Andrés Fernández Vilanova (Oviedo, 1987) es pediatra en el hospital de Jarrio en el occidente asturiano, y tiene dos hijas. Ha sido activista, desde sus estudios universitarios, en varias causas, y diputado autonómico por Podemos Asturies entre 2015 y 2019. Está afiliado a la Corriente Sindical de Izquierdas. Es miembro de la coordinadora de Somos Asturies.
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Frente Amplio ha logrado concitar la unidad de más de 15 fuerzas a la izquierda del PSOE, en todo el país. ¿Cómo valoras este hito?
No podía ser de otra manera. El Frente Amplio responde a un mandato de la sociedad movilizada, que es quien sin duda impulsa las olas de cambio.
El Frente Amplio es una herramienta, una coalición electoral concreta para un momento concreto. Su principal objetivo es el de contribuir a movilizar a la mayor cantidad de gente posible a participar en estas Elecciones Generales y votar contra el fascismo.
Además, teniendo en cuenta la pluralidad y dimensión de fuerzas incluidas en el Frente Amplio, creo que también va a ser una herramienta útil para lograr los avances que la calle nos ordena.
Pero tendremos que seguir buscando la manera de aliarnos, complementarnos y actuar de manera sinérgica con las fuerzas que en esta ocasión no logramos aunar, para lograr objetivos comunes. No sólo con otros partidos, sino también con la propia sociedad civil.
Porque, la unidad, ni resulta de una simple suma, ni puede ser un espacio limitado. Para que sea verdaderamente representativa y útil, tiene que ser diversa en lo ideológico e inclusiva en lo territorial, socioeconómico y cultural. Y profundamente democrática.
No podemos conformarnos con unir a quienes ya estamos organizados. El mejor horizonte, sería ensanchar y desbordar lo que ahora creamos. Ese es el espíritu con el que Somos Asturies nos incorporamos al Frente Amplio.
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La unidad de Frente Amplio está conjugada con la diversidad de sus fuerzas políticas, cada una con sus peculiaridades, aportaciones programáticas y sensibilidades particulares. ¿Qué aporta Somos Asturies a Frente Amplio? ¿Qué agenda buscáis incluir?
El Frente Amplio conjuga en equilibrio dos elementos esenciales para hacer política en España: por un lado, figuras estatales (de Madrid y Barcelona), que representan causas comunes a toda la sociedad española; por otro, organizaciones territoriales que reclaman atención a la diversidad del territorio y sus problemas específicos. Somos Asturies forma parte de esa imprescindible raíz territorial. Aporta un enfoque desde la realidad geográfica y cultural de Asturias, desde su estructura social, administrativa y económica, y desde sus conflictos sociales y laborales. También desde su tradición de lucha y solidaridad, ya sea por sus propias causas, o en asuntos estatales o internacionales.
Es esencial que todos los territorios se vean representados. Si las instituciones del Estado desconectan de las distintas realidades territoriales, acabamos perdiendo también el hilo común. Esto nos sucede de forma más acentuada a las autonomías de menor extensión y población; y en Asturias conocemos bien las consecuencias de ese olvido. Con nuestra presencia, nuestro papel será el de garantizar una atención igualitaria para todos los territorios, con independencia de su tamaño y de la distancia a la capital (o capitales).
En lo concreto, para Asturias, queremos poner en el centro nuestras necesidades en infraestructuras, en industria, en economía agroalimentaria y pesquera, en mundo rural, en sostenibilidad ambiental, en turismo responsable y en identidad cultural y lingüística. Sin olvidar nuestras propias derivadas en vivienda, servicios públicos y condiciones laborales.
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En las últimas semanas —sobre todo después del desahucio de Maricarmen— ha cambiado el eje del debate político. Tenemos grandes movilizaciones por la vivienda, una huelga general para el 11 de noviembre. ¿Cómo percibes el pulso de la calle, especialmente del electorado más a la izquierda?
Pues que por fin el malestar y las reivindicaciones se abrieron paso y se unieron, superando el pesimismo y los mensajes simplistas, rompiendo el aislamiento individual, y armándonos otra vez de ilusión y ambición transformadora.
Veníamos de horas bajas. El anterior ciclo de cambio, post 15M, se saldó con errores en la organización política con los que perdimos bastante fuerza y oportunidades. Después arrastramos el desgaste del Gobierno actual que, si bien logró avances en derechos y un importante nivel de protección social, fue en muchos casos tibio y temeroso, albergando también escándalos indignantes.
Y mientras, los poderes económicos contrarios al progreso social, perjudicados por los avances en derechos, no dudaron en explotar las debilidades. La extrema derecha desvía la rabia contra los más vulnerables, vuelca millones de euros en propaganda violenta, machista, racista y homófoba en redes sociales -facha, en una palabra-, que aíslan e intoxican a nuestra juventud, tratando de separarla de los valores de respeto y solidaridad más básicos. Muchas familias se sorprenderían y avergonzarían de los contenidos que consumen y replican sus jóvenes. Como sociedad hemos de prestar atención y frenar esto.
Afortunadamente, nos estamos librando de esa tenaza, nos estamos reencontrando, estamos viendo que son posibles las salidas colectivas y, lo que es más importante, atrayendo la atención de aquellas personas hasta ahora presas de la propaganda del odio.
Si hablamos de vivienda y conflictos laborales, y de defensa de los servicios públicos, estaremos señalando a los verdaderos enemigos del pueblo. Sin duda, las ascuas de luchas anteriores sirvieron para prender de nuevo la llama que ahora aviva con fuerza nuestra esperanza. Si nos movilizamos, no sólo no pasarán, sino que vamos a avanzar.
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Y en Asturias, a raíz de las agresiones fascistas a dos compañeros de AMA, también han ocurrido potentes movilizaciones. ¿Forman parte del rechazo social activo que se expande y se muestra cada vez más?
Sin duda. Y la verdad que es un honor, un privilegio y un orgullo vivir en una tierra que reacciona con solidaridad inquebrantable con las dos personas agredidas, porque también reacciona en defensa de todo aquello que ellos defienden, y que el fascismo ataca.
La respuesta a esta agresión demostró que somos más, muchas más, quienes defendemos lo común, la tolerancia y el respeto a la diversidad, que quienes siembran el odio para tratar de dividir, violentar y desvalijar.
Y estoy convencido de que, por la repercusión que tuvo a nivel del estado, sin duda contribuyó a esa toma de conciencia, a levantar el estado de ánimo general que derivó en la situación de movilización y empoderamiento popular en la que ahora nos encontramos.
Por otro lado, permitió visibilizar un problema creciente y minimizado. Hasta ahora, alertábamos de los retrocesos en derechos que supondrían las posiciones ultras en los parlamentos. Hoy vemos su violencia física, que amenaza a quienes confrontamos su odio. Esto ayuda a que la sociedad redescubra el antifascismo, un término relegado por considerarse radical. Antifascismo significa igualdad, solidaridad, paz, legalidad y respeto a los derechos humanos. Vamos a recuperarlo, y que sea para siempre.
