Por segunda vez en pocas semanas, de nuevo las elecciones locales en Alemania vuelven a atraer la atención de toda Europa. Los resultados de las urnas en dos länder, el de la capital Berlín y el de Mecklemburgo-Pomerania Occidental se han saldado con dos ganadores de signo antagónico, pero con un mismo perdedor, la CDU del canciller Mertz.
Mientras que en Mecklemburgo-Pomerania Occidental (en el nordeste del país) los comicios han dado nuevamente el triunfo a los ultraderechistas de AfD con el 38% de los votos, en la capital alemana gana las elecciones por primera vez la izquierda de Die Linke, con un programa centrado en el asfixiante problema de la vivienda y en otras medidas de carácter social.
En el momento más alarmante de la política alemana de las últimas décadas, de los barrios populares berlineses surge una luz de esperanza, una alternativa que puede servir de antídoto al auge de los ultras y neonazis.
En la ciudad más poblada de EEUU, Nueva York, un alcalde autodenominado «socialista» en un país donde esa palabra es casi un anatema, Zohran Mamdani, gobierna con un programa centrado en la vivienda y en las condiciones de vida y de trabajo de las clases populares.
Ahora la capital más populosa de la Unión Europea -Berlín- va a tener al frente de su ayuntamiento una figura muy semejante. Se trata de Elif Eralp, canditada de Die Linke (La Izquierda), que ha ganado con el 25% de los votos, acabando con tres décadas y media de alternancia bipartidistas (conservadores y socialdemócratas) en la alcaldía. Todo ello si -como parece que va a ocurrir- Verdes y SPD le dan las llaves de la ciudad
Elif Eralp es hija de emigrantes izquierdistas y sindicalistas turcos que tuvieron que refugiarse en Alemania tras el golpe militar de 1980. Su mismo origen -de la etnia migrante más numerosa de Alemania- ya es un poderoso mensaje en sí mismo contra el discurso de odio xenófobo de la ultraderecha.
Pero hay mucho más. El programa de Eralp se ha basado en topar los alquileres y expropiar 200.000 viviendas que actualmente están en manos de fondos buitre.
En realidad Die Linke lo que ha hecho es que aplicará de inmediato el resultado del referéndum celebrado en la capital alemana en 2021, donde una clara mayoría de berlineses votó a favor de expropiar y socializar las viviendas de los grandes grupos inmobiliarios propietarios de más de 3.000 pisos, entre los que hay -como en España- bancos y fondos de inversión. Cinco años después, aquel mandato seguía sin ejecutarse por la negativa del alcalde de la CDU en una ciudad donde aproximadamente el 85% de los hogares vive de alquiler y donde el incremento de los precios ha transformado radicalmente las posibilidades de acceso a la vivienda.
No es de extrañar que este problema social -el principal, con mucho, para las clases populares en Berlín- y la alternativa de Elif Eralp haya hegemonizado la campaña, desplazando la demagogia identitaria y xenófoba de AfD (que también ha crecido hasta el 16%) o los problemas de inseguridad.
Las medidas clave del programa de vivienda de Eralp son -además de la expropiación a los acaparadores inmobiliarios- la congelación de los alquileres a los inquilinos de viviendas públicas de Berlín, algo que beneficia a unas 400.000 viviendas (alrededor del 25 % del mercado de alquiler) y a cerca de un millón de habitantes de la capital. La medida incluye un freno a desahucios en estas viviendas.
Las medidas de la nueva alcaldesa incluyen la «Ley de vivienda segura», que obliga a los propietarios privados con más de 50 viviendas a destinar al menos una de cada tres nuevas contrataciones a personas vulnerables con bajos ingresos. Esto se estima que generará unas 13.000-17.000 viviendas asequibles al año.
Además, el paquete incluye la construcción masiva de vivienda pública, un plan a 10 años para construir unas 75.000 viviendas sociales con alquileres asequibles. También se redoblará la vigilancia para hacer cumplir las leyes existentes contra alquileres excesivos, pisos amueblados con sobreprecio, inmuebles vacíos especulativos y alquileres turísticos ilegales.
Siendo la vivienda el principal eje del programa de Eralp, también incluye otras muchas medidas sociales, destinadas tanto a contrarrestar los salvajes recortes sociales que está aplicando el gobierno federal de Mertz como a combatir las políticas ultrareaccionarias de odio y xenofobia que promueve la ultraderecha.
La redistribución de la riqueza también forma parte del programa municipal de Eralp. Una parte de las medidas sociales se financiará con un impuesto a las viviendas de lujo, aumentos en las tasas de transmisión patrimonial o de bienes raíces, junto a la presión de Die Linke por lograr un impuesto sobre el patrimonio a nivel federal y en cada länder.
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Victoria de AfD en Mecklemburgo-Pomerania
No todo son buenas noticias
La honda crisis política, económica y social que vive Alemania desde hace años está hundiendo a los partidos tradicionales del bipartidismo alemán (la CDU/CSU conservadora y los socialdemócratas del SPD, junto a la bisagra liberal del FDP) y haciendo que crezca el llamado «voto del malestar»
Especialmente castigado está siendo la derecha tradicional gobernante (CDU) del canciller Mertz, que está aplicando ya un draconiano plan de ajustes y recortes sociales contra la sanidad o las pensiones, o sacando la motosierra contra las ayudas a las clases trabajadoras más precarias y empobrecidas.
Sin embargo, este voto de la indignación y de la protesta está canalizándose por dos cauces absolutamente contrapuestos. Una parte de este torrente de malestar está yéndose, como en Berlín, hacia opciones que apuestan por el camino de la redistribución de la riqueza y de la defensa de las condiciones de vida y de trabajo contra las imposiciones y el saqueo de la burguesía monopolista alemana, que busca en el camino de aumentar la explotación la recuperación de la competitividad de la locomotora germana. Este es el camino de la nueva alcaldesa de Berlín.
Pero no todo son buenas noticias. El otro caudal de impugnación lo está capitalizando una extrema derecha -abiertamente nostálgica del nazismo- que señala como culpable de la degradación de las condiciones de vida y de trabajo no a los banqueros e industriales alemanes y a sus gestores de la CDU y SPD… sino a los trabajadores migrantes.
Los ultras de AfD han vuelto a ganar las elecciones en el estado federado nororiental de Mecklemburgo-Antepomerania con el 38% de los votos
Tras causar un terremoto político a primeros de septiembre ganando las elecciones en un länder alemán (Sajonia-Anhalt), los ultras de AfD han vuelto a ganar las elecciones en el estado federado nororiental de Mecklemburgo-Antepomerania con el 38% de los votos, gracias al hundimiento de la CDU a niveles tan raquíticos (4,9%) que de forma inaudita han quedado fuera del Parlamento regional.
Por suerte, es posible que esta vez el cordón sanitario sí tenga números, y que una unión entre la SPD (35%), Die Linke (6,5%) y Los Verdes (5,6%) logre frustrar un nuevo gobierno regional en manos de los ultras.
Pero la amenaza y la preocupación persisten en Alemania y en el resto de Europa, mientras Washington y Moscú se frotan las manos ante el ascenso de unos ultras a los que llevan años impulsando y financiando.
