En cada conflicto político, económico, social…

Detrás del ruido hay lucha de clases

Todos los días, un ensordecedor estruendo de bronca política brama ante nuestros oídos. Este exceso de decibelios no es casual, y esconde una feroz lucha de clases. Está unido a la imposición de un mayor grado de saqueo sobre la mayoría de la población

Si en una conversación irrumpe un ruido atronador la comunicación se hace imposible, y lo más probable es acabemos entendiendo lo contrario de lo que nuestro interlocutor nos quería decir.

Sucede así en nuestra vida cotidiana, y en la forma en que nos presentan la realidad política y social.

Ante nosotros aparece un ensordecedor ruido que reduce todo lo que sucede en nuestro país a las disputas entre fuerzas políticas, gobierno y oposición, instituciones…

Lo que nos ocultan permanentemente es que detrás del ruido bulle una lucha de clases feroz.

Mientras concentran nuestra atención en el ruido político, las clases que de verdad mandan nos imponen un atraco más agudo, un mayor grado de dominio sobre nuestras vidas. Y ante ello emerge una resistencia expresada en huelgas, manifestaciones…

Si no queremos que emboten nuestra conciencia debemos escuchar detrás del ruido.

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De tractores y sanitarios

Dos ejemplos de la más rabiosa actualidad expresan como el ruido político distorsiona la realidad y oculta lo sustancial.

Una marea de agricultores ha sacado sus tractores a las carreteras y los han llevado a las ciudades. Se manifiestan contra un saqueo persistente, que los empobrece reduciendo su renta o los conduce a la quiebra, mientras grandes fondos y monopolios agroalimentarios o de la distribución se enriquecen con este atraco.

Pero los grandes medios, al cubrir estas movilizaciones, se refieren permanente a la ultraderecha, poniendo en primer plano el “peligro de que dirija las luchas agrarias”.

Existen sectores ultras que intentan “pescar en río revuelto”. El problema es cuando esto se convierte en un ruido político que oculta o ensombrece el conflicto real, de lucha de clases, que sufren agricultores y ganaderos.

Están asfixiados por la escalada de precios impuesta por los grandes monopolios, camuflados detrás de la inflación.

Sufren la extorsión financiera de unos bancos que han duplicado los intereses a pagar por los préstamos.

Los gigantes de la distribución les imponen vender a precios de miseria, en muchos casos por debajo del coste de producción.

Grandes fondos extranjeros, en su mayoría norteamericanos, han irrumpido en el campo español, comprando tierras para esquilmarlas obteniendo ganancias rápidas. E imponiendo una monopolización que devora a muchos pequeños productores.

Y la UE legisla la política agraria al servicio de las grandes burguesías continentales y en contra de agricultores y ganaderos.

Pura lucha de clases. Que sin embargo cuando se nos presenta aparece contaminada por el ruido generado por la ultraderecha, convenientemente magnificado para ocultar la realidad.

Cuanto más se eleven artificialmente los decibelios de la ultraderecha, más sordina se impone sobre el saqueo impuesto al campo por grandes fondos y monopolios, en propiedad de las mayores burguesías del planeta.

El ruido político está unido a la imposición de un mayor grado de saqueo sobre la mayoría de la población

Justo antes de iniciarse la campaña de las elecciones gallegas, la plataforma SOS Sanidade Pública realizaba una masiva manifestación en Santiago de Compostela. Era la culminación de una oleada de movilizaciones que habían recorrido las principales ciudades gallegas. En protesta contra la saturación del sistema sanitario público, la falta de médicos o las cada vez más amplias listas de espera.

Miembros del colectivo «SOS Sanidade Pública» se manifiesta ante el Parlamento de Galicia

Sin embargo, la forma en que se nos contó la noticia volvía a elevar el volumen del ruido. Poniendo en primer plano la disputa electoral entre el PP, que gobierna desde hace 15 años, y la oposición de izquierdas.

Es evidente la responsabilidad de los gobiernos del PP en el deterioro de la sanidad pública gallega. Pero detrás de los ataques contra nuestra salud están los grandes fondos, principalmente norteamericanos, a los que se ha entregado la gestión de hospitales públicos, que transforman la sanidad en su negocio. O las imposiciones del FMI o la Comisión Europea, que nos obligan desde 2010 a recortar el gasto en salud para ampliar las ganancias de un selecto grupo de bancos y monopolios.

Un atraco a nuestra salud, en beneficio de una ínfima minoría, que levanta una marea de movilizaciones.

Otra vez lucha de clases.

La gran confusión

Si un observador externo llega a nuestro país sin conocer nada de la política española, al seguir la actualidad política caerá en un estado de máxima confusión.

Quedará aturdido por una interminable sucesión de conflictos. Desde la tormenta desatada por la amnistía, convertida muchas veces en “monotema”, a los nada disimulados ataques de una parte de las altas instancias judiciales contra el gobierno. Desde la ofensiva de los sectores reaccionarios que se atreven a difundir que con el actual gobierno está en peligro la democracia, a las convulsiones cada vez más frecuentes entre las principales fuerzas a la izquierda del PSOE.

Si ese “observador externo” quiere saber lo que realmente sucede en España deberá atender a dos noticias que no copan los titulares.

Portada de De Verdad #03 de 2024

La primera es capital pero ha pasado inadvertida. El titular de uno de los principales periódicos nacionales decía así: “El acuerdo da el pistoletazo de salida a una nueva etapa de ajustes en la UE”.

Se refería al pacto alcanzado entre la Comisión Europea y el Parlamento Europeo, para aprobar definitivamente las nuevas reglas fiscales. Reinstauran los drásticos objetivos de reducción de la deuda y el déficit dejados en suspenso a causa de la pandemia. Se han impuesto las tesis más duras, defendidas por los “halcones” alemanes. Y para España supondrán recortes de hasta 14.000 millones anuales.

La segunda debe provocar un escándalo nacional. En 2023 la gran banca española ha obtenido 26.000 millones de beneficios, un 27% más que en 2022. Gracias a haber impuesto a familias y pymes el pago de 85.000 millones en intereses o 24.000 millones en comisiones.

Detrás del ensordecedor ruido que genera la política española hay una agudísima lucha de clases.

Si nos dejamos llevar por el ruido político, seremos como el médico que solo trata la fiebre, sin abordar la enfermedad

Su nódulo está en la imposición de un mayor grado de atraco a la población, a través de la subida del precio de alimentos, luz, combustibles… o del incremento en las cuotas de hipotecas y préstamos. Un saqueo que empobrece a la mayoría para incrementar las ganancias del Ibex-35 y especialmente del capital extranjero.

Y las sacudidas políticas están también determinadas por un horizonte donde los grandes centros de poder globales pretenden imponernos una nueva oleada de recortes.

Más allá del ruido

Si nos dejamos llevar por el ruido político, seremos como el médico que solo trata la fiebre, sin abordar la enfermedad que la provoca.

Limitarnos a las disputas que inundan la actualidad es caer en la trampa. Nos impide poder ver las causas y oculta a los verdaderos responsables.

Las sacudidas políticas en España están también determinadas por un horizonte donde los grandes centros de poder globales pretenden imponernos una nueva oleada de recortes.

Detrás del ruido están los feroces procesos de lucha de clases que se traducen en recortes de nuestros salarios y rentas, degradación de la sanidad o la educación públicas… Impuestos sobre trabajadores, agricultores, familias, pymes, autónomos…

Y fijando la atención en el atraco podemos identificar a los atracadores. No son tal o cual fuerza política, juez o medio de comunicación. Esos son, en todo caso, actores secundarios. Quien impone el saqueo contra la mayoría de la población son las grandes burguesías del planeta, están en el Ibex-35, y sobre todo en despachos de Washington o en Berlín.

Definitivamente, detrás del ruido hay lucha de clases.