Desahuciados por vivir en un barrio de “no occidentales”

El apartheid huele a podrido en Dinamarca

En determinados barrios en Dinamarca, la proporción de habitantes "no occidentales" -es decir, de orígen africano o asiático- no debe sobrepasar el 30%. Este es el criterio -desvergonzadamente racista, propio de un "apartheid" y contrario a los derechos humanos- que rige en un país de la UE

Miles de ciudadanos, en su mayoría musulmanes, son expulsados de barrios como el de Mjolnerparken, en Copenhague, en virtud de una ley -que cuenta con el respaldo del gobierno socialdemócrata- que obliga a reducir la proporción de población “no occidental” a menos del 30%.

Lo ha leído bien. Es una ley que legaliza el apartheid. En plena Europa.

En 2018, el entonces Gobierno danés (conservador-liberal) sacó adelante una ley para poner fin a “las sociedades paralelas en Dinamarca”. Desde entonces, el Ministerio del Interior y Vivienda pública listas con lo que consideran guetos de inmigrantes, eufemísticamente llamadas  “zonas de transformación”. Para ser designado en esa categoría, los barrios deben cumplir con determinados indicadores socioeconómicos, educativos o de criminalidad. Hasta ahí nada anormal: cualquier administración pública debe estudiar zonas problemáticas para elaborar planes de transformación socioeconómica sobre las mismas.

Pero es que en los ítems de estas “zonas de transformación” hay un escandaloso criterio más. Para ser clasificados como tales, en estos barrios «más de la mitad de los residentes tienen que ser no occidentales, incluso si han nacido en Dinamarca. «No occidental» casi siempre quiere decir «musulmán», como lo son la inmensa mayoría de ciudadanos -algunos de ellos con décadas de arraigo en esos barrios y en Dinamarca- que están recibiendo órdenes de desahucio en barrios como Mjolnerparken, donde más del 80% de sus 1.700 habitantes son considerados “no occidentales”.

Es un criterio étnico. Es un criterio racial. Es una ley que toma en cuenta el origen racial o cultural de los ciudadanos para discriminarles -en este caso además, negativamente- por ello. Esto tiene un nombre -en Sudáfrica o Palestina lo conocen bien- y se llama ‘apartheid’.

La ley de reducir la población «no occidental» a menos del 30% es del anterior gobierno danés, pero el actual -desde 2019 gobierna la socialdemócrata Mette Frederiksen- no sólo no ha atenuado las leyes racistas y antiinmigración, sino que las ha endurecido, a pesar de las continuas críticas de la ONU o del Consejo de Europa.

Algo huele a podrido en Dinamarca.