Pekín desafía a Trump e ignora las sanciones impuestas contra Irán

China decreta su insurrección ante las sanciones de EEUU

¿Estamos ante la primera ficha de un dominó que puede abrir en dos el sistema financiero mundial, dejando al desnudo la erosión y la decadencia de la supremacía norteamericana?

Hasta ahora, cuando EEUU imponía sanciones contra un país, todos los demás debían acatarlas, de grado o por la fuerza, por las severas consecuencias que tenía desobedecer esas sanciones para los Estados, empresas o particulares que establecieran tratos comerciales con la nación represaliada por Washington. El poderío político y económico de la superpotencia establecía un cerco sobre un país, y el resto debía acatar el chantaje.

Pero ahora China ha decidido romper la baraja, y ha decretado que su país y sus empresas deberán desconocer las sanciones que ha impuesto EEUU para comerciar con Irán.

No es que hasta ahora las autoridades chinas hubieran acatado dócilmente las sanciones de Washington contra otros países que son importantes socios comerciales de Pekín -como Irán- o con los que tiene una fraternal relación por cercanía política, como Cuba. China acumula años denunciando públicamente esas sanciones del hegemonismo por unilaterales e ilegales… pero hasta ahora las había cumplido, evitando el coste económico de desobedecerlas.

Por ejemplo, un cubano residente en Pekín y casado con una ciudadana china cuenta que cuando Cuba fue ridículamente incluida por la administración Trump en la lista estadounidense de patrocinadores del terrorismo, no pudo enviar ni recibir pagos en metálico por los bancos chinos, ni abrir una cuenta bancaria.

Pero todo eso se acabó. China ha decidido insurreccionarse contra las sanciones norteamericanas, declarándolas ilegales en lo que a su territorio y empresas se refiere, abriendo un escenario inaudito en las relaciones bilaterales y la arquitectura bancaria global. Todo ello a pocas semanas de que Trump visite China. Se trata de una clara medida de fuerza, independencia y autodeterminación, que además lanza un claro mensaje de rebelión para el mundo.

¿De qué sanciones estamos hablando? En medio de la escalada bélica contra Irán, Donald Trump ordenó una serie de medidas que buscan estrangular la economía de la República Islámica, pero que además iban dirigida de forma poco disimulada contra las empresas petroleras del principal socio comercial de Teherán: China. Concretamente Washington puso en su lista negra a las llamadas «tetetas» chinas, cuatro pequeñas compañías privadas que compran crudo iraní fuera del circuito ortodoxo y del radar internacional. La quinta, Hengli Petrochemical, es un gigante con capacidad cercana al medio millón de barriles diarios, la mayoría de procedencia iraní.

El Ministerio de Comercio chino ha ordenado una triple negativa hacia las sanciones estadounidenses por comerciar con Irán: no serán reconocidas, no serán obedecidas, no serán cumplidas. Es más, si dentro o fuera de China alguna empresa ejecuta estas sanciones contra sus petroleras, tendrá que responder por daños y perjuicios en los tribunales chinos, se arriesgan a ser multadas por Pekín o incluidas en el listado negro que legitima la congelación de bienes y las restricciones comerciales.

Dicho de otra manera, China ha establecido el siguiente dilema para miles de bancos y empresas de todo el mundo: si obedeces el chantaje de Washington y me aplicas las sanciones de Trump, olvídate de mi gigantesco y emergente mercado de 1.400 millones de consumidores. Tu sabrás.

Se trata de una medida defensiva, pero de enormes repercusiones, porque puede prender la mecha de una insurrección económica y política mundial hacia las imposiciones de la superpotencia. Una posición soberanista que puede contagiarse fácilmente a los países de los BRICS+, pero también hacia muchos países del Tercer Mundo, de Asia y África principalmente, que tienen sus principales vínculos económicos y comerciales con China y los BRICS, y no con EEUU y las potencias occidentales.

¿Estamos ante la primera ficha de un dominó que puede abrir en dos el sistema financiero mundial, dejando al desnudo la erosión y la decadencia de la supremacía norteamericana -en los terrenos económico, comercial, pero también político y diplomático- frente al auge de otros centros de poder emergentes que pujan por un orden mundial multipolar?

Aún es pronto para saberlo, pero la insurrección de China es un hecho de una enorme relevancia.