Guerra comercial entre EEUU y Canadá

Canadá, determinada en enfrentar a Trump

Canadá resistiendo contra la Dictadura Mundial de Trump. Parece una contienda quijotesca. Pero en el nuevo mundo multipolar, Ottawa puede encontrar puntos de apoyo

La pasada primavera, avisé de que Estados Unidos trataba de quebrarnos para adueñarse de nosotros. Y prometí que eso era algo que nunca, nunca sucedería. Hoy mantenemos esa promesa”. Estas son las palabras, pronunciadas en tono grave, con las que el primer ministro canadiense Mark Carney declaraba rotas las negociaciones con unos EEUU de Trump que buscaban imponer al país de la hoja de arce condiciones inasumibles.

Como consecuencia, Canadá -una economía muy fuertemente ligada a EEUU, cuyo PIB es 13 veces mayor y el destino de las dos terceras partes de sus exportaciones- ha decidido levantar barreras proteccionistas contra su vecino del sur, cuyo presidente no para de jactarse de que les obligará a convertirse en el «Estado 51». Ottawa impondrá aranceles canadienses del 50% a productos estadounidenses por valor de 27.600 millones de dólares, como represalia a una medida similar impuesta ya por la Casa Blanca. «Responderemos dólar por dólar».

Los canadienses tragan saliva, conscientes de que las consecuencias económicas y sociales de una confrontación comercial frontal con EEUU serán muy duras. Pero sin embargo, el 80% de la ciudadanía -un espectro muy trasversal y variado de la opinión pública, desde sectores progresistas a conservadores- respaldan a Carney y a su política de firmeza ante Trump.

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A veces es muy didáctico ver las entrevistas que los miembros de la administración Trump dan para canales tan conservadores como Fox News, donde sueltan su lengua, confiados en que hablan para su parroquia.

«Yo tenía una pastora alemana y en el parque había un perro salchicha que la molestaba. Y me recuerda un poco a eso: a ese perrito chillón que no paraba de ladrar. Durante mucho tiempo, la pastora alemana de 50 kilos ignoró al teckel, hasta que un día se hartó». Scott Bessent, secretario del Tesoro de Donald Trump, no describió la rabiosa mordedura del perro de mayor tamaño, pero no hizo falta. Así, con esta amenaza velada, propia de un mafioso, se refirió el máximo responsable de la economía estadounidense a la actitud insumisa de Canadá. “No creo que nadie pueda entrar en un toma y daca con quien es 13 veces más grande”, sentenció con una arrogante sonrisa.

Esta es una publicación real de Trump en su red social Truth, mostrando sin tapujos sus intenciones de apoderarse de Canadá y de Groenlandia

Y sí, nadie puede negarlo. Es David contra Goliath. Pero los canadienses hace tiempo que han sacado sus hondas. Desde el retorno de Trump a la Casa Blanca declarando -una y otra vez y completamente en serio- que Canadá estaría mejor si aceptara convertirse en el Estado número 51 de Estados Unidos, un nuevo sentimiento de independencia, de patriotismo resistente y de antipatía por EEUU ha despertado en el país.

El liberal Mark Carney, un exbanquero que ganó holgadamente las elecciones federales en marzo de 2025 justamente a lomos de este sentimiento, ha mantenido durante todo este año y medio una postura firme e inamovible frente a las bravatas de la Casa Blanca. Algo que contrasta fuertemente no sólo con la actitud indecisa, apocada y pusilánime de su predecesor, el liberal de su mismo partido Justin Trudeau, sino con la pleitesía mostrada por la mayoría de los líderes europeos ante un presidente norteamericano que los degrada permanentemente, que no oculta sus esfuerzos por convertirlos en vasallos.

La corriente soberanista en la opinión pública de Canadá es tan fuerte -el 83% de los ciudadanos tiene una opinión «mala» o «muy mala» de Trump, un 71% apoya las políticas proteccionistas de Carney, e incluso un 65% es partidario de prohibir las exportaciones canadienses críticas hacia EEUU como medida para aumentar la beligerancia comercial- que al primer ministro canadiense le han salido imitadores. Uno de ellos es el primer ministro de la provincia de Ontario, Doug Ford, que llamó “dictador” al republicano y le dijo: “Puedes besarme el culo, Donald Trump”.

Canadá y Trump – Osama Hajjaj

Por eso, porque este es el ánimo de la inmensa mayoría de los canadienses ante quien es una «amenaza existencia» hasta para su propia identidad nacional, el gobierno de Carney ha redoblado su apuesta. “Estás en guerra cuando has sido atacado. Y nosotros hemos sido atacados”, dijo.

Alberta no sólo responde con palabras, sino con hechos. Con actos políticos que demuestran que algo se quebrado, y que Canadá ya no confía en que un cambio de gobierno en la Casa Blanca, o un cambio de correlación de fuerzas en Washington tras las próximas elecciones de medio mandato, vuelva a restablecer unas relaciones más cordiales y equilibradas con la superpotencia.

En mayo, en plena escalada de amenazas por parte de EEUU, Canadá ratificó la firma de un nuevo e importante tratado comercial ni más ni menos que con China, blanco principal de la geopolítica de Washington. En el mismo, Canadá autorizaba la entrada de casi 50.000 vehículos chinos y firmaba memorandos para fortalecer la cooperación e intercambios de petróleo crudo, gas natural licuado y uranio.

Y no sólo es con China. En la búsqueda de rebajar la dependencia de Canadá de la economía de EEUU, la diplomacia canadiense está fortaleciendo sus relaciones con otros mercados gigantescos, como India o la Unión Europea. De hecho el 16 de septiembre Carney está invitado a participar en el pleno del Parlamento Europeo en Estrasburgo.

Canadá resistiendo contra la Dictadura Mundial de Trump. Es una contienda desigual, casi quijotesca. Pero en el nuevo orden mundial multipolar que se está abriendo paso con ímpetu, el país del arce puede encontrar grietas, rendijas y puntos de apoyo que hace una década e incluso un lustro no podían ni soñarse.