Antes que un ascua haga brotar la llama de la que nace un gran incendio forestal, suele aparecer un hilo de humo que indica que todo está a punto de estallar. Otra cosa es si hay alguien que sea capaz de divisar las señales para anticiparse a la catástrofe.
Las ambiciones territoriales de Marruecos sobre Ceuta, Melilla y Canarias son un tema recurrente en las relaciones diplomáticas a ambos lados del Estrecho de Gibraltar. Pero hay quien está interesado en avivarlas a conveniencia con intenciones aviesas contra la estabilidad de nuestro país, para generar un clima de crispación favorable a sus intereses de intervención sobre España.
En la pasada primavera -meses antes de los incidentes de Ceuta, que junto a los incendios han centrado la actualidad política este verano- una red ultraderechista de EEUU e Israel, varios ‘think tanks’, influencers y políticos ultraconservadores y proisraelíes, se lanzaron a promover una narrativa falaz sobre la «ocupación colonial» de España sobre Ceuta y Melilla, instigando a Rabat a incrementar su pretendida «legitilimidad territorial» sobre estas dos ciudades autónomas.
Era 16 de marzo. “Marruecos debería enviar una nueva Marcha verde a Ceuta y Melilla”, rezaba el titular de un análisis publicado en Middle East Fórum. un think tank estadounidense pro-israelí y de extrema derecha. “Ahora que el presidente socialista español, Pedro Sánchez, ha adoptado el discurso de la descolonización, Mohamed VI debería recuperar el espíritu de la Marcha Verde para llevar a cabo la expulsión definitiva de los colonos españoles del territorio marroquí […] Sánchez debería hacer lo correcto: cumplir con su retórica anticolonialista y poner fin a la ocupación española en África”, escribía el autor de este informe, Michael Rubin, que fue asesor del Pentágono.
No fue el único laboratorio de ideas norteamericano que -cuatro meses antes- preparó a Marruecos el terreno para los incidentes de Ceuta. El análisis de Rubin, que llamaba a los ceutíes “colonos” y lo calificaba de territorio ocupado, fue posteriormente republicado por el American Enterprise Institute (AEI), uno de los think tanks más influyentes tanto en republicanos como en demócratas.
Inmediatamente, se pusieron en marcha otros repetidores, esta vez en Israel: “España ha perdido Ceuta” y “Marruecos debe terminar el trabajo” y «tomar la ciudad», dijo en Times of Israel, Jose Lev Alvarez, académico estadounidense-israelí y veterano de las fuerzas especiales del Ejército de Israel y del Ejército de EEUU. “Con el respaldo de Washington y Jerusalén, Rabat puede impulsar una revisión jurídica internacional formal de estos enclaves […] Marruecos debería proponer a Estados Unidos y al Estado de Israel un pacto integral de seguridad para el Mediterráneo occidental en el marco del Acuerdo de Abraham”.
«Israel [debe posicionarse] para respaldar diplomáticamente a Rabat dentro de la alianza liderada por EEUU, que favorece cada vez más a los socios cooperativos frente a los países europeos que se resisten a colaborar (en referencia a España)”, escribía Amine Ayoub, analista marroquí proisraelí en Ynetnews, uno de los medios israelíes más leídos del país.
Todo ello configura una potente serie de indicios que refuerzan la hipótesis de que lo ocurrido en Ceuta -que contó con la evidente complicidad de las autoridades marroquíes- es en realidad una intervención hegemonista.
Con varios objetivos: castigar al Gobierno español por sus críticas a EEUU e Israel, especialmente por su posicionamiento hacia Palestina y el genocidio en Gaza; usar la reclamación sobre Ceuta, Melilla y Canarias como un chantaje para que Marruecos pueda consolidar sus pretensiones sobre el Sáhara, alejando a la diplomacia española de recuperar una posición más próxima a Argelia y los saharauis; y zarandear a un gobierno de coalición al que Washington y Tel Aviv quieren ver caer, para ser sustituído por uno más alineado con sus intereses, un gobierno de PP-Vox.
