Esto es demostrativo de que es político y de que se utiliza.