Mes y medio después de la entrada de 80.000 personas la crisis abierta en Ceuta no solo no se cierra sino que se agudiza.
Es un drama humanitario, para los miles de inmigrantes que malviven sin recurso alguno, y para una ciudad, Ceuta, que vive una situación límite.
Debemos exigir que se movilicen todos los recursos del Estado para resolver esta crisis de forma inmediata. Y a todas las administraciones, fuerzas políticas y sociales, que trabajen conjuntamente para resolver una situación que es más grave cuanto más tiempo pasa.
Mantener abierta la crisis en Ceuta es inmoral, y solo beneficia a una ultraderecha que utiliza esta tragedia para crecer y difundir su veneno racista.
Se han habilitado 3.400 plazas en campamentos provisionales para alojar a parte de quienes entraron ilegalmente en Ceuta. Pero muchos, varios miles, permanecen en la ciudad sin techo, sin comida ni bebida, sin acceso a servicios esenciales. Sobreviven en chabolas construidas por ellos mismos en la playa del Trampolín, en el polígono del Tarajal o en los montes que rodean la ciudad. Su situación empeora cada día que pasa sin recibir la atención necesaria.
Especialmente grave es la situación de los menores. Las autoridades han identificado 2.000, pero las ONGs que están sobre el terreno afirman que son muchos más. La mitad de ellos son niñas, los más vulnerables entre los más vulnerables. Durante el último mes se han registrado 23 agresiones sexuales a migrantes.
Y Ceuta es una ciudad en una situación límite. La vida normal de la ciudad se ha paralizado. Los comercios y empresas no pueden realizar su actividad. El curso escolar no ha podido comenzar con normalidad…
La población ceutí ha dado sobradas muestras de solidaridad, acogiendo a los y las menores, ofreciendo comida y refugio a muchos inmigrantes. Y se enfrentó con grupúsculos ultras cuando llegaron a Ceuta con la intención de propagar un incendio xenófobo. Pero ya se han producido los primeros incidentes.
Un grupo de encapuchados atacó a familias de inmigrantes instaladas en el polígono del Tarajal, hiriendo a un niño con una pistola de balines. Pocos días después, una horda incendió al menos 40 tiendas de inmigrantes en el Tarajal. Y se registró la quema de coches o contenedores en varios lugares de la ciudad.
No es algo improvisado ni fruto de un arrebato individual. Son grupos de ultras organizados. No tiene nada que ver con la lógica indignación de los vecinos de Ceuta. Son escuadrones racistas y xenófobos que solo pretenden incendiar Ceuta para obtener rédito político.
El Estado debe poner todos los recursos necesarios para garantizar los derechos humanos de los migrantes en Ceuta.
Se debe actuar con celeridad para que Ceuta pueda recuperar la normalidad. Anteponiendo la protección de los derechos de las personas. Los miles de inmigrantes que todavía están en Ceuta deben recibir un trato justo. Y una línea roja, que no se puede traspasar, es la protección de los menores. Todos los niños, y especialmente las niñas inmigrantes presentes en Ceuta deben ser acogidos y trasladados a la península.
Hay que asegurar que se cumple la ley y los derechos humanos. No debe haber devoluciones en caliente y la población de Ceuta y los migrantes han de estar protegidos. Y para ello deben ser distribuidos entre el conjunto del territorio español.
Al mismo tiempo, hay que atender las necesidades de la población ceutí, y de una ciudad colapsada, garantizando todas las medidas sanitarias y sociales necesarias.
Esto exige la unidad de todas las administraciones, desde el gobierno central a las diferentes autonomías y por supuesto el gobierno de la ciudad de Ceuta. La utilización del drama humanitario en Ceuta como arma política es un espectáculo indigno. El gobierno central debe rectificar, movilizando todos los recursos del Estado para resolver esta crisis. No es aceptable que las comunidades con gobiernos de PP -y Vox- con una mano apoyen a Ceuta y con la otra se nieguen a recibir a los menores que la ciudad autónoma no puede acoger. Y es despreciable promover la división y el racismo enfrentando al pueblo como hace la ultraderecha.
