Aumentan los indicios de una intervención de EEUU sobre Cuba

Cuba se prepara para una nueva agresión imperial

Diez millones de cubanos viven una tensa espera: la de un más que posible ataque militar norteamericano que puede empeorar aún más el drama humanitario de la isla.

Ahora que el escenario de guerra de Oriente Medio parece caminar hacia una posible desescalada, todo parece indicar que los EEUU de Trump se disponen a centrarse en Cuba, una isla a la que llevan seis meses sometiendo a una insoportable asfixia energética que ya ha provocado una grave crisis humanitaria.

Todo parece estar dispuesto para que Washington lance sobre Cuba una intervención imperialista similar a la que ejecutó en Venezuela a principios de año.

Con la sola excepción de la llegada de un carguero ruso, que suministró apenas el crudo que necesita la isla para unos días, Cuba lleva sin recibir una gota de petróleo durante seis meses. El colapso energético, con apagones diarios que duran más de 20 horas en la capital, ya es una trágica realidad, así como las dramáticas consecuencias de la crisis humanitaria y sanitaria: no hay ambulancias, ni transporte público, un recogida de basuras, ni saneamientos adecuados. Ya hay incubadoras de bebés o máquinas de diálisis que no funcionan por falta de energía, o ancianos que no han llegado a tiempo a la puerta de Urgencias. Y a la carestía estructural de la economía cubana se le suma ahora la falta de un suministro suficiente de alimentos o de agua potable.

Esta es la ya insoportable situación en la que los diez millones de cubanos viven una tensa espera: la de un más que posible ataque militar norteamericano que puede empeorar aún más el drama humanitario de la isla.

El posible cese de las hostilidades en Oriente Medio trae ominosos augurios a los cubanos, que saben que están los primeros en la lista de próximas agresiones del Imperio.

«Me gusta hacer una cosa después de la otra. Nos ocuparemos de la República Islámica de Irán, y, tan pronto como eso esté resuelto, de regreso haremos una pequeña y breve parada en Cuba», dijo recientemente Donald Trump. «Tan pronto» como finalice el conflicto en Oriente Medio, EEE se va a «ocupar» de Cuba, dijo el norteamericano.

En uno de sus habituales alardes de cinismo, Trump aseguró que Cuba «se está muriendo de hambre, no tiene energía, no tiene petróleo, no tiene dinero, no tiene nada», insistió, añadiendo que «nos encargaremos de ellos. Queremos ayudarlos».

En medio de todo este combo de amenazas y de asedio energético, faltaba la guinda. Vestido en camiseta y pantalón corto, como de soldado de entrenamiento, el secretario de Guerra de Estados Unidos, Pete Hegseth, visitó por sorpresa la base naval de Guantánamo, en la punta sudoriental de la isla, para remarcar las amenazas de EEUU a Cuba y hacer unas delirantes declaraciones. Hegseth dijo que sería «imprudente» cualquier intento de Cuba de obtener armas para atacar al enclave militar estadounidense en la isla. El agresor haciéndose el amenazado.

En un tono marcial e intimidante, el jefe del Pentágono advirtió que «ningún país del mundo puede igualar la capacidad» militar de EEUU y que «el futuro de Cuba está en manos» del presidente, Donald Trump.

Pete Hegseth arenga a las tropas norteamericanas en la base de Guantánamo, Cuba

Todo ello coincide con la imputación por el Departamento de Justicia de EEUU de Raúl Castro, hermano de Fidel y máxima figura viva de la Revolución de 1959. Se le acusa -treinta años después de los hechos- del derribo de dos avionetas de «voluntarios cubano-estadounidenses» de la organización Hermanos al Rescate, por parte de fuerzas cubanas y el espacio aéreo de la isla, un incidente que dejó cuatro muertos. Junto a esta orden judicial, el gobierno de Trump ha emitido sanciones contra algunos de los principales dirigentes de Cuba, incluidos militares y funcionarios del partido, buscando elevar aún más la presión.

Pero no sólo son bravatas y amenazas verbales. A mediados de mayo EEUU desplegaba su portaaviones USS Nimitz y su grupo de apoyo en el Caribe -varios destructores y cruceros lanzamisiles que pueden lanzar golpes de precisión contra objetivos en tierra- no lejos de las costas cubanas. Algo que remite a lo ocurrido hace apenas unos meses, cuando EEUU envió otro portaaviones, el USS Gerald Ford, frente a las costas de Venezuela, en las semanas previas a la intervención armada que culminó con el ataque al país caribeño y la captura de su presidente en enero de este año.

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Reformas a punta de pistola

En medio de toda esta presión, con la superpotencia apretando el gaznate de la isla como nunca lo ha hecho, el gobierno cubano ha decidido «adoptar» muchas de las «medidas liberales» que rechazó durante décadas.

En una reunión del Comité Central del Partido Comunista Cubano, el presidente Díaz-Canel ha aceptado a punta de pistola (norteamericana) un paquete de reformas (de hasta 176 disposiciones) que abren la isla a la penetración de los grandes capitales de Wall Street, algo impensable meses antes.

Entre otras medidas, las reformas abren la puerta a la banca privada, permite la inversión extranjera directa en el turismo, acaba con el monopolio estatal del comercio exterior y estira el corsé de las plantillas privadas más allá del límite de los 100 empleados.

Aunque bajo la presión del chantaje, es un movimiento defensivo por parte del gobierno cubano, que ha defendido estas medidas para poder evitar una mayor y más grave intervención por pare de EEUU. «Cambiar lo que haya que cambiar» para poder resistir, ha dicho Díaz-Canel.

Más allá del efecto -beneficioso o nefasto- que vayan a tener estas medidas sobre la economía y la población cubana, todos los demócratas del mundo debemos repudiar y denunciar las condiciones de cerco, de asfixia y chantaje en las que la Dictadura Hegemonista de Trump las ha impuesto a un país soberano como Cuba.