SELECCIÓN DE PRENSA NACIONAL

Extrapolaciones

Las elecciones se dirimen en las urnas y se vuelven a perder o a ganar cuando se valoran los resultados. Con el arte de la declaración nocturna se puede agrandar una victoria o mitigar una derrota. Y viceversa. La noche del pasado domingo, el PSOE consiguió exagerar su resultado en Andalucía, mientras que el Partido Popular facilitaba la lectura más negativa de sus pésimos resultados.

Susana Díaz hizo una triunfal bajada de escaleras que me hizo recordar un programa de televisión de los años sesenta, presentado por José Luis Barcelona y Mario Cabré, que se llamaba Reina por un día. De entre miles de aspirantes, el programa seleccionaba una mujer e intentaba cumplimentar los deseos que había expresado por carta: reencontrar un familiar, un viaje, un electrodoméstico (en los sesenta, la nevera y la lavadora eran verdaderos objetos de culto popular). La ganadora subía unas escalinatas, se sentaba en un trono y reinaba en Miramar.

La escena susanista de la escalera tuvo un punto de exageración y fue también la expresión de un sueño. Me ha salido bien y os vais a enterar. Ya tengo una victoria electoral en el bolsillo. Voy a mandar en Andalucía y más adelante intentaré mandar en España. Mensaje inequívoco. El poderío del socialismo andaluz en una compleja fase de reajuste de toda la política española.

El PSOE ejecutó muy bien la explotación del éxito, pese a que sus resultados, leídos fríamente, presentan más de un claroscuro. El Partido Socialista sigue perdiendo votos en Andalucía, pese a su indiscutible hegemonía. Esta vez ha perdido 118.000 sufragios en relación con los comicios de hace tres años, en los que estuvo en un tris de perder la presidencia de la Junta. Con la que está cayendo, no está nada mal, puede argumentarse en sentido contrario. El PSOE parece compensar el desgaste por los casos de corrupción que le acechan -ayer mismo, 16 ex altos cargos socialistas de la Junta fueron detenidos por orden de la juez Alaya- con su indiscutible centralidad en el tablero andaluz. La CiU del Sur. No son pocos los empresarios y profesionales que en esta ocasión han votado a Susana Díaz para evitar que el PSOE quedase en manos de Podemos. Si tomamos como referencia las elecciones europeas de mayo del año pasado, veremos que el Partido Socialista se mantiene anclado en Andalucía en el 35% del voto emitido. La presidenta Díaz ha triunfado en la medida que podía haberse descalabrado.

Juan Manuel Moreno Bonilla apenas podía disimular la conmoción el domingo por la noche. Con su nombre en los carteles, el Partido Popular ha perdido más de medio millón de los votos que cosechó hace tres años Javier Arenas Bocanegra. Una catástrofe. Moreno aguantó el chaparrón con dignidad -ese hombre no es un demagogo- y en la dirección del partido en Madrid nadie tuvo la valentía de dar la cara. Hicieron salir al bachiller Casado, un profesional de las tertulias que habla muy deprisa. Un peso pluma incapaz de intentar dar la vuelta a la lectura de los resultados, señalando que el PP ha mejorado un poco su porcentaje en Andalucía con relación a las europeas, momento en el que eclosionó en toda España la actual animadversión a la política convencional. La comparación con 2012 es del todo pertinente, por supuesto, pero no se puede pasar por alto que el partido de Mariano Rajoy se hallaba entonces en la cima y era factor de cambio. El PP ha envejecido estos días y acude a las elecciones locales y regionales de mayo con cara de perdedor.

Ciudadanos supo agrandar muy bien sus nueve diputados andaluces. Exultante, Albert Rivera se consagraba como la estrella ascendente de la temporada de primavera-verano.

Podemos hizo algo distinto. Podemos dejó sola a Teresa Rodríguez, victoriosa en Cádiz, fuerte en el área metropolitana de Sevilla y floja en la Andalucía rural. Lo más significativo de su resultado andaluz es su poca uniformidad. Podemos aparece como el nuevo partido de las periferias urbanas más castigadas por la crisis. El 29% en Cádiz es muy relevante, pero el crucero Aurora no ha disparado desde el Guadalquivir los cañonazos de la Revolución. Pablo Iglesias aprovechó la noche mediática para anunciar la ruptura con su novia, Tania Sánchez. Una manera muy posmoderna de tomar distancias con un resultado que no le gusta.