Caída en la bolsa de Wall Street y amenazas de nueva crisis

La segunda mayor pérdida de valor de toda su historia en una sola jornada, sufrida por la Bolsa de Nueva York, sacudió al resto de bolsas mundiales a comienzos de octubre. ¿Pánico infundado o hay algo de verdad? Y ¿Se puede comprender lo que ocurre al margen de la durísima batalla que se vive en Washington desde la llegada de Trump y de su nueva orientación para mantener la hegemonía de EEUU?

El secretario (ministro) del Tesoro estadounidense, Steven Mnuchin, salió en rueda de prensa para afirmar que la economía estadounidense se mantiene sólida y que la caída en la bolsa de valores es «solo un ajuste natural».

No parece muy tranquilizador porque es exactamente el mismo argumento que daba la presidenta del Fondo Monetario Internacional (FMI) C. Lagarde ante el desastre de febrero: “Las caídas en la Bolsa son una corrección bienvenida”. Y ya ven, siete meses después el problema se repite.

La altura de la caída

“Los precios de bonos y acciones en Wall Street están siendo comprados y vendidos en cantidades nunca antes vistas.” Este titular de la cadena de televisión norteamericana CNN apunta en la dirección contraria al “ajuste natural” y la “corrección”. Los datos son contundentes. En febrero el índice de valores industriales (Dow Jones) cedió 1.200 puntos en la mayor bajada diaria en puntos de su historia. (Recordemos que en el momento de la quiebra de Lehman Brothers en 2008, la bolsa perdió 777,68 puntos). Ahora, en este octubre, perdió otros 831 puntos.

En un solo día, el 6 de febrero, el conjunto de monopolios industriales norteamericanos habían perdido el equivalente a todas las ganancias del año anterior. Ningún sector se salvó. Salud, industria, finanzas, energía, tecnológicas… Google, la segunda compañía cotizada, perdió 114.000 millones. Apple, la mayor del parqué, 83.000 millones. Microsoft les siguió con 69.000 millones, Berkshire Hathaway otros 63.000 millones en pérdidas, Exxon Mobil 54.000 millones… “La mayor salida de dinero en fondos de renta variable jamás vista», anunciaban desde Bank of America: 33.000 millones de dólares de pequeños ahorradores huyeron en esa semana de los fondos de acciones en EEUU. Y una cantidad similar en el resto del planeta. La onda hizo que en sólo cinco jornadas, Hong Kong se dejara un 9,9%, Shanghái un 9,7%, Tokio 8,9%, Taiwán 8,1%,… hasta en Australia, Sídney, cedió un 5,1%. Las bolsas europeas caían al tiempo, como en los peores días del anuncio del Brexit.

Las jornadas del 6 al 9 de febrero no fueron ninguna “necesaria corrección”, provocada por la buena marcha de la economía que empuja a la “recogida de beneficios”, sino un desastre en toda regla, valorado en miles de millones en pérdidas.

Las grandes compañías tecnológicas encabezaron el último retroceso en la Bolsa este otoño: Facebbok y Apple -4%, Amazon -6%, Alphabet y Microsoft -5%, Netflix -8%… el resto de sectores (energía, industria, y fianzas) también cayeron entre un 3 y un 4%.

La suma de las pérdidas de valor de tan solo las 5 mayores corporaciones, la sesión del 10 de octubre equivale a todo el Producto Interior Bruto de un año, de un país avanzado como Suecia.

Todo apunta a un duro desvío del dinero nada natural. ¿Desvío hacia dónde?

De acciones a deuda pública

Pero el dinero no desapareció. La caída fue provocada por la retirada de fondos, por la venta masiva de acciones. Y con el dinero los vendedores acudieron a comprar Letras del Tesoro norteamericano. Deuda Pública de EEUU. Que parece un valor más seguro y que paga ya unos intereses superiores a los dividendos de las acciones en Bolsa. Este es exactamente el mismo movimiento que se produjo en Febrero.

Además la subida del precio del dinero por parte de la Reserva Federal estadounidense ha elevado la rentabilidad del dólar, y ha provocado también un trasvase desde la inversión en bolsa (renta variable) a la compra de divisas y títulos de deuda (renta fija).

Así que las sucesivas amenazas de “próxima gran crisis”, unidas a la política monetaria, (la Reserva Federal ha aumentado las tasas de interés ocho veces en los últimos tres años,) han sido los mecanismos para empujar a los inversores a la compra de Deuda Pública de EEUU.

Más madera

Trump basa una gran parte de su programa económico en una gigantesca inversión en infraestructuras por valor de 1,7 billones de dólares. Además el Senado norteamericano votó un incremento del gasto público de otros 300.000 millones de dólares (de ellos 180.000 se irán a gastos militares). Y teniendo en cuenta que la reforma fiscal del actual gobierno, rebajando impuestos a los monopolios le supone ingresar menos, (según el cálculo de la Oficina independiente de Presupuesto del Congreso, la reforma que impulsaron los republicanos sumará 1,45 billones al déficit nacional de Estados Unidos), juntando ambas cosas: incremento de gastos y reducción de ingresos por impuestos, las cuentas sólo se pueden cuadrar aumentando el endeudamiento. Y para financiarlo necesitan movilizar capitales hacia la compra de Deuda Pública. Tal y como sucedió en febrero y se repitió en octubre.

Sus monopolios a salvo

Aunque el trasvase de capital se produce desde el valor de las acciones de empresas norteamericanas hacia Deuda del Estado, y afecta a la baja a las cuenta de las grandes compañías, este les debe suponer un precio razonable a pagar comparado con las ingentes ganancias que les procura la línea económica de Trump: proteccionismo que les reserva el mercado interno; sumado a una bajada de impuestos del 35 al 21%; y con la guinda de que todas sus ganancias en el extranjero no tributan.

Cada una de las grandes corporaciones estadounidenses poseen una liquidez más de 10.000 millones de dólares en efectivo. De conjunto tienen medio billón de dólares rentando en deuda corporativa y valores financieros, y otro medio billón en deuda pública de varios países. Los grandes monopolios norteamericanos son al tiempo compradores de Letras del Tesoro estadounidense.

Muerto el perro…

Y de repente, una vez provocado el trasvase multimillonario, todas las amenazas sobre una cercana crisis, que empujaron a miles de inversores a vender acciones de empresas para poner su dinero en préstamos al Estado, han cesado. De manera tan exagerada que el titular de un periódico económico cambiaba a “Wall Street vivió hoy una sesión bursátil pesimista… los inversores vendieron acciones en masa, a la que los analistas sin embargo restaron importancia.”

Recordemos que las dos voces que iniciaron la alarma de crisis lo hicieron desde el centro del sistema financiero norteamericano. A principios de este verano, el ex presidente de la Fed, Ben Bernanke, advirtió que la economía de EEUU podría enfrentarse a un momento crítico en 2020 a medida que las formas de estímulo comienzan a agotarse. A mediados de septiembre, cumpliéndose la década del caída de Lehman Brothers, los analistas de JP Morgan (principal banco de inversión del Mundo) amenazaba con un futuro cercano de retroceso mundial, y presentaron un indicador destinado a medir el momento y la gravedad de la próxima crisis financiera: fijando fecha para incrementar el miedo: 2020, en apenas 14 meses.

Basado en hecho reales

Ahora bien, aunque el pánico se siembre buscando el objetivo de promover el traslado de capitales de la bolsa a la compra de bonos que financien el déficit norteamericano, no hay mejor película de terror que la que comienza con un “basada en hechos reales”.

El presidente de la Cámara de Representantes, Paul Ryan, encargó a un grupo de trabajo estudiar posibles reformas presupuestarias que limitaran el crecimiento de la deuda del Gobierno federal, y calcularon que el país necesitaría 28 años seguidos de recortes para poder sanear las cuentas. A finales de 2017, la Deuda Pública norteamericana alcanzaba los 18 billones de dólares. Transcurridos unos meses ya ha sobrepasado los 20 billones, frente a los 10,6 billones registrados en 2010, cuando Barack Obama llegó a la Casa Blanca. En menos de una década, la deuda se ha duplicado.

La conclusión del Estudio del Congreso estadounidense establece que para volver a unos niveles de deuda próximos al 40%, EEUU requeriría realizar recortes equivalentes al 3,1% de su PIB o, lo que es lo mismo, reducir un 15% el gasto federal. Y aún si esto se comenzara a aplicar ya, la deuda no bajaría al 40% hasta 2047.

Una montaña de deuda

El endeudamiento de empresas, consumidores y estados volvió a subir el año pasado a escala planetaria hasta la cifra récord de 247 billones de dólares – 211 billones de euros–, tres veces más que el PIB mundial, según el informe del Instituto Internacional de Finanzas (IIF) de Washington. Los medios de comunicación repiten las noticias de agencia que apuntan al endeudamiento de los países emergentes como focos de ese crecimiento de Deuda, en una clara manipulación de los datos, apoyándose en el dato global; pero al bajar al detalle, vemos que la deuda que aumenta en los países de Tercer Mundo más independientes, es de las familias, fruto de que su mejora en las condiciones de vida y salarios les permite acceder a la compra de pisos. En lo fundamental esa deuda privada son créditos hipotecarios.

Si tomamos una lista de 15 países altamente industrializados entre las mayores economías del Mundo, resulta que el endeudamiento público de EEUU se incrementó en 5 billones de dólares en tan solo 5 años, por 3,7 billones que suman los otros 14 países.

Deuda Pública de los Estados en miles de millones de dólares

PaísDeuda 2012% PIBDeuda 2017% PIBvariación

EEUU13.019.000103,00%18.036.000107,00%5.017.000

Japón11.050.000229,00%10.538.000235,00%-512.000

China2.284.00034,00%4.494.00044,00%2.210.000

Alemania

2.200.000

79,00%

2.092.000

64,00%

-108.000

Francia

1.892.000

90,00%

2.218.000

97,00%

326.000

Italia

1.990.000

123,00%

2.263.000

131,00%

273.000

Reino Unido

1.745.000

84,00%

2.013.000

87,70%

268.000

Brasil

1.192.000

62,00%

1.271.000

78,00%

79.000

Canadá

948.000

69,00%

1.264.000

91,00%

316.000

India

948.000

69,00%

1.415.000

69,00%

467.000

España

890.000

85,00%

1.144.000

98,00%

254.000

México

398.000

42,00%

552.000

57,00%

154.000

Portugal

212.000

126,00%

242.000

125,00%

30.000

Rusia

204.000

11,00%

181.000

15,00%

-23.000

Sudáfrica

126.000

41,00%

137.000

51,00%

11.000

Un peligro real

La parte de realidad de las amenazas de crisis es que si esta se volviese a desatar en un periodo cercano, los países, con un endeudamiento actual muchísimo mayor que entonces, estarían en una posición de extrema debilidad para responder. España tenía una deuda, en el momento de la quiebra de los bancos hipotecarios norteamericanos, del equivalente a un tercio (35%) del PIB: hoy supera el 100%. Portugal está en el 125%, Italia en el 131%, Grecia en el 230%….

Ahora bien, no todas las naciones se encuentra en este riesgo. A mayor grado de independencia de Washington, mejores condiciones económicas disfrutan las naciones.

Si extrapolamos de la tabla que compara la Deuda de 15 economías y colocamos a un lado los países del área de influencia norteamericana y al otro los más independientes y las economías emergentes (BRICS), salta a la vista la enorme diferencia en el porcentaje de su Deuda respecto a su Producto Interior Bruto.

Comparación de la Deuda Pública

en % del PIB

EEUU

107,00%

China

44,00%

Japón

235,00%

Sudáfrica

51,00%

Alemania

64,00%

India

68,00%

Francia

97,00%

Rusia

15,00%

Reino Unido

87,00%

Brasil

78,00%

España

98,00%

Italia

131,00%

Canadá

91,00%

Media

113,75%

Media

51,20%

Chantaje y saqueo

Sin duda, la elevada deuda, actúa como un instrumento de presión. Aparte de la capacidad de injerencia de EEUU en la política interna de España y otras naciones, hay que sumar el coste que suponen las reclamaciones de Washington hacia su zona de influencia para sostener el déficit norteamericano y evitar su quiebra, por el chantaje del abismo económico al que arrastraría al resto. Con Obama padecíamos un dominio pactado, con Trump los pactos están para romperse; pero con ambos, permanecer encadenados política y económicamente a EEUU resulta el mayor peligro futuro además de la mayor fuente de saqueo presente.