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Bolsonaro II adelanta a Lula: Brasil afronta como una encrucijada la segunda vuelta

¿Cómo es posible que el Brasil en el que Lula dejó de ser presidente en 2010 con un 80% de aprobación, esté ahora tan hondamente polarizado?

En un resultado «inesperado» para la izquierda carioca, el ultraderechista e hijo del expresidente Jair Bolsonaro, Flávio Bolsonaro, ha ganado la primera vuelta de las elecciones presidenciales brasileñas con el 47,04%, adelantando por casi dos puntos y 2,4 millones de votos al actual presidente y candidato del Partido de los Trabajadores, Luis Inácio Lula da Silva (45,15%)

Dado que ninguno de los dos ha superado la mitad de los votos, este resultado aboca a una más que disputada segunda vuelta prevista para el próximo 25 de octubre. Unas elecciones que ponen a la principal potencia política, económica y demográfica de Sudamérica ante una encrucijada: o el camino de progreso, soberanía y redistribución de la riqueza que representa Lula, o el de las políticas ultrareaccionarias y entreguistas, la sumisión y el encuadramiento en los mandatos de los EEUU de Trump que representan los Bolsonaro.

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Hace unos meses, Lula aventajaba a Flávio Bolsonaro con más de diez puntos en intención de voto, una distancia que se fue acortando cada semana. Pero incluso los últimos sondeos habían pronosticado que Lula lideraría la primera vuelta por unos 3 puntos porcentuales.

De ahí la sorpresa al conocerse los resultados. No sólo han dado como ganador al hijo del ultraderechista Jair Bolsonaro, condenado por orquestar el golpe de Estado de la Plaza de los Tres Poderes en enero de 2022, sino que le han entregado ya una considerable cuota de poder parlamentario. El Partido Liberal (PL) de extrema derecha prácticamente dobló su bancada y salió de las urnas como la mayor fuerza del Senado brasileño, con el control de la tercera parte de la Cámara Alta.

«Es sin duda un resultado inesperado. Estaba convencido de que ganaría en primera vuelta», declaraba un Lula que sin embargo está determinado a dar la batalla. «A partir de mañana, una nueva campaña comienza». La alternativa según el histórico líder de la izquierda carioca pasa por movilizar a parte de los 33 millones de brasileños ―21% del electorado― que se abstuvieron.

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Un país polarizado… a drede

La participación, que es obligatoria en el país, ha rozado el 80%, similar a los anteriores comicios en 2022. El tercer mandato de Lula, pese a todos los problemas y boicots de unas cámaras legislativas dominadas por la derecha, ha logrado seguir avanzando en sus políticas de redistribución de la riqueza, incluyendo aumentos del salario mínimo por encima de la inflación, un crecimiento saludable y una seguridad social en expansión, además de niveles de desempleo históricamente bajos.

Carteles en Sao Paulo que denuncian la sumisión de Flávio Bolsonaro a Trump

En el otro lado de la ecuación está el primogénito de un expresidente ultraderechista, Jair Bolsonaro, que además de urdir un golpe de Estado y lanzar todo tipo de ataques a las libertades y la democracia, hundió los derechos sociales y laborales y saboteó durante la pandemia de Covid-19 cualquier tipo de medida que antepusiera la salud y la vida de los brasileños ante los intereses empresariales (Brasil registró más de 38 millones de contagios y más de 704.000 muertes por coronavirus, una de las tasas más altas del mundo).

El programa de Flávio Bolsonaro es el típico cóctel de mano dura contra la delincuencia y el narcotráfico, algo que causa estupor cuando se conoce el historial del personaje, un testaferro del lobby del juego, los estafadores bancarios, la Miami imperial, el crimen organizado y los estafadores de la seguridad social. Propone la castración química para los violadores, pero su propio compañero de fórmula – Alfredo Gaspar- ha sido acusado de violar a una menor. En realidad, su programa real consiste en entregar a Brasil, a sus riquezas y recursos naturales, a los EEUU, y alinear a Brasilia en el «Escudo de las Américas», la coalición imperialista con la Trump pretende restaurar su nueva «Doctrina Monroe».

¿Cómo es posible que el Brasil en el que Lula dejó de ser presidente en 2010 con un 80% de aprobación, esté ahora tan hondamente polarizado, con más de 56 millones de brasileños votando por personajes como los Bolsonaro?

Lo cierto es que a pesar de los logros del PT, en Brasil persisten hondos problemas sociales. A pesar de las políticas redistributivas, la precariedad laboral sigue imperando y el costo de vida es más alto, al igual que los niveles de endeudamiento (cuatro quintos de las familias brasileñas están endeudadas, en parte impulsadas por el cáncer social de las apuestas en línea precisamente impulsadas por las políticas del clan Bolsonaro). Y es cierto que la delincuencia, especialmente los robos y las estafas en línea, están a la orden del día.

Lo cierto es que el programa del PT en el tercer mandato de Lula ha estado en todo momento maniatado por el Congreso más derechista de la historia brasileña. Lo han frenado y boicoteado tres fuerzas principales: los llamados lobbies de la Biblia (las sectas evangélicas ultraconservadoras y neopentecostales), el Buey (los terratenientes del agronegocio) y la Bala (la ultraderecha más militar y policial, con raíces en la dictadura).

Estas son las tres patas de la pujanza de los Bolsonaro. Pero a su vez, todas ellas tienen potentes vínculos de alianza y subordinación con el verdadero y principal poder que explica el auge de la ultraderecha, en Brasil, en América Latina y en buena parte del mundo, incluida Europa. Y ese no es otro que los centros de poder de EEUU, concretamente del trumpismo y de su Dictadura Hegemonista Mundial.

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Unas elecciones bajo la sombra de la ofensiva trumpista en América Latina

La injerencia del trumpismo en este proceso electoral está siendo tan flagrante y descarada que está siendo investigada por la Policía Federal de Brasil, tras recibir una denuncia presentada por la Abogacía General del Estado, a raíz de una investigación periodística del periódico británico The Guardian.

Según el Guardian, el Departamento de Estado de Estados Unidos desvió un millón de dólares del Fondo de Derechos Humanos y Democracia para el programa que para el colmo se llama «Combate al Lawfare y a la Censura en Brasil», y que en realidad está destinado a financiar redes y organizaciones en territorio brasileño, para interferir en el debate político y «desestabilizar y atentar contra la institucionalidad del Poder Judicial brasileño». Hay que recordar que, sorpresivamente y en medio de la campaña electoral, el juez del Supremo que juzgó y condenó a Jair Bolsonaro -Alexandre de Moraes, considerado aliado de Lula- se ha vuelto envuelto en un escándalo de corrupción con olor a prefabricado.

Hay más. A tres días de acabar la campaña y sin dar ningún tipo de explicaciones, Meta desactivo la cuenta oficial de la campaña de Lula, impidiendo la creación y difusión de nueva publicidad electoral en Instagram y Facebook.

La injerencia del trumpismo en este proceso electoral está siendo tan flagrante y descarada que está siendo investigada por la Policía Federal de Brasil

Días antes, en su discurso ante la Asamblea General de la ONU, Lula había advertido que Brasil no permitiría que los enemigos de la democracia, internos o externos, socavaran la voluntad popular. El PT, de hecho, ya venía denunciando ante la Corte Suprema brasileña presuntos vínculos entre Rockbridge Network —un grupo ligado al vicepresidente de Estados Unidos, JD Vance— y sectores que apoyan la candidatura de Flávio Bolsonaro. Un indicio más de la interferencia externa del trumpismo en plena campaña.